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Parto natural

Oxitocina, la hormona del amor (también en el parto)

La oxitocina es clave en el parto porque no solo provoca las contracciones: también favorece el establecimiento del vínculo afectivo entre madre e hijo

Blanca Herrera

18 de abril de 2016, 15:28 | Actualizado a

En mi vida profesional he observado que muchos partos de inicio espontáneo suelen empezar por la noche o durante la siesta, porque al estar seguras y relajadas, la oxitocina hace magia, se libera y desencadena el proceso. Entonces comienzan las contracciones, que van ganando ritmo e intensidad, pero al llegar al hospital se detienen. ¿Por qué? Porque para muchas mujeres se trata de un lugar hostil con luces intensas y gente desconocida que rompen el hechizo y aumentan el nivel de alerta. Por lo general, la rutina sigue siendo romper la bolsa y poner oxitocina sintética, frenando la producción de oxitocina endógena, aumentando el dolor y dando lugar a una cascada de intervenciones.

Para mí, la clave se esconde en recuperar la magia. Si transmitimos seguridad y confianza, procuramos un entorno cálido y poco iluminado, y damos apoyo y sostén, las contracciones espontáneas aparecerán nuevamente y el parto seguirá su curso. De hecho, si una mujer ha sido capaz de empezar por sus propios medios, ¿por qué no va a ser capaz de culminar el proceso?

Genética y ambiente, unidos

En la Antigüedad, las diferencias del comportamiento entre hombres y mujeres se buscaban en la morfología del cerebro. Deseaban encontrar una explicación a por qué ellas tenían el instinto maternal más desarrollado, mientras ellos solían ser más agresivos o tenían más habilidades para practicar determinadas actividades físicas. Bajo mi punto de vista, muchas de estas diferencias se deben a las hormonas. Y no es que hombres y mujeres tengan hormonas diferentes, sino que se encuentran en número y combinaciones distintos que, además, van cambiando a lo largo de la vida. Esto demostraría que no somos tan simples, ya que la genética y el ambiente se modifican y se alteran mutuamente.

Calma y estrés, necesarios. La oxitocina los regula

Una de las hormonas más importantes para la mujer es la oxitocina, porque su presencia es esencial para que el parto transcurra con más fluidez. Segregada por la glándula hipófisis, situada en una de las zonas más primitivas del cerebro, es muy delicada y susceptible de ver alterado su funcionamiento a causa de estímulos externos, por eso es importante entender qué ambientes y qué circunstancias favorecen o inhiben su producción. Es conocida como la hormona del amor, pero que este sea maternal, romántico o fraternal dependerá de con qué otras hormonas está asociada. La oxitocina se produce junto a la serotonina en los cerebros de las personas enamoradas, y también en las situaciones en las que estamos relajados y tranquilos, puesto que una de sus funciones es bloquear aquellas hormonas que nos generan intranquilidad.

Tanto el estrés como la calma son necesarios para subsistir. Por un lado, se encuentran la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol, que nos mantienen en estado de alerta y nos preparan para la lucha o la huida; y por el otro, la oxitocina, la dopamina y la serotonina, que nos procuran relajación y calma.

Segregada por la glándula hipófisis, la oxitocina es esencial para que el parto transcurra con más fluidez

Ambos son imprescindibles porque estar en alerta constantemente implica un enorme gasto energético que puede hacernos enfermar –son muchas las patologías causadas por el estrés–, pero vivir en un eterno estado de tranquilidad tampoco sería viable ya que, si estuviésemos amenazados y no respondiéramos a los estímulos del entorno, nuestra vida correría peligro. El equilibrio entre ambos es fundamental.

Una hormona vinculada al enamoramiento

Que la oxitocina tiene efectos fisiológicos hace tiempo que se descubrió: provoca las contracciones uterinas que inician, mantienen y facilitan el parto, provoca la contracción de las células mioepiteliales de la mama que desencadenan el reflejo de eyección de la leche, está presente en el orgasmo de la mujer y del hombre provocando las contracciones del útero y de los órganos genitales masculinos... En cambio, hace relativamente poco tiempo que psicólogos y fisiólogos de todo el mundo se han interesado en analizar los posibles efectos conductuales de las hormonas.

