"Antes se aislaban para dar a luz"

ENTREVISTAMOS A MICHEL ODENT

"La clave es el cese de la actividad neocortical"

El instinto de las mujeres sabe que un ambiente íntimo y una luz tenue son condiciones ideales para que los mecanismos naturales del parto se pongan en marcha.

Silvia Díez

7 de abril de 2018, 07:00 | Actualizado a

Entrevistamos al Dr. Michel Odent, obstetra. Se lo conoce como el defensor del parto natural —aunque él se define ante todo como un científico—, y a sus 86 años sigue investigando con entusiasmo la fisiología del parto, porque, tal y como demuestran los cientos de estudios que recoge en su página web (primalhealthresearch. com), las vivencias del embarazo y el parto están muy relacionadas con la salud que tenemos en la edad adulta.

¿Qué haría falta para favorecer el desarrollo natural del parto?

Para facilitar la liberación natural de las hormonas del parto -oxitocina, prolactina, endorfinas o melatonina-, en general, la llave reside en conseguir que cese la actividad neocortical.

¿Cómo afecta en este sentido el tipo de luz empleado?

El tipo de luz utilizado en el parto resulta determinante. La melatonina, una hormona que se libera cuando no estamos expuestos a la luz, resulta funda-mental para reducir la actividad cerebral neocortical.

Recientemente se ha descubierto que, además de los receptores cerebrales de melatonina, la mujer tiene unos receptores para la misma en el útero que trabajan de forma sinérgica con los receptores de la oxitocina.

Ambas hormonas se potencian mutuamente, no solo a nivel cerebral, sino también en el mismo útero para estimular la actividad del músculo uterino durante el parto. Así, el tipo de luz utilizado en ese momento resulta determinante porque se ha comprobado que el espectro azul de la luz, el que impera en la mayoría de lámparas de las salas de parto de los hospitales, tiene un poderoso efecto inhibidor de la melatonina.

¿Y qué más interrumpe la inhibición de la actividad neocortical?

Desde que se ha socializado el parto, algo que se inició en la revolución neolítica con la llegada de la agricultura y de la ganadería, los partos se han ido complicando. Así, nos hemos dedicado a ayudar cada vez más. Antes de esa revolución, las mujeres se aislaban para dar a luz, y esa es la clave para hacer fácil el parto y eliminar cualquier estimulación del neocórtex: lenguaje, luz y todo lo que despierta la atención. Por eso, no hay que hablar de ayudar a la mujer a parir, sino de proteger su sistema involuntario para que ningún mecanismo natural quede inhibido.

En los años 70 usteda hablaba de lo importante que era amamantar desde el primer minuto...

El recién nacido necesita el contacto con su madre enseguida después de nacer, y la madre precisa también este contacto inmediato con el bebé para segregar un enorme pico de oxitocina, que le permite expulsar la placenta a través de las contracciones uterinas que provoca.

Fui de los primeros en decir que era necesario poner al bebé cerca del pecho de la madre en la primera hora después de su nacimiento. Ahora se ha demostrado científicamente. Sin embargo, durante los años 70 todas las creencias llevaban a retrasar el amamantamiento, hasta dos y tres días, porque decían que el calostro era nocivo para el bebé: se había sociabilizado el parto.

En cambio, cuando la madre pare sola, ella sabe lo que tiene que hacer de forma instintiva, y lo acerca al pecho inmediatamente. Hoy la Organización Mundial de la Salud recomienda que el amamantamiento se inicie enseguida tras el nacimiento.

¿Es imprescindible sentir dolor a la hora de dar a luz?

Esta es una pregunta complicada. Desde la perspectiva fisiológica, a día de hoy se puede decir que el dolor forma parte del fenómeno natural de parir. La prueba es que la mujer posee toda una serie de mecanismos para compensar este dolor y protegerla del mismo. Cuando se analizan todos los elementos que conforman los mecanismos de protección contra el dolor, se llega a la conclusión de que no se puede eliminar sin que queden afectados otros poderosos mecanismos naturales que forman parte del proceso de dar a luz.

Entonces, uno deja de preguntarse qué puede hacer para eliminar el dolor y opta por buscar la manera de conseguir que los mecanismos de protección contra el dolor sean lo más eficaces posible para facilitar el parto. Y, como ya he comentado, para ello la clave es la reducción de la actividad neocortical.

Dice que no es conveniente que el padre esté en el parto, ¿por qué?

Por regla general, cuantas menos personas haya alrededor de la parturienta, mejor funciona el parto. Digamos que, si un hombre quiere a su mujer, lo más normal es que sufra por ella durante el parto, y por tanto que segregue adrenalina. Y la adrenalina es "contagiosa" e inhibe la liberación de oxitocina, lo que puede complicar el parto, que es lo que suele ocurrir. El parto es una cuestión de mujeres; sin embargo, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX se ha masculinizado.