Cómo evitar una cesárea innecesaria

LIBRO RECOMENDADO

Cómo evitar una cesárea innecesaria 

Ponerse en manos de un buen profesional, contar con apoyo, así como rechazar algunas prácticas, pueden ayudar a esquivarla.

Henci Goer

26 de julio de 2018, 07:00 | Actualizado a

El siguiente artículo forma parte del texto adaptado del recomendable libro de Henci Goer Guía de la mujer consciente para un parto mejor (Ob Stare)

En 1970, la tasa de cesáreas en Estados Unidos permanecía en el 5%; en 1980 se había triplicado, y en 1983, una de cada cinco mujeres estadounidenses daba a luz mediante cirugía mayor. La tasa no ha descendido aún por debajo de esta cifra.

Algunos hospitales realizan cesáreas a más de un tercio de sus pacientes obstétricas y en unos cuantos hasta la mitad de ellas da a luz quirúrgicamente. La cesárea es la operación de cirugía mayor que con más frecuencia se realiza en Estados Unidos, donde la tasa nacional ya está en el 30%. Dentro de la Unión Europea, España tiene una de las tasas de cesáreas más altas: más de un 23% para los hospitales públicos, y del 31% en la medicina privada.

No es posible que una persona objetiva se crea que casi una de cada tres mujeres embarazadas necesita cirugía mayor para dar a luz de forma segura a un bebé sano. Los expertos estiman que la tasa nacional podría reducirse a la mitad sin ningún riesgo, lo que significa que, como mínimo, casi medio millón de mujeres sufren cesáreas innecesarias cada año. En comparación con el parto vaginal, la cesárea conlleva un incremento sustancial del riesgo de muerte y lesiones irreversibles, tiene un coste físico y emocional, y proyecta una sombra sobre el futuro reproductivo de la mujer.

¿Qué determina el dar a luz por cesárea?

La realidad es que muy pocas cesáreas se hacen por motivos unánimamente aceptados, como por ejemplo cuando la placenta cubre el cuello del útero. La mayoría se hace por razones que dependen del criterio personal o la filosofía particular del asistente. En E.E.U.U. dos tercios de las cesáreas se hacen por falta de progresión del parto o, simplemente, porque el parto anterior también fue por cesárea. Otro 10% se hace por sufrimiento fetal. La presentación de nalgas -el niño presenta las nalgas, las rodillas o los pies hacia la pelvis materna- es la causa del otro 10%, más o menos, y los niños prematuros y los gemelos contribuyen con otro porcentaje. De esta forma, excepto aproximadamente el 10%, las cesáreas se hacen por causas cuyo diagnóstico y tratamiento varía enormemente de un lugar a otro y de un facultativo a otro.

Conseguir unas cifras sensatas

La investigación muestra que hacer cesáreas de rutina en esos casos no mejora los resultados. Entonces, ¿cuál es la tasa razonable?

Hace casi una década, la Organización Mundial de la Salud (OMS) concluyó que, puesto que en los países con algunas de las tasas de mortalidad perinatal más bajas del mundo la tasa de cesáreas era de menos del 10% no existía justificación alguna para que ninguna región del mundo tuviera una tasa superior al 10-15%.

El doctor Edward Quilligan, durante mucho tiempo redactor jefe del American Journal of Obstetric and Gynecology, calculó que, según con el porcentaje de ocurrencia de determinadas complicaciones del parto, la tasa de cesáreas debería rondar entre el 8% y el 17,5%, dependiendo de la proporción entre pacientes de alto y bajo riesgo.

Sin embargo, varios hospitales de EE.UU. que atienden principalmente a mujeres de alto riesgo y bajo nivel económico han sido capaces de mantener la tasa de cesáreas entre el 10% y el 12% sin detrimento de los resultados neonatales. Uno de ellos ha mantenido su tasa por debajo del 10%, lo que sugiere que el máximo de Quilligan es exagerado.

Los autores de la Guía de cuidados apropiados durante el embarazo y el parto, un resumen de las conclusiones de los estudios en curso de la mejor investigación médica, observaron que los resultados mejoran poco cuando la tasa de cesáreas se eleva por encima del 7% aproximadamente. Unos investigadores británicos realizaron una estimación similar a la del Dr. Quilligan y también concluyeron que la tasa nacional de cesáreas debería rondar el 7%.