La oxitocina es una de las que más curiosidad despierta porque se la relaciona con todas las facetas del amor humano (el enamoramiento, el deseo sexual, el parto, la maternidad, la crianza, las relaciones...). Y es que la oxitocina envía información a las neuronas de la amígdala, una estructura cerebral relacionada con las emociones y el comportamiento social. Segregamos oxitocina con los besos, las caricias, el contacto con otras personas que nos hacen sentir bien, cuando recibimos un masaje o practicamos alguna técnica de relajación... En definitiva, es una hormona que facilita y predispone para sentir placer.

Su papel más conocido

Como ya hemos comentado, esta hormona del amor juega un importante papel en el parto. Cuando este se desencadena de forma espontánea, la hipófisis genera oxitocina en forma de pulsos, la cual provoca contracciones en el útero que van haciendo que el cuello se prepare, se dilate y, finalmente, ayude al nacimiento del bebé.

Esta hormona ayuda a la mujer a experimentar, dentro del dolor, sensaciones placenteras de fuerza interior

Para que este proceso tenga lugar, existe una importante interacción con otras sustancias y hormonas del cuerpo y sus receptores. Es el caso de unas sustancias llamadas prostaglandinas, que se encuentran en el semen (entre otros tejidos del cuerpo) y ayudan a madurar el cuello uterino. A pesar de que aparezcan contracciones, el parto no se iniciará hasta que el cuello haya madurado porque hasta entonces casi no tiene receptores de oxitocina.

Además, esta hormona ayuda a la mujer a desinhibirse y a experimentar, dentro del dolor propio de este momento, sensaciones placenteras de bienestar y de fuerza interior. Son estas capacidades de hacer olvidar y de suavizar las sensaciones las que hacen que haya mujeres que puedan hablar de partos gozosos. También cabe destacar que favorece el establecimiento del vínculo madre-hijo.

La versión sintética

Descubiertos sus beneficios, a mediados de los años 70 nació en Dublín (Irlanda) un modelo de asistencia al parto orientado a controlar y organizar aquellos que tuviesen lugar en los hospitales. Este método conocido como manejo activo del parto se caracterizaba por recurrir a la oxitocina sintética para estimular el proceso, y se extendió rápidamente en la sociedad industrializada porque respondía al propósito de predecir, controlar e incluso de decidir cuándo nacería el bebé. Sin embargo, la oxitocina sintética es como la verdura de invernadero: carece de algunas de las propiedades que sí tiene la natural. Al no atravesar la barrera hematoencefálica, no impregna el cerebro de las mujeres de parto y, por lo tanto, no favorece el vínculo afectivo entre la madre y su hijo recién nacido.

La oxitocina sintética no impregna el cerebro de las mujeres de parto y no favorece el vínculo con el recién nacido

Otro efecto secundario que origina el uso de la oxitocina sintética es que el dolor de las contracciones estimuladas aumenta considerablemente, lo que ha provocado que cada vez más madres pidan que les administren la analgesia epidural. Este modelo de atención al parto está tan arraigado que muchos profesionales de la salud están convencidos de que sin estas hormonas artificiales no se puede dar a luz.

A veces está indicada

En algunos casos, la oxitocina sintética es una herramienta muy útil, el problema es que muchas veces se usa con mucha ligereza. Según la Organización Mundial de la Salud, no más de un 10% de los partos requerirían ser inducidos o estimulados con oxitocina artificial, y solo por razones médicas justificadas. Para inducir el parto debe haber una razón de peso, ya que el proceso se vuelve más doloroso, aumentan las posibilidades de necesitar anestesia, existen más riesgos de complicaciones y un mayor índice de cesáreas y partos instrumentales.

