¿Es necesario aprender a respirar?

PREPARACIÓN AL PARTO

¿Es necesario aprender a respirar?

No. Una mujer de parto no debería concentrarse en nada, ni siquiera en la respiración. Instintivamente, el cuerpo sabe adaptarla a cada situación de la vida.

Blanca Herrera

21 de noviembre de 2017, 22:36 | Actualizado a

Cuando me formaba como matrona, nos enseñaron las “respiraciones en el parto”. Tras mis estudios, inicialmente trabajé sólo como matrona de paritorio, así que no tenía la oportunidad de “enseñar a las mujeres a respirar”. Lo que sí podía era ver cómo hacían las respiraciones durante el parto: “Soplante lenta, soplante rápida, nariz-nariz, nariz-boca, pujos con la respiración contenida”. Me di cuenta de que incluso las embarazadas que más se habían preparado, finalmente olvidaban lo aprendido y respiraban… como podían. A muchas mujeres se les dormían las manos y las piernas –un signo de hiperventilación–, otras se mareaban, y a muchas se les “olvidaban las respiraciones” y se angustiaban tratando de recordar “qué respiración tengo que hacer ahora”. Bien es cierto que algunas otras decían que las respiraciones les habían servido de algo al principio, “hasta que por fin les habían puesto la epidural”.

Gritar, algo mal visto

Hace unos cuantos años leí el libro Parto Seguro. Las autoras, Beatrijs Smulders y Mariël Croon, decían textualmente: “En los años sesenta y setenta (en Holanda claro, en España aún ahora), a las embarazadas se les inculcaba en los cursos de preparación para el parto que durante la dilatación se debían seguir al pie de la letra los ejercicios de técnicas de respiración para poder controlar el dolor. Chillar, armar escándalo y gemir eran considerados como una señal de flaqueza o incluso de nerviosismo y pánico.

En general, a los tocólogos y comadronas no les gustaba que una mujer hiciera demasiado ruido durante el parto.

De una parturienta se esperaba que fuera fuerte y no dijera ni pío al dar a luz. En esos casos, el personal sanitario podría afirmar: “¡Qué bien lo hace señora!” (Os suena de algo, ¿verdad?), mientras que la comadrona de hoy en día más bien pensaría: “Suelte un berrido de una vez señora, y así como mínimo pasará algo” (nuevamente están hablando de Holanda en la actualidad, claro).

Lo mejor es dejarse llevar

Muchas matronas y tocólogos de otros países –y en el nuestro, ya en algunos lugares– se han dado cuenta de que, en muchas ocasiones, que una mujer embarazada emita sonidos y gemidos durante el parto es signo de que el proceso está avanzando, que la mujer se está desinhibiendo, lo que es muy beneficioso para su evolución.

De todas formas, si comprendemos la fisiología del parto, entenderemos por qué razón no es necesario concentrarse en una manera concreta de respirar. En realidad, si entendemos bien la fisiología del parto, no es posible –ni deseable– que una mujer de parto “se concentre” en nada.

Según el Dr. Michel Odent y otros profesionales expertos en la fisiología del parto en mamíferos, para que una hembra pueda parir con normalidad y tranquilidad, el cerebro racional tiene que estar “apagado”. Es el cerebro primitivo el que interviene, permitiendo que la oxitocina se libere de forma natural, desinhibiendo a la mujer y dejando que su cuerpo actúe.

Una mujer que siente miedo, que está en estado de alerta, que se siente observada, que percibe luces fuertes, a la que se le pide que hable o responda a preguntas, no puede desconectar su cerebro racional y, por lo tanto, los niveles de oxitocina endógena caerán y el parto fisiológico normal se detendrá. En ese caso, será necesario recurrir a la medicalización del parto.

Actos contraproducentes

La acción de hacer consciente la respiración, de tomar aire de una forma o de otra, de controlar el modo en que lo hacemos… nos mantiene “atadas a la tierra”, conscientes. Y es probable que así disminuya el dolor, e incluso que desaparezca, porque también disminuirán o detendrán las contracciones.

Pero nada más lejos de lo que impone el cerebro mamífero primitivo, que ayuda a las mujeres a parir de forma fisiológica, natural y normal, sin medicación innecesaria.

Las respiraciones que se enseñaban en la preparación al parto clásica (soplante lenta, soplante rápida, nariz-nariz, nariz-boca, pujos en apnea) tienen su origen en los años 60-70, en un intento por “controlar” el proceso del parto y de “controlar el dolor del parto”. Se partía de los supuestos del condicionamiento clásico (la teoría de los reflejos de Pávlov). La deducción era la siguiente: el dolor se asocia a la contracción; si asociamos la contracción a la respiración, se eliminará el dolor. El problema es que mientras se practican las respiraciones no hay contracciones y, por lo tanto, no hay dolor; luego, la fórmula no funciona.

De todos modos, hay algo que sí parece ser importante: las embarazadas, como todas las personas –hombres, mujeres, jóvenes y mayores, embarazadas o no–, deberíamos aprender a “respirar bien” y aumentar nuestra capacidad respiratoria, reconocer los músculos que utilizamos y cómo nos sentimos. Este tipo de conocimiento viene de la práctica del yoga, que ha demostrado ser muy beneficiosa para relajar la musculatura y aumentar la capacidad respiratoria.