Considerando todas estas opiniones en su conjunto, la tasa adecuada de cesáreas debería permanecer en torno al 10% o unos puntos por encima.

Así es el procedimiento

Pero ¿cómo es una cesárea?

Las enfermeras te pondrán una vía intravenosa en caso de que no tenga una ya puesta. La mayoría de las cesáreas se hacen con anestesia epidural. Si ya la tienes puesta, el anestesista la reforzará de forma que quede insensible del esternón para abajo.

Las enfermeras te afeitarán el vello púbico que quedaría expuesto si tuviese las piernas cerradas y te insertarán un catéter en la vejiga. Sobre la mesa de operaciones, te lavarán el vientre con antiséptico. El personal te colocará una pantalla de tela sobre el pecho que te impedirá ver el campo operatorio.

Normalmente, la operación dura una hora.

Salvo raras excepciones, se hará un corte horizontal de unos 10 centímetros justo por encima del hueso púbico. Es preferible el corte horizontal porque produce una cicatriz mucho más resistente. Sin embargo, en algunas ocasiones, como por ejemplo cuando la placenta tapona el cuello del útero, la incisión se hace verticalmente.

Sentirás tirones y estiramientos pero no dolor, algo parecido a cuando te quitan un diente. Las manipulaciones pueden provocarte mareos. El útero y las capas internas de tejido se cerrarán con puntos de sutura. La incisión en la piel puede cerrarse con puntos de sutura convencionales, grapas o, incluso, tiras de esparadrapo.

Valorar los pros y los contras

Es evidente que la cesárea tiene beneficios: permite extraer al bebé cuando el parto vaginal pondría en peligro la vida de la madre o del propio bebé, o cuando la madre no puede dar a luz vaginalmente. Pero también comporta sus riesgos.

El dolor, la debilidad y un período de recuperación más largo son intrínsecos a la cesárea. Todo ello influye en el establecimiento del vínculo con el bebé y de la lactancia materna.

En un estudio, una cuarta parte de las mujeres dijo sentir dolor al ser entrevistadas dos semanas después de su cesárea, y el 15% dijo tener dificultades en tareas normales tales como bajar de la cama, caminar, inclinarse o levantar y cuidar al bebé. Una de cada 10 aún tenía problemas transcurridas ocho semanas. Algunas de las complicaciones de la cesárea atañen sólo a la cirugía y nunca ocurren en el parto vaginal. De las presentes en los ambos casos, todas suceden con mayor frecuencia en el nacimiento por cesárea.

En la operación, las mujeres con anestesia epidural o intradural pueden sentir dificultades respiratorias si el anestésico sube lo bastante como para afectar a los músculos implicados en la respiración.

En algunos casos, pueden sentir zonas en las que la anestesia no hace efecto. Pueden presentarse hemorragias y complicaciones derivadas de la anestesia. De acuerdo con un estudio bibliográfico, entre el 1% y el 6% de las mujeres pierde sangre como para necesitar una transfusión, y a veces hay que hacer una histerectomía para detener la hemorragia.

Un estudio de revisión de las historias clínicas generadas en un hospital durante 10 años reveló que en el 10% de los casos se produjeron daños en el útero.

Otro problema son las complicaciones posoperatorias. Según el estudio bibliográfico mencionado anteriormente, el porcentaje de infecciones como consecuencia de una cesárea está entre el 8% y el 27%. Cerca del 33% de las madres que da a luz por cesárea experimenta complicaciones menores tales como fiebre, hemorragias, hinchazón por acumulación de sangre, daños en el tracto urinario o infección uterina, trombos en las piernas, parálisis intestinal o parálisis en la vejiga. Además, existen complicaciones a largo plazo y de carácter crónico derivadas de las adherencias del tejido cicatrizal, como dolor pélvico, problemas digestivos y dolor durante las relaciones sexuales.

¿Y para el bebé?

