Parir en el resto de Europa

PARTO

Parir en el resto de Europa

Los países más avanzados gozan de sistemas de atención al parto en los que el nacimiento es considerado un evento íntimo y familiar, y lo más importante es favorecer su desarrollo normal.

Isabel Fernández del Castillo

31 de julio de 2018, 11:19 | Actualizado a

En Europa los servicios de atención al parto difieren mucho entre sí. Hay un grupo de países con sistemas sanitarios más avanzados, en los que los cuidados están centrados en la mujer y el bebé, en sus necesidades y sus derechos, en favorecer la fisiología del parto normal y donde tiene que haber una justificación para cada intervención médica en el parto. Este grupo de países se encuentran en el centro y norte de Europa: Holanda, Inglaterra, Suiza, Noruega, Suecia, Finlandia, Alemania, etc.

En el polo opuesto se encuentran países del área mediterránea, como Portugal, Francia, Italia o Grecia, y los países del Este. En este grupo de países todavía impera un modelo de atención al parto medicalizado e intervencionista, que no ha implantado las recomendaciones que la Organización Mundial de la Salud (OMS) viene proponiendo desde 1985.

España pertenece a este segundo grupo de países, si bien en los últimos años se ha iniciado un proceso de cambio que de continuar por buen camino nos iría equiparando a los países más avanzados.

Los países con un menor índice de cesáreas son Suiza (10%), Holanda (14%), Noruega (16%), Finlandia (16%), Islandia y Suecia (17%).

Estos mismos países son los de menor mortalidad. Portugal, con un 30% de cesáreas, cuatriplica la mortalidad materna de los países nórdicos.

Los países con menor índice de cesáreas son también aquellos en los que la mujer tiene más libertad para decidir sobre su parto.

Inglaterra, o la continuidad de la atención

El Reino Unido es un ejemplo muy interesante para nuestro país, ya que hace menos de 20 años la situación de los servicios de atención al parto era muy similar a la nuestra. Sin embargo, un proyecto de cambio emprendido por el Estado no sólo modificó radicalmente las prácticas en el paritorio, sino que transformó también la cultura del parto apoyándose en los medios de comunicación. Esta fuerte campa- ña se realizó en 1993 con el nombre Changing childbirth (Cambiando el parto).

Reproducir el ambiente de casa

En el Reino Unido la mayoría de las mujeres dan a luz en el hospital, en habitaciones acondicionadas como si fueran su propio hogar. Pueden llevarse sus fotos, su música y todo lo que necesiten para estar a gusto.

En ellas, las embarazadas son libres de estar acompañadas por quienes desean, de adoptar la postura que les resulte más cómoda en cada momento, darse un baño, escuchar música o hacer lo que les resulte más cómodo en cada momento, darse un baño, escuchar música o hacer lo que les apetezca.

El nacimiento se produce en la misma habitación y el bebé no se separa de la madre en ningún momento.

La responsable de atender a las madres es la matrona, quien no realiza ninguna intervención que no sea necesaria. Sólo en caso de complicación avisa al ginecólogo. Ambos profesionales tienen su ámbito de trabajo y su relación no es jerárquica.

Conocer a la matrona de antemano

Una de las características del sistema británico es la continuidad de la atención por el mismo equipo de matronas durante el embarazo, el parto y el posparto. Cada mujer es asignada a un equipo de cinco matronas, que harán el seguimiento del embarazo y del posparto, y también la atenderán en el parto.

De esta manera, cuando llegue el momento de dar a luz no se encontrarán rodeadas de desconocidos, como ocurre en tantos otros lugares –en España, por ejemplo–. Al ser un equipo de cinco matronas, una de ellas siempre está de turno.

Por la importancia que se da a la confianza en los profesionales y al estado emocional de la madre en el desarrollo del parto, este sistema ayuda a que el nacimiento de su hijo sea vivido como algo satisfactorio por las mujeres, y a que el parto fluya mejor.

Dar a luz fuera del hospital

El sistema sanitario británico también contempla la posibilidad de que la mujer dé a luz en su casa o en una casa de partos, atendida por el mismo equipo de matronas, y a cargo de la seguridad social. Esta opción está reservada a las mujeres con partos saludables.

Las casas de partos: el caso alemán

En Alemania, además de la posibilidad de dar a luz en el hospital, existe el fenómeno de las casas de partos, lugares independientes donde las mujeres embarazadas pueden parir en un ambiente hogareño y de una forma totalmente fisiológica. Hay nada menos que 120 en todo el país, algunas de las cuales forman parte de la Red de Casas de Nacimiento.