También se ha generalizado su uso en el posparto inmediato para facilitar el alumbramiento de la placenta y prevenir posibles hemorragias, pero estudios recientes han demostrado que dejar a la madre y el bebé juntos piel con piel, en un ambiente adecuado y sin interferencias, estimula la producción de oxitocina endógena que ayuda a que el útero se contraiga y no sangre. Esto es especialmente intenso cuando el bebé encuentra el pezón y comienza a succionar. Solo después de partos muy lentos o muy acelerados, o de partos gemelares, puede ser necesario inyectar la oxitocina de forma intramuscular o intravenosa para favorecer la contracción del útero y así minimizar las pérdidas de sangre.

Según la OMS, no más de un 10% de los partos requerirían ser inducidos o estimulados con oxitocina artificial

Aun así, es imprescindible entender que la mejor manera de ayudar a una mujer de parto es respetando la sabiduría de su cuerpo. Si entendemos las circunstancias que favorecen el parto natural y qué podemos hacer para que el cerebro ponga en marcha los mecanismos que desencadenan y favorecen el parto, todo será más fácil. Solo hace falta procurarle un ambiente agradable, sin tensiones ni miedos innecesarios, la compañía deseada, información adecuada... y su cerebro se encargará de hacer el resto. Existe mucha evidencia científica publicada que demuestra que un parto natural y fisiológico, en el que la mujer y su hijo son los auténticos protagonistas de este proceso, es más seguro y saludable que cualquier otro modelo de parto. Por esta razón considero que las mujeres, los profesionales y la sociedad en general debemos unirnos para que nuestros hijos puedan nacer ayudados por las hormonas que nuestro cerebro primitivo segrega especialmente para este fin.

La influencia del espacio

Preparar el momento: los seres humanos solemos cuidar el lugar en el que se producen los encuentros familiares, sociales y amorosos, porque no es lo mismo una cena romántica en un restaurante íntimo a la luz de las velas que comer en una ruidosa cafetería. El entorno condiciona la experiencia, y mucho.

Lugares inadecuados: teniendo esto en cuenta, si analizamos la mayoría de los paritorios convencionales, resulta fácil entender hasta qué punto pueden llegar a inhibir a la mujer: son fríos y no ofrecen ni intimidad, ni confort. Están diseñados para que los profesionales puedan realizar cómodamente su trabajo.

Alternativas amables: las mujeres solo pueden segregar oxitocina y parir por sus propios medios cuando se sienten seguras, protegidas y en intimidad. Que el parto en casa y las casas de parto vuelvan a ser una opción denota la búsqueda de la mujer de un entorno adecuado. En muchos países, ya existen las habitaciones de parto, donde las mujeres pueden sentirse como en casa.

Escoger la compañía en el parto

Su influencia: la persona que permanece al lado de la mujer en el parto juega un papel fundamental, porque solo si ella se siente cómoda logrará liberar la oxitocina que necesita. Si la compañía no es la apropiada, puede condicionar el desarrollo del proceso, puesto que siempre que la mujer se sienta observada, juzgada o perciba miedo e inseguridad segregará hormonas del estrés, y eso dificultará el trabajo de parto.

Apoyo físico y emocional: por este motivo, la elección de la compañía no es una cuestión menor. Sería preferible valorar con tiempo qué persona puede aportar la seguridad y el calor que se precisa en un momento tan especial. El derecho de la madre a estar acompañada ya está reconocido, aunque en los hospitales se da por sentado que será la pareja.

Una elección de la madre: no hay una regla escrita sobre quién tiene que permanecer al lado de la mujer durante el parto. Es una decisión que debe tomar la madre libremente, teniendo en cuenta que la presencia de esa persona debe permitirle desinhibirse sin ningún reparo.

Estímulos externos que se deben evitar

Para conseguir que el cerebro siga segregando oxitocina durante todo el trabajo de parto, es necesario evitar ciertos factores porque nos ponen en estado de alerta y no nos permiten conectar con nuestro cuerpo. El frío, el dolor, el hambre, el miedo, los ruidos y las luces intensas, el peligro o un conflicto nos llevan a producir las hormonas del estrés. Estos estímulos externos nos generan tensión, estrés y ansiedad, activan nuestro estado de control y un consumo de energía excesivo, que en el momento del parto debe estar concentrada en nuestra capacidad para parir.

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