"El contacto piel con piel con tu bebé es clave"

ENTREVISTA A NILS BERGMAN

"El contacto piel con piel con tu bebé es clave"

No hay mejor lugar para tu hijo que tu propio cuerpo. Piel con piel, el bebé desarrolla no solo una salud más fuerte, sino también una gran inteligencia.

28 de diciembre de 2017, 07:00 | Actualizado a

Entrevistamos a Nils Bergman, neonatólogo. En 1988, en una maternidad sin incubadoras de Zimbabwe (África), no tuvo más remedio que colocar a los recién nacidos piel con piel con sus madres. Desde entonces se ha dedicado a sentar las bases científicas de los efectos fisiológicos de esta práctica, y viaja por todo el mundo formando profesionales sobre la importancia de no separar a madre e hijo tras el nacimiento.

"El hábitat natural del recién nacido es el regazo de su madre". Esta frase suya representa un modo diferente de cuidar a los bebés. ¿Cómo ha llegado a esta conclusión?

La madre le ofrece al bebé el hábitat apropiado no solo en términos afectivos, sino también biológicos: termorregulación, nutrición, sintonización del ritmo cardíaco y respiratorio...

El cuerpo de la madre regula todos los sistemas del bebé. Para él nada tiene sentido, excepto desde el punto de vista del cuerpo de la madre.

Precisamente porque formamos parte de la especie más inteligente, parece que todo esto sería menos importante. ¿Qué opina?

Cuando nace el bebé, su cerebro experimenta un crecimiento acelerado y comienza a hacer innumerables conexiones neuronales, siempre y cuando las condiciones sean las apropiadas. Pero ese crecimiento cerebral depende del medio, de las experiencias, y para el bebé, el medio es la madre. El contacto con ella es la clave de su desarrollo neuronal, pone las bases de su inteligencia emocional y social, e incluso intelectual en un futuro.

¿Por qué es tan importante el contacto piel con piel inmediatamente después de nacer?

Hay muchísimos motivos por los que es fundamental. El primero es que los niveles de catecolaminas (hormonas del estrés) en el recién nacido son elevadísimos -el pico más alto que una persona alcanza en toda su vida-, ya que son necesarios para hacer frente al nacimiento y a los acontecimientos fisiológicos que tienen lugar en los primeros minutos fuera del útero. Pero el bebé necesita llegar a una "zona segura" para que esos niveles se vayan equilibrando; y esa zona segura es el regazo materno. Cuando los separan, el bebé permanece en estado de alarma y mantiene elevado su nivel de hormonas del estrés. El estrés mantenido es tóxico para su cerebro.

Entonces, ¿cuál sería el contexto ideal para que el bebé disfrute de un desarrollo adecuado?

En las primeras semanas de vida, el bebé que se encuentra en el regazo materno recibe no solo el amor de su madre, sino también los estímulos adecuados para su desarrollo cerebral: el contacto visual con su madre, el tacto, la percepción de su olor, el acceso al pecho a demanda, el movimiento de su cuerpo...

Es un alimento sensorial, son estímulos coherentes entre sí que activan sus neuronas. Y cuando varias neuronas se activan juntas, se conectan. Las conexiones cerebrales que se establecen en esta primera etapa de la vida constituyen el "cableado básico" para el desarrollo de la inteligencia en todos sus aspectos.

¿En qué se puede observar que un bebé ha disfrutado de estas condiciones que explica?

Favorecer un desarrollo neurona saludable se manifiesta tanto en una mejor inteligencia emocional y social como en una mejor salud a largo plazo, así como en una mayor capacidad para gestionar el estrés hasta la edad adulta.

¿Saben esto las madres?

Si tienen la posibilidad de conectar con lo que sienten y dar crédito a su instinto, son capaces de percibir las necesidades de su bebé, sintonizar con él y actuar correctamente. Es la "crianza sintonizada". Además de disponer de buena información y del apoyo del entorno, se ha visto que las madres que mejor sintonizan son las que tienen altos niveles de oxitocina en sangre. Un parto respetado también lo favorece. Y el contacto piel con piel y la lactancia materna aumenta los niveles de oxitocina en ambos.

¿Y qué ocurre con los bebés prematuros que tienen que estar ingresados en incubadoras?

Hay muchos estudios que demuestran que las constantes vitales de estos niños son más estables cuando están piel con piel con su madre. La conclusión es que los bebés prematuros no están en las incubadoras separados de su madre.

¿Difieren las necesidades de estos bebés con las que tienen los nacidos a término?

Las necesidades son las mismas, pero en el caso de los prematuros, el desarrollo cerebral de las últimas semanas tiene lugar fuera del útero, lo que implica que la necesidad de estar en su hábitat natural (el cuerpo materno) es aún mayor.

Parte de las secuelas atribuidas a la prematuridad, en realidad, se deben a la separación.