Por regla general, la mujer de parto debería respirar como le resulte más cómodo, intentando no llevar su atención a la forma de respirar ni a ninguna otra estimulación que la haga estar pendiente de algo. De esta forma, su cerebro primitivo se hará cargo del proceso y el parto seguirá una evolución más fisiológica. En cualquier caso, no está de más que la embarazada entrene las diferentes respiraciones durante la gestación para reconocer las sensaciones que las acompañan y ser capaz de buscar qué modo de respirar le resulta más agradable para el parto; desde luego, sin obsesionarse con respirar de una forma u otra.

En la recta final

Por lo que se refiere al período de expulsivo –cuando el cuello del útero se ha dilatado y aparecen las ganas de empujar a nuestro bebé–, hasta hace relativamente poco tiempo se pedía a las mujeres que tomaran todo el aire que fueran capaces y que lo mantuvieran en su pecho mientras empujaban. A esta acción se la llama “pujos en apnea” o “a glotis cerrada”. A parte del hecho de que han demostrado ser perjudiciales para el bebé –porque se oxigena peor– y para el periné de la madre –porque se lesiona más–, también parecen ser menos fisiológicos. De manera instintiva, una mujer realizará los pujos soltando el aire de su cuerpo de manera prolongada –gritando, gimiendo, con voz gutural y profunda– y soltando el aire, de una manera que ayuda a relajar toda la musculatura perineal.

Y lo hará cuando sienta la necesidad de hacerlo, de manera involuntaria.

Es por esta razón que cuando se pedía a algunas mujeres que hicieran pujos en apnea, eran incapaces o sentían que sus cuerpos no respondían.

Sentirse cómoda

Resumiendo, si alguien me preguntara como matrona, y como mujer y madre, si es necesario aprender alguna respiración para el parto, le diría que no. En el parto lo realmente importante es respirar, obviamente, pero respirar como la mujer se sienta más cómoda; permitirse el lujo de gemir, de emitir sonidos guturales, de desinhibirse por completo y de gritar si le apetece… porque eso será una señal de que se está dejando llevar por el parto. Soltando aire, y soltando energía, con su boca bien abierta, el cuello de su útero se irá abriendo y su bebé irá descendiendo por el canal de parto, con cada gemido, con cada contracción, con cada exhalación.

Es necesario aprender (o reaprender) a respirar para vivir. Si tomamos conciencia de nuestra respiración conseguiremos que sea más eficaz. Aprender a respirar y descubrir qué sentido tiene cada respiración nos ayuda a reconocer las sensaciones de nuestro cuerpo y a reconocer cómo nos sentimos en cada momento de nuestras vidas. Pero también es cierto que en cada situación vital, especialmente cuando estamos en una circunstancia especial, el cerebro pone en marcha la respiración más adecuada, y lo hace de forma involuntaria. Por eso no respiramos igual cuando nos relajamos, cuando reímos, cuando jugamos al tenis o cuando tenemos un orgasmo. ¿Deberíamos también controlar la respiración en esas situaciones?


¿Qué tipos de respiración hacemos?

  • Supraclavicular. La de “rescate” en enfermos respiratorios. Se usan los músculos claviculares, se mueve poco aire y se acompaña de un sonido gutural de “ahogamiento”. Tensa y cansada.
  • Torácica. La que generalmente hacemos los adultos en la vida cotidiana. Se mueven los músculos intercostales. Nos ayuda a mantenernos alerta y en tensión.
  • Abdominal. La de los niños y los adultos al dormir. Se mueve el diafragma. Entra más aire y es tranquila, profunda y relajante.
  • Respiración “completa”. Se realizan las tres progresivamente, renueva el aire por completo y nos recarga física y mentalmente.


Oxigenarnos correctamente

  • Conviene practicar cada tipo de respiración de 5 a 10 veces para intentar percibir cómo responde el cuerpo al realizarlas. Hacer consciente nuestra respiración aumenta la capacidad respiratoria.
  • Practicar respiraciones abdominales y notar sus efectos beneficiosos sobre los músculos y el estado emocional nos permite poder utilizarla de forma natural cuando lo necesitemos.
  • En general, inspirar (tomar aire) contrae la musculatura, mientras que espirar (expulsarlo) la relaja. En las respiraciones muy rápidas, y por lo tanto más frecuentes, se intercambia menos aire limpio y oxigenado para nuestros pulmones y nuestras células –y en el caso de una mujer embarazada, para el bebé–.

Trabajar la zona perineal

  • Los diafragmas abdominal y pélvico están muy relacionados. Así, cuando estornudamos, tosemos o gritamos, y movemos bruscamente el diafragma abdominal hacia abajo, el diafragma pélvico lo hace en el mismo sentido; por esta razón, al estornudar o toser se puede escapar un poco de orina.
  • Al ejercitar la respiración también podemos trabajar la sensación de relajación y tensión de la zona perineal. Si hacemos espiraciones profundas y mantenidas, como si inflaramos un globo con todo el aire de los pulmones, o soltamos aire de forma prolongada con un sonido de zumbido de abeja, la zona perineal se relaja y desciende.
  • Durante el parto nuestro periné debería permanecer muy relajado para permitir al bebé descender por el canal sin hallar dificultades por tensión muscular.
  • Si hacemos respiraciones torácicas cortas y frecuentes (como las respiraciones nariz-nariz y nariz-boca), nuestro periné se contrae y asciende con cada inspiración, que en este tipo de respiración es más prolongada que la espiración.

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