Por favor: Una mirada amable, estoy de parto

PARTO RESPETADO

Por favor: Una mirada amable, estoy de parto

Según los estudios, el trato de los profesionales tienen una fuerte influencia sobre el progreso y la vivencia del parto.

Isabel Fernández del Castillo

25 de abril de 2018, 20:19 | Actualizado a

"Una mirada poco amable es suficiente para que una mujer no dilate”, afirma la famosa comadrona Ina May Gaskin en su libro Spiritual Midwifery. Y no es para menos: si en cualquier especialidad médica la relación entre el profesional y la usuaria influye en el estado emocional de la mujer, y por lo tanto en su salud, en el caso del parto puede llegar a condicionarlo completamente. Esto se debe a que el parto no es un “problema” médico que pueda resolverse con un tratamiento, sino un proceso fisiológico saludable perteneciente a la esfera sexual de la mujer y, por consiguiente, fuertemente condicionado por el ambiente, las condiciones en que transcurre o la actitud de las personas que la acompañan.

Todo este juego de influencias tiene una explicación: la principal hormona del parto es la oxitocina, una hormona que produce el organismo en acontecimientos como el parto, la lactancia o la relación sexual, pero que deja de segregarse si la persona está bajo la influencia de la adrenalina. Y la adrenalina se segrega en situaciones de estrés, de miedo, cuando una se siente amenazada, atrapada en una situación penosa, o simplemente observada y sin intimidad.

Por ello, cuando una mujer de parto está tensa, asustada, no se siente respetada o no se tienen en cuenta sus deseos, el conflicto entre la adrenalina y la oxitocina puede tener como consecuencia que el parto deje de progresar.

Redefinición de los roles

Por este motivo, la relación entre la mujer y los profesionales rebasa ampliamente el ámbito de la comunicación o de los derechos, para ser un elemento clave de la atención médica. Hasta tal punto esto es importante, que esta particular relación ha sido objeto de numerosos estudios, y sus resultados, dando lugar a recomendaciones concretas en guías de práctica clínica de renombre internacional, como es el caso de la guía NICE (National Institute for Clinical Excellence) del Reino Unido.

El impacto que la comunicación entre profesional y parturienta tiene sobre el progreso del parto comenzó a ser objeto de estudio desde el momento en que éste dejó de considerarse un evento médico protagonizado por el profesional dentro del cual la mujer tenía un papel pasivo para ser considerado como un proceso fisiológico saludable protagonizado por la mujer y el bebé, con el apoyo del profesional. Todo un cambio de paradigma.

El progreso de la mujer dentro de la sociedad también ha tenido mucho que ver en esta redefinición de los roles, ya que hasta hace muy poco, y todavía en muchos lugares, la relación entre la parturienta y el profesional sanitario médico o matrona ha tenido una naturaleza en cierto modo jerárquica, lo que ha ha hecho que derechos sanitarios que se aplicaban en otras especialidades, como el derecho a la información y a la toma de decisiones, no se aplicaran en obstetricia. De hecho, los países más avanzados en términos de derechos humanos y de derechos de la mujer son también los que tienen sistemas de atención al parto menos medicalizados y centrados en la mujer y el bebé: Noruega, Suecia, Finlandia, Holanda, etc.

Qué nos dicen los estudios

El objetivo de la Organización Mundial de la Salud de desmedicalizar los partos normales, un proceso que comenzó en los años 80, ha dado lugar a numerosas investigaciones sobre las circunstancias que favorecen o entorpecen el progreso del parto, y una de ellas es el factor humano. Así, en los últimos años, muchos países han comenzado a realizar diversas encuestas de evaluación de satisfacción materna en relación a la vivencia del parto como parte de los programas de control de calidad de la atención sanitaria. De estos estudios se han extraído conclusiones muy interesantes sobre la influencia del trato en el resultado del parto. Por ejemplo:

  • Confort y buen trato. En una encuesta realizada a 1.146 mujeres (Green JM 2003) en el Reino Unido un mes antes del parto y seis semanas después, los factores que demostraron ser más importantes para una buena vivencia del parto fueron el confort físico y la actitud respetuosa del personal sanitario.
  • Información, decisión y actitudes. 790 mujeres australianas participaron en una encuesta 8-9 meses después del parto (Brown S 1994). Las principales fuentes de insatisfacción mencionadas fueron la falta de implicación en la toma de decisiones, la falta de información, el exceso de intervenciones obstétricas y la sensación de que el personal sanitario era poco atento. Estas conclusiones fueron corraboradas por un estudio realizado cuatro años más tarde, en 1998, con 1.336 mujeres.
  • El dolor y su percepción. El alivio del dolor durante el parto no da necesariamente la medida de la satisfacción global de la mujer con la experiencia de parir a su bebé, según una revisión de 137 casos realizada por la Dra. Ellen Hodnett (US, 2002). En este sentido, un parto sin dolor puede percibirse como una experiencia satisfactoria o no, teniendo mucha más influencia en esta valoración la actitud y el comportamiento de los profesionales.
  • Epidural y técnicas no farmacológicas. Con el objetivo de valorar la relación entre la analgesia y una buena vivencia del parto, se realizó una encuesta a 592 mujeres a las 24 h y a los seis meses tras el parto. A la mitad se le administró analgesia epidural y la otra mitad recibió apoyo continuo de una matrona y técnicas no farmacológicas de alivio del dolor, como el uso de agua caliente. El grupo de la epidural se mostró satisfecho con el alivio del dolor, pero la satisfacción global fue similar en ambos grupos. En otros estudios, la causa más importante de insatisfacción no se relacionó con el dolor, sino con el parto instrumental.
  • Traumas. En una encuesta realizada en Australia (Creedy DK 2000) a 499 mujeres una vez habían pasado 4-6 meses del parto, el nivel de intervenciones obstétricas experimentados y la percepción de haber recibido cuidados inadecuados fueron los factores que más se asociaron con el desarrollo de síntomas postraumáticos agudos. En su informe Post Traumatic Stress Disorder post-partum, la Dra. Jean Robinson alerta sobre esta realidad que se oculta tras algunos casos de aparente depresión posparto, e insta a trabajar activamente en la prevención.

