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Parto natural

Dar a luz en casa, ¿es seguro? Mitos y realidades

Recibir al bebé en la intimidad del hogar, no solo garantiza tener un parto respetado sino que también favorece el establecimiento de la díada madre-hijo. Pero, para poder disfrutar de esta opción, deben cumplirse ciertas condiciones.

Ascensión Gómez

2 de febrero de 2017, 15:53 | Actualizado a

Cuando me preguntan por qué dar a luz en casa, yo respondo: “¿Y por qué no? Es una opción como otra cualquiera”. En países como Holanda, Reino Unido, Dinamarca y otros muchos, para una mujer sana parir en casa entra dentro de las opciones cubiertas por la sanidad pública o por los seguros privados. De hecho, se puede elegir entre la propia vivienda, una casa de partos (Birth Center) o el hospital, y hay que tener una buena razón para medicalizar este proceso natural.

Las mujeres trabajan su plan de parto junto con las matronas desde el embarazo, y eligen de entre las diferentes alternativas aquella que mejor se adapta a sus necesidades.

Desterrando mitos sobre el parto en casa

Gobiernos como el de Canadá, o documentos de referencia en cuanto a actuaciones durante el parto basadas en la evidencia científica como la Guía NICE (Reino Unido), recomiendan dar a luz en casa –siempre que se cumplan determinados requisitos– porque produce menos morbilidad (daños colaterales a las intervenciones médicas) y es más satisfactorio para las mujeres, además de ser económicamente mucho menos costoso que el parto hospitalario.

Pero hay que desmitificar el parto en casa en Europa. Se dice, por ejemplo, que hay una ambulancia en la puerta. Esto es absurdo y falso. En primer lugar, porque un parto normal no la necesita, ya que si fuera así, todos los pequeños hospitales comarcales con maternidad de este país también deberían tener una ambulancia en la puerta, y sabemos que esto no ocurre. Y, en segundo lugar, porque disponer de una ambulancia medicalizada y con un equipo sanitario –puesto que si no no sirve para nada– es un gasto inasumible e inútil, ya que solo se usaría de forma urgente en menos de un 2% de los casos.

En cambio, sí es necesario descartar la asistencia en el domicilio de los partos susceptibles de derivar en emergencia, tener un sistema sanitario de urgencia eficaz que pueda ser movilizado en solo unos minutos, así como que la distancia entre la casa y el hospital sea prudente.

En España, el parto en casa no está cubierto por la sanidad pública ni por los seguros privados, de manera que la única forma de hacerlo es pagándolo del propio bolsillo. Asimismo, tampoco está regulado, a pesar de que hasta los años 70 formaba parte de la oferta de la sanidad pública. Solo Cataluña lo reconoce como actividad sanitaria independiente. Pero aun así, entre las competencias profesionales de las matronas sí se recoge la capacidad de las mismas para atender nacimientos en casa. Por otro lado, no hay que olvidar que es un derecho fundamental de las mujeres el poder elegir dónde y con quién quieren parir, y que nadie puede obligar a una mujer sana a dar a luz en un hospital si no lo desea.

Todo lo que se requiere para dar a luz en el hogar

Dejando a un lado los aspectos legales, parir en casa es una decisión que se debe tomar de forma consciente y muy meditada. No es una moda. Y no todas las mujeres pueden hacerlo, al menos con la seguridad que avala la evidencia científica, la cual viene dada por cumplir los siguientes requisitos:

  • Que la mujer esté sana y que el embarazo haya seguido en todo momento los controles establecidos, así como que los resultados de los mismos estén incluidos dentro de los criterios de normalidad.
  • Que el parto se produzca entre la semana 37 y la 42 de la gestación.
  • Que sea un embarazo único (no múltiple) y que la presentación del bebé sea cefálica.
  • Que el domicilio esté situado, como mínimo, a menos de 30 minutos de un hospital.
  • Que en la casa haya agua corriente, calor y unas condiciones higiénicas mínimas.
  • Que el parto sea asistido por profesionales capacitados y formados en la asistencia domiciliaria.

Cuando hablamos de “seguridad” en términos de actuaciones sanitarias, nos estamos refiriendo a que las probabilidades de tener ciertas complicaciones estén dentro de unos márgenes establecidos previamente. Por ejemplo, en los estudios comparativos de mujeres que han parido en casa (con las condiciones antes mencionadas) y las que han dado a luz en un hospital, se miden tanto las tasas de morbilidad y mortalidad (materna y neonatal) como las de complicaciones (hemorragias, distocias...). En estudios amplios realizados en varios países se ha comprobado que la mortalidad perinatal es prácticamente la misma en ambas circunstancias, incluso ligeramente más baja en los partos domiciliarios.

Sin embargo, las tasas de cesáreas, partos instrumentales, episiotomías y otras intervenciones son significativamente más bajas en casa que en los centros hospitalarios, y si se compara a los profesionales que atienden este proceso, son más bajas cuando los partos son atendidos por matronas experimentadas que por médicos. ¿Y por qué? Pues porque los partos en casa tienen lugar en un ambiente mucho más tranquilo, donde hay más intimidad, y sobre todo porque se desencadenan de forma natural y evolucionan siguiendo su propio ritmo, así que por una cuestión de probabilidad también es más fácil que terminen dentro de la más absoluta normalidad.

Y ante la más mínima duda, si algo no es fisiológico y hay que intervenir en el proceso, se traslada a la mujer al hospital y se termina en un entorno que dispone de más medios para practicar intervenciones si son necesarias.

