Planeta Parto

PARTO

El maravilloso diálogo entre el cerebro de tu bebé y el tuyo

El cerebro es nada más y nada menos que el responsable de desencadenar el parto y de llevar a la mujer a un estado de conciencia que le permite disfrutar de este momento único, y todo gracias a las hormonas que libera durante el proceso.

Ibone Olza

26 de marzo de 2017, 08:31 | Actualizado a

Tradicionalmente, los estudios sobre el parto se centraban en la pelvis de la mujer. Se analizaba su anatomía, sus ángulos y sus diámetros, y se comparaban con los diámetros de la cabeza del bebé en las distintas fases de su descenso a través del canal del parto. Así se estableció una clasificación de las diferentes formas que adoptaba la cabeza del bebé en la última etapa del parto, los obstáculos que tenía que superar y el cómo “solucionarlo” si se quedaba atascado en uno u otro lugar.

Esta visión tan mecánica del parto dejaba de lado algunos aspectos fundamentales, como la propia movilidad de la pelvis de la madre, que es capaz de cambiar bastante los ángulos y la apertura según se coloque la mujer. En cuclillas, por ejemplo, la apertura de la pelvis puede llegar a ser hasta un 30% más amplia que tumbada. Pero es que, además, esta teoría tenía algunas consecuencias negativas. Por un lado, hacía que las dificultades que se podían presentar en el parto solo se resolvieran de forma mecánica, es decir, utilizando diferentes herramientas que ayudaran a sacar al bebé, como los fórceps, la ventosa o incluso, en casos extremos, la cesárea. Y por otro lado, se generalizaba el concepto de que el parto dependía totalmente de la pelvis, así como que las mujeres que no parían con facilidad probablemente se debía a que tenían una “pelvis estrecha”.

Las bienvenidas nuevas ideas

En la actualidad, las neurociencias y la bioingeniería han cambiado por completo esta visión del parto. Ahora se sabe que, más allá de la mecánica, dar a luz es un acto tremendamente complejo y dirigido por neurohormonas, sustancias que se liberan en el cerebro de la madre y en el del bebé. Del mismo modo se sabe que, por mucho hueso que tenga la pelvis materna, las mismas hormonas del parto hacen, por ejemplo, que los cartílagos que los unen se ablanden por completo. En concreto, este trabajo lo hace una hormona que precisamente se llama “relaxina”.

En realidad, lo que ha cambiado es la perspectiva, porque, en vez de mirar lo que sucede en la pelvis de la madre, los científicos tratan ahora de comprender los cambios que se producen en el cerebro de la mujer y en el del bebé desde los últimos días del embarazo hasta el final del parto.

Ahora se sabe que el parto casi siempre lo desencadena el propio bebé cuando ya está listo para nacer, y lo hace liberando unas sustancias que, una vez pasan a la sangre de la madre, llevan a su cerebro el mensaje de que ya pueden comenzar las contracciones uterinas.

¿No es maravilloso?

Planeta parto

Comienza entonces el parto con una serie de cambios en el cerebro de la madre y un diálogo hormonal continuo con el cerebro del bebé a través de la bioquímica. Las hormonas que se liberan no solo contraen el útero materno de forma cada vez más rítmica e intensa, sino que también hacen que la madre entre en un peculiar estado alterado de conciencia, en el que su percepción del tiempo o de los estímulos sensoriales cambia.

Es el “planeta parto”. En ese estado, promovido por hormonas como la oxitocina o las endorfinas, una mujer puede percibir que el tiempo transcurre muy lentamente o a la inversa, pensar que ha sido breve cuando en realidad han pasado muchas horas. También puede estar más atenta a los olores o los colores, y tener gran dificultad para “pensar” de forma racional.

Para que el parto fluya es muy importante que los profesionales conozcan y respeten al máximo ese peculiar estado de conciencia, sabiendo, por un lado, conectar con la mujer de forma muy cuidadosa, y por otro no interferir, es decir, no sacar a la parturienta de ese estado, ni pretendiendo que razone o actúe como haría si no estuviera de parto.

Eso hará que, cuando nazca el bebé, tanto su cerebro como el de su madre estén bañados por dosis altísimas de hormonas que van a facilitar que el primer encuentro entre ambos sea un momento de gran intensidad amorosa y que quede bien grabado en la memoria de los dos.

La hormona del amor

La oxitocina es la hormona que provoca las contracciones del útero. La palabra procede del griego y significa “parto rápido”.

El cerebro de la madre la genera de forma natural, permitiéndole que tenga una experiencia especial, de conexión y de un gran sentimiento amoroso. Algunas mujeres explican haber pensado en todas aquellas otras que estaban dando a luz en ese justo momento, y otras sienten haber conectado con una fuerza superior o divinidad.

Endorfinas

Durante el parto, el cerebro de la mujer también produce endorfinas que, además de aliviar el dolor, favorecen que se relaje e incluso dormite entre contracción y contracción, haciendo que el final del parto pueda llegar a vivirlo de forma placentera.

Y al final, hormonas de estrés “bueno”

Al final del parto, hay una liberación masiva de hormonas del estrés (catecolaminas), que provocan el “reflejo de eyección fetal”, o lo que es lo mismo, contracciones fortísimas que hacen que el bebé “salga solo” y que la madre sienta que quien empuja es una fuerza imparable que casi la parte en dos.

En el bebé también se liberan hormonas del estrés mientras desciende por el canal del parto. Es un estrés “bueno”, que le permitirá:

  • respirar por sí mismo al nacer
  • reorganizar la circulación de su sangre
  • estar despierto en sus dos primeras horas de vida para oler a su madre, mirarla a los ojos
  • comenzar la lactancia.