Recomendaciones profesionales

Todos estos estudios han ayudado a definir qué es una buena relación profesional-usuaria. Así, la Guía NICE inglesa realiza algunas recomendaciones concretas a los profesionales. Por ejemplo:

  • Atención personalizada. Las mujeres y sus familiares deben ser siempre tratados con amabilidad, respeto y dignidad. Las creencias, valores y opiniones de la embarazada, su pareja y los miembros de su familia en relación con la atención o la del bebé debe ser tomada en cuenta y respetada en todos los casos. Asimismo, la gestante debe estar plenamente involucrada en la preparación del lugar del parto y en el control de todo lo que se refiera a su cuidado, de manera que la atención durante todo el proceso sea flexible y adaptada para satisfacer tanto sus necesidades como las de su bebé.
  • Poder de decisión. Las mujeres de parto deben tener la posibilidad de tomar decisiones informadas acerca del cuidado recibido y de cualquier tratamiento que necesiten.
  • Una buena comunicación entre el profesional y la mujer y su familia es esencial, lo que incluye proporcionar información basada en la evidencia por escrito, para poder satisfacer de forma eficaz las necesidades de cada mujer en particular. El cuidado y la información deben ser apropiadas para la mujer, teniendo en cuenta su idiosincrasia cultural. Toda la información que se proporcione debe ser accesible y comprensible para la mujer, su pareja y su familia. Hay que contemplar cualquier necesidad adicional, como por ejemplo, minusvalías físicas, cognitivas o sensoriales, o la imposibilidad de hablar o leer el idioma de uso en el centro.

En cuanto a la comunicación con la parturienta, la Guía NICE recomienda a los profesionales de la salud:

  • Dar la bienvenida a la mujer con una sonrisa, presentarse y explicarle cuál será su labor durante su parto.
  • Mantener una actitud tranquila y confiada, que transmita a la parturienta la seguridad de que todo está yendo bien.
  • Llamar a la puerta y esperar antes de entrar en la habitación de la mujer, respetando su privacidad y su espacio personal, e indicar a las otras personas que hagan lo mismo.
  • Preguntarle cómo se siente y si hay algo en particular que le preocupe.
  • Valorar los conocimientos de la mujer sobre las distintas estrategias para afrontar el dolor y ofrecerle información contrastada sobre distintas opciones para que decida cuál se adecúa mejor a ella.
  • Alentar a la mujer a adaptar el lugar para satisfacer sus expectativas y necesidades.
  • Pedirle permiso antes de realizar cualquier examen o procedimiento, centrándose en la mujer antes que en la tecnología o el papeleo.
  • Al dejar la habitación, el profesional debe hacerle saber cuándo va a volver.
  • Presentar a la mujer a cualquier otro profesional que intervenga en su cuidado, tanto si es necesaria una atención más especializada como si se trata de un simple cambio de turno.

Las claves de una buena comunicación

1. EN PLANO DE IGUALDAD

No puede haber una buena relación entre profesional y usuaria cuando ésta se basa en principios de autoridad, como era habitual antes. La equidad en la relación es esencial

2. DERECHO A DECIDIR

La Ley de Autonomía del Paciente da a la mujer el derecho a recibir información veraz y tomar decisiones informadas sobre todo aquello que le afecte a ella o a su bebé.

3. RESPETO Y DISCRECIÓN

Más allá de los aspectos médicos o legales de la relación profesional-usuaria, la discreción y el respeto en el trato son una parte esencial en la asistencia al parto.

¿Médico o matrona? Una discusión que aún sigue abierta

Las necesidades de las mujeres sanas con partos normales no son las mismas que las de mujeres enfermas o con partos complicados.

Modelos de atención

¿Cuál es el profesional más adecuado para la atención al parto de las mujeres sanas? Éste fue el objeto de una revisión de estudios realizada por un equipo británico en 2008, que abarcó una población de 12.276 mujeres. La revisión se publicó con el título Midwife-led versus other models of care for childbearing women.

Partos menos medicalizados

En los partos atendidos por matronas se constató una reducción en el uso de analgesia regional y una tasa más baja de episiotomías y partos instrumentales. También se incrementaba la posibilidad de ser atendida por una matrona conocida, de sentirse en control del proceso, de tener un parto vaginal espontáneo y de iniciar la lactancia precozmente. No hubo, sin embargo, diferencias en cuanto a la tasa de cesáreas.

Trabajar en equipo

En los países en los que la responsabilidad del parto normal recae en la matrona, la relación entre ésta y el resto del equipo médico no es de jerarquía, sino de colaboración. Cuando un parto se complica o si se trata de un parto de riesgo interviene el obstetra, cuya función es resolver las situaciones complejas.

El valor de la discreción

  • Un estudio realizado por el Dr. Michel Odent constató que en los partos más fáciles y sin intervenciones a menudo la mujer no guardaba un recuerdo demasiado nítido de la matrona que la asistió.
  • La conclusión es que la discreción es una cualidad importante en la matrona, ya que ayuda a la mujer a desconectar su cerebro racional, algo esencial para un parto fluido.

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