"Todavía se tumba a las mujeres para dar a luz"

ENTREVISTAMOS A JESUSA RICOY

"Con todo lo que se sabe, todavía se tumba a las mujeres para dar a luz"

El esfuerzo de asociaciones y profesionales por devolverle el poder a la mujer en su parto no se hará efectivo hasta que no se produzca un cambio profundo de consciencia.

Isabel Fernández del Castillo

10 de enero de 2018, 09:54 | Actualizado a

Entrevistamos a Jesusa Ricoy, matriactivista, madre de dos hijos y de una hija -dos de los cuales nacieron en casa-, reside en Londres, donde trabaja en el National Childbirth Trust como profesora antenatal. Ha fundado la red de apoyo a las mujeres 3Colours y forma parte de varios movimientos, entre ellos La Revolución de las Rosas, el cual defiende los derechos de las embarazadas durante el parto.

Te defines como "matriactivista". ¿Qué significa?

Activista matriarcal. Una persona que defiende el reconocimiento y el derecho a experimentar y reintegrar socialmente los procesos fisiológicos femeninos, entendiendo que las mujeres en ocasiones paren y lactan, y además son cíclicas. Nada de ello es motivo para apartarnos o discriminarnos. Es más, la verdadera inclusión social de nuestro género debería incorporar nuestra experiencia fisiológica.

¿Cómo definirías la violencia obstétrica y de qué modo está presente, o no, en la atención al parto convencional?

Es un tema complejo, pero, resumiendo, diría que es un abuso de poder que, como ya ha reconocido recientemente la Organización Mundial de la Salud, puede ocurrir en el campo de la ginecología y la obstetricia. Además, este se cimenta en una cultura de parto que promueve una visión mediatizada, patológica y machista, junto con toda una construcción social en la que la mujer, su cuerpo y su fisiología son secundarias.

¿Es algo consciente en las personas que lo ejercen o lo sufren?

No, no siempre se detecta, puesto que está muy normalizada. Por lo general, a las mujeres les afecta esa misma cultura, de ahí que, en ocasiones, el abuso no sea percibido como tal. Otras mujeres, en cambio, entienden instintivamente que fueron sometidas o silenciadas en sus opiniones, o que no se tuvieron en cuenta sus deseos y derechos, pero no siempre encuentran apoyo, sino que a menudo se encuentran con una sociedad que las silencia y que justifica el abuso bajo la frase: "Lo que importa es que el bebé está bien".

Formas parte de La Revolución de las Rosas. ¿En qué consiste?

Pues es un movimiento espontáneo creado por mujeres que han sufrido violencia obstétrica. Está apoyado por profesionales, asociaciones e individuos que entienden que estamos ante un problema de todos y que, por lo tanto, es tarea de todos hacerlo visible para poder generar un cambio. También formo parte, junto con la psiquiatra Ibone Olza, la abogada Francisca Fernández, la matrona Lorena Berdún y la ginecóloga Charo Quintana, del Observatorio de Violencia Obstétrica, creado por la asociación El Parto es Nuestro como fruto de la toma de consciencia por parte de cada vez más sectores de la sociedad. Y no me puedo olvidar de Birth Crisis, que ha influido mucho en mi trabajo.

¿Qué es Birth Crisis?

Es una organización que presta escucha y apoyo a mujeres que han sufrido violencia obstétrica. Yo colaboro como voluntaria escuchando a mujeres que la han sufrido y no tienen dónde hablar.

Y en España, ¿cómo valoras que se está viviendo esta situación?

Gracias al esfuerzo de asociaciones y profesionales, hay un gran empuje por cambiar, aunque requerirá esfuerzo, tiempo y un profundo cambio de consciencia. Llevará tiempo ver los frutos a gran escala.

¿Se puede hacer algo para estimular este cambio?

Claro que sí, todo ayuda: esta entrevista, la matrona que lucha por proteger el espacio y los deseos de las familias, la mujer que reclama sus derechos y la pareja que se involucra... Hay muchas maneras de generar un cambio, pero, para mí, lo que está claro es que los profesionales tienen que asumir responsabilidades.

A estas alturas, con todo lo que se sabe, y a pesar del camino ya recorrido, todavía se tumba a las mujeres para dar a luz, se las infantiliza, se les estimula el parto, se hacen episiotomías sin razón alguna, se les realizan presiones uterinas y también faltan opciones analgésicas.

¿Qué recomendarías a las mujeres que tienen que parir en el sistema convencional? ¿Cómo pueden conseguir tener una experiencia positiva?

Realmente, las mujeres no son las que deberían tomar precauciones, la ley en Europa dejó claro que las mujeres tienen el derecho a decidir sobre sus partos y a recibir una atención humanamente respetuosa y científicamente actualizada.

Pero, lamentablemente y dado que no todos los profesionales están dispuestos a devolver el control que pertenece a la mujer, sí que puede ayudar informarse sobre los protocolos, pedir estadísticas de intervenciones, preguntar...

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