En caso de emergencia

Aunque las matronas que atienden en casa cuentan con un equipo de emergencia y están preparadas para actuar en caso de imprevistos, su principal función es acompañar, vigilar y detectar precozmente los contratiempos para evitar que se presenten posibles complicaciones, las cuales no son ni tan frecuentes ni tan repentinas como siempre nos parecen desde fuera, es decir, un parto no va estupendamente y de forma inesperada sobreviene la catástrofe (hablamos de partos normales, de mujeres sanas, embarazos controlados y sin intervenciones externas que puedan alterar la fisiología).

Cuando un parto empieza a dar señales de que algo no va del todo bien –una alteración leve de la frecuencia cardiaca del bebé, un líquido teñido, unas contracciones que no siguen un ritmo o que cambian de repente sin motivo aparente–, es el momento de valorar la posibilidad de un traslado para que no se tenga que hacer de forma urgente. La mujer estará informada de lo que vaya aconteciendo y el modo de actuar se valorará en función de cada situación en particular.

Sin duda, este es el tema que primero plantean las mujeres y sus parejas cuando piensan en la posibilidad de un parto en casa: ¿Será seguro? ¿Y si hay una emergencia?

No es como nos cuentan en la tele

Otra pregunta que se suelen hacer muchas personas es si la casa se llena de sangre. Pues no, normalmente no. La imagen del parto de las películas en el que sale agua a chorros y sangre por todas partes es eso, ficción. Un parto normal, sin intervenciones, no es sangriento. La mayoría de las mujeres que dan a luz en la intimidad de su hogar no tienen desgarros graves ni se les practica episiotomías, con lo cual la sangre sale con el alumbramiento de la placenta y en la cantidad justa, que en todo caso es mucho menor que con un corte de la vagina (episiotomía). Es suficiente con un par de empapadores, y después se usan compresas, como en cualquier parto.

Resumiendo, dar a luz en casa no es algo que se pueda decidir a la ligera, sin control y sin seguimiento. Tampoco requiere una ambulancia en la puerta ni llenará de sangre el espacio en el que se produzca. El parto en casa es una opción segura y libre, que toma una mujer (y su pareja si procede) de forma informada y consciente, contratando los servicios profesionales de una matrona o un equipo profesional, aunque solo se llevará a cabo si el embarazo es único y ha seguido los criterios de normalidad toda la gestación, y si se inicia de forma espontánea entre la semana 37 y la 42. Entonces, lo más normal es que termine sin intervenciones ni ayuda farmacológica.


Preparativos


Una decisión consciente e informada

Si estás pensando en tener a tu hijo en tu propio hogar, es importante resolver todas las dudas antes de tomar una decisión. Aun así, las primeras visitas durante el embarazo le servirán al profesional para saber si esta opción es segura o es preferible decantarse por un hospital.

  • El parto en casa ni siquiera se plantea cuando no es posible garantizar la seguridad de la madre y del bebé. Esto ocurre, por ejemplo, cuando el parto se desencadena antes de la semana 37 o después de la 42, si la madre o el bebé sufren alguna enfermedad...
  • Conocer la experiencia profesional de la persona elegida para atenderte también es importante, así como saber si existe algún motivo que pueda impedirle estar el día del parto, si trabaja sola o en equipo (en ese caso debes conocer a todos los miembros), cuáles son sus honorarios (suelen rondar entre los 2.000 y los 2.500 €) y qué incluyen, etc.
  • La matrona te indicará el material que puede necesitar (empapadores, compresas...) y juntas plantearéis todas las situaciones posibles: quién estará contigo, a qué hospital acudir en caso de traslado (se producen un 10%), a quien avisar en ese caso...
  • Hablar con otras mujeres que ya hayan parido con tu matrona puede ayudarte, porque conocer a la persona o personas que te asistirán, tanto a nivel profesional como personal, te aportará una necesaria tranquilidad.

Aliviar el dolor sin fármacos

Por lo general, el modo de atender un parto es diferente si este tiene lugar en casa o en el hospital. Con el tratamiento del dolor ocurre lo mismo.

Hay una pregunta inevitable a la hora de planear un parto en casa: ¿Llevan algo para el dolor? Si ese “algo” se refiere a un medicamento, la respuesta es no. En cambio, si la cuestión es qué se hace para aliviar el dolor, la respuesta es otra.

  • El dolor es una percepción subjetiva que cada una vive y expresa de forma diferente. Las matronas ofrecemos muchas herramientas para aliviarlo sin necesidad de recurrir a los fármacos. Masajes, acompañamiento emocional, calor, determinados movimientos, pero, sobre todo, el uso del agua caliente, que tiene un efecto calmante y relajante, son algunos ejemplos.
  • En casa se puede usar la ducha, la bañera o la piscina de partos portátil que tienen muchas matronas. Se monta antes del parto y necesita agua caliente en abundancia (los termos eléctricos de hasta 100 litros se quedan cortos), ya que su temperatura debe mantenerse entre los 36 y los 37 °C, y normalmente la capacidad de las piscinas varía entre 200-300 litros.
  • Además, hay que tener en cuenta que estar tranquila, relajada, en intimidad, con libertad de movimientos... evita generar hormonas del estrés, lo que facilita el parto y disminuye el dolor.
  • Por otro lado, dilatar con la propia oxitocina y no con la suministrada por el gotero también evita experimentar contracciones artificialmente aumentadas y aceleradas, haciendo que el parto sea menos doloroso.

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