Los bebés nacidos por cesárea tienen más posibilidades de tener problemas de salud. Al estudiar a 700 bebés de peso normal nacidos con baja puntuación Apgar tras embarazos sanos, los investigadores descubrieron que los nacidos por cesárea electiva tenían un 50% más de probabilidades de tener una puntuación Apgar baja que los nacidos por parto vaginal.

Las cesáreas también aumentan la incidencia de dificultades respiratorias. Los investigadores compararon los resultados de 800 bebés nacidos por cesárea por razones ajenas a su salud con 10.900 partos vaginales de bajo riesgo. Entre los niños nacidos por cesárea hubo un 33% más de ingresos en unidades de cuidados especiales o intensivos (2,6% frente a 8,7%) y la necesidad de respiración asistida se multiplicó por cinco.

Un reto todavía mayor

Las mujeres que han sufrido una cesárea comienzan la maternidad con una gran desventaja psicológica. Se enfrentan a la recuperación de una cirugía mayor mientras intentan cuidar de un recién nacido y deben, además, soportar o suprimir gran cantidad de sentimientos negativos que emanan de pasar por una cirugía mayor y haber necesitado una operación para dar a luz.

Además de los naturales sentimientos de disgusto, enfado, frustración o tristeza por la pérdida de la experiencia que esperaban tener del nacimiento, algunas mujeres también se sienten desfiguradas. Es más probable que aparezca la depresión, y los problemas psicológicos que producen con frecuencia tensiones en la relación conyugal.

Por último, la cicatriz supone un riesgo considerable para los embarazos y partos posteriores. La cesárea aumenta el riesgo de infertilidad y embarazo ectópico o la posibilidad de que la placenta se desprenda antes del parto. Además, la existencia de tejido cicatricial en la pelvis hace que cesáreas subsiguientes sean más dificultosas técnicamente.

Cómo evitar una cesárea innecesaria

Ponerse en manos de un buen profesional, contar con apoyo, así como rechazar algunas prácticas, pueden ayudar a esquivarla.

  • Elige un asistente con una tasa de cesáreas baja y un alto porcentaje de éxito en partos vaginales después de cesárea (PVDC). Teniendo en cuenta el consenso que la tasa de cesáreas debería rondar el 10%, y dando un generoso margen, la tasa de cesáreas de un médico debería ser del 15% o menos, y la de una comadrona que atienda a mujeres de bajo riesgo, sustancialmente inferior. La tasa de éxito del PVDC debería ser de al menos un 70%.
  • Escoge un profesional que tenga en cuenta los aspectos emocionales y psicológicos del embarazo y parto. El modelo médico dominante ve el parto como un proceso estrictamente mecánico y no reconoce la posibilidad de que las circunstancias personales de la madre y sus experiencias pasadas influyan en su progresión.
  • Aborda tu bagaje psicológico. No hacerlo podría impedirte tomar decisiones acertadas y obstaculizar el parto. El bagaje psicológico incluye circunstancias tales como haber sufrido abusos, una experiencia anterior de parto traumático, miedo insuperable al trabajo de parto o a parir, o un miedo desmedido a perder el control. Tu comadrona o el profesor de preparación al parto pueden ser de gran ayuda en este sentido. Contrata a alguna profesional, por ejemplo una doula, que te preste apoyo emocional durante el parto y el posparto.
  • Finalmente, no programes una cesárea de repetición, rechaza una cesárea programada por tener un bebé grande, sigue los pasos adecuados para rotar un bebé de nalgas, plantéate la opción del parto vaginal de nalgas, plantéate rechazar los controles prenatales de bienestar fetal, plantéate rechazar la inducción del parto por haber superado la fecha estimada de parto o haber roto aguas, rechaza el control electrónico fetal continuo, rechaza la rotura rutinaria de la bolsa amniótica, rechaza la cesárea por parto lento o no progresión del parto antes de los cuatro centímetros de dilatación, evita la epidural, y muéstrate activa durante el parto.

Para saber más

Henci Goer es licenciada en biología, ha sido educadora prenatal acreditada del Método Lamaze y ha trabajado profesionalmente como doula durante más de 20 años. Es una autora esencial en el campo de la obstetricia. Especializada en temas relacionados con el parto, todos sus artículos y libros están escritos desde una perspectiva basada en la evidencia.