"Nos creímos que otro tipo de parto era posible"

TESTIMONIO

"Nos creímos que otro tipo de parto era posible"

La experiencia de las matronas del Hospital de Úbeda, toda una referencia.

Antonio L. Muñoz

6 de noviembre de 2018, 18:52 | Actualizado a

¿Cómo y cuándo empezaron los cambios en el Hospital de Úbeda?

Podría decir hasta la fecha: 1 de enero de 1998.

Una matrona llamada Blanca Herrera, recién titulada, con un libro fotocopiado bajo el brazo, llegaba al paritorio. El documento era Cuidados del Parto Normal: Una guía práctica de la OMS. Gracias a su empuje y a un excelente ambiente, nos propusimos mejorar la asistencia al parto normal.

Empezamos por eliminar la práctica rutinaria de separar a los bebés de sus madres nada más nacer. Para convencer a ginecólogos, pediatras, y sobre todo a nosotras mismas, tuvimos que realizar una investigación. En aquel entonces, en nuestro paritorio no había buena accesibilidad a la epidural. Todos habíamos hecho un curso de experto en salud sexual y reproductiva para actualizar conocimientos, por lo que el resultado no podía ser otro: para evitar sufrimientos innecesarios a la mujer, limitábamos la amniotomía (rotura de bolsa), la estimulación con oxitocina y fomentábamos la deambulación, la monitorización intermitente y las alternativas para el alivio del dolor (ducha, acompañamiento, inyecciones de agua estéril...).

Casi sin darnos cuenta aprendimos una nueva forma de acompañar en los partos. En el año 2000 decidimos suprimir el enema, aunque no se eliminó del todo hasta 2003. Vinieron otros cambios: la episiotomía selectiva (pasamos de un 77% en 1998 a un 16% en 2005) y las alternativas en el expulsivo.

Todo sin apenas medios pero con una buena dosis de imaginación. Por ejemplo, no teníamos taburete para partos, pero nos apañábamos con el silloncito del acompañante. Todas estas buenas prácticas están recogidas desde 1999 en la Guía de Asistencia al Parto Poco Intervencionista del Hospital de Úbeda, que ha servido de referencia para muchos hospitales.

Hemos incorporado el contacto precoz piel con piel tras el parto y cesárea, aunque en este último caso, tras la operación, es el padre quien continúa con el contacto. Todo es mejorable y entendemos que lo ideal sería la no separación de la madre y el bebé en estos casos. Todo se andará.

Y apostamos por la lactancia materna mediante nuestra colaboración con el grupo de apoyo Nacer y Mamar de Úbeda.

En un curso aprendí que los elementos de la competencia profesional eran: saber (conocimientos), saber hacer (habilidades), saber ser (actitudes), querer hacer (motivación) y poder hacer (aptitud profesional y medios).

De nada sirve tener buena formación si no hay buena actitud y motivación.

Ésta ha sido la clave; creernos que otro tipo de parto era posible y contagiar esa motivación a los compañeros. He dejado para el final el cambio más importante: saber escuchar a las mujeres y generarles la confianza necesaria para su parto, tal como hacían las antiguas matronas y parteras. Saludos desde Úbeda, ciudad del renacimiento.

Este testimonio va dedicado a las compañeras que un día creyeron que otro parto era posible.