Para dar a luz en una casa de partos es necesario realizar allí el seguimiento del embarazo, y sólo es posible en el caso de embarazos saludables. Se descarta esa posibilidad en los nacimientos que tengan lugar antes de las 37 semanas.

Cómo comenzó el fenómeno

Las primeras casas de partos fueron fundadas en Berlín en 1987 por iniciativa de varias matronas que no estaban de acuerdo en la forma en que se atendía a las mujeres en el hospital. Hubo mucha polémica y los médicos predijeron un aumento de las tasas de mortalidad, cosa que afortunadamente no se produjo.

En 1993, la Organización Mundial de la Salud publicó el informe Planned Birth out of Hospital in the Industrialized Countries (Partos planificados fuera del hospital en los países industrializados), que concluía que los partos en estos lugares son seguros. De hecho, en sus recomendaciones del año 2001, la OMS continúa incluyendo entre las prácticas desaconsejadas “insistir en el confinamiento institucional universal” (hospitalización) para dar a luz.

Actualmente, las casas de partos alemanas se han ido integrando dentro del sistema nacional de salud, y todas tienen un convenio de colaboración con una clínica cercana para los casos en los que sea necesario el traslado a un centro hospitalario.

Las cifras

En el año 2005, las casas de partos de este país atendieron más de 40.000 nacimientos, con una tasa de episiotomías del 6%, y un índice de cesáreas del 4% entre las mujeres trasladadas al hospital. El porcentaje de parturientas llevadas al hospital fue del 10-13%, la mayoría de las cuales pudo dar a luz sin problemas.

Atender el posparto: la experiencia holandesa

El sistema de atención al parto en Holanda siempre ha sido una referencia, ya que es el único país europeo que no ha pasado todo el proceso de medicalización y posterior desmedicalización de la atención.

En este país, el parto siempre se ha considerado un hecho fisiológico y un evento familiar, y las matronas siempre han gozado de independencia y autonomía en su trabajo. La relación con el ginecólogo es de colaboración y respeto mutuo. En Holanda, un 30% de las mujeres continúa dando a luz en casa, más en las áreas rurales que en las urbanas, y las embarazadas que desean dar a luz en el hospital pero no tienen un motivo médico para hacerlo, deben pagar una cantidad por ello.

La polémica de las cifras de mortalidad

Que Holanda haya mantenido la autonomía de las matronas no significa, sin embargo, que su sistema sea perfecto. Por el contrario, tiene algunas notorias deficiencias cuyos resultados con frecuencia se asocian por error al fenómeno del parto en casa.

Por ejemplo, en los hospitales no hay un obstetra de guardia por las noches, sino que, en caso de que se requiera su presencia, tiene que acudir desde su domicilio. Esta circunstancia hace que los casos urgentes, que son precisamente los que acaban en el hospital, no tengan garantizada una buena asistencia de inmediato.

Otro factor a tener en cuenta es el seguimiento del embarazo, ya que en Holanda se realizan menos pruebas y ecografías que en otros países. Eso provoca que, de hecho, nazcan bebés con problemas de salud. En otros países, muchos de estos embarazos quizás no habrían continuado al estar pautadas más pruebas de detección precoz.

Después del parto

Una de las aportaciones más interesantes de la experiencia holandesa es la importancia que se concede al posparto. El puerperio es un período especial en la vida de la mujer, una etapa sensible, de terremoto emocional, recuperación física, ajustes entre la madre y el bebé e inicio de la lactancia. Toda nueva madre necesita mucho apoyo emocional, pero también físico, logístico, de experiencia... Este sostén, en las sociedades tradicionales, lo ofrecía el entorno de la parturienta; pero hoy en día, con la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, esa red de apoyo ha desaparecido.

Probablemente, ésta es una de las causas de la epidemia de depresiones posparto de los países industrializados.

En Holanda, este apoyo se provee desde el Estado, ya que toda madre reciente tiene derecho a que una doula de posparto la visite en su casa varias horas al día durante el primer mes, según sus circunstancias personales. La ayuda con el bebé, con otros hermanos más mayores, se encarga de pequeñas tareas domésticas a petición de la familia, de forma que la madre tenga tiempo y calma suficientes para recuperarse. La madre también recibe asistencia de la matrona y consejo experto de lactancia materna. Así, no sólo recibe ayuda, sino también gana confianza en sí misma.

La profesión de matrona

Según la OMS, la profesional indicada para atender el parto es la matrona, siendo el obstetra quien debe atender las complicaciones. En estos países europeos, la figura de la matrona goza de autonomía y respeto por parte de otros profesionales, con los cuales tiene una relación de colaboración y unos ámbitos de actuación bien delimitados.

Sin embargo, en algunos casos existe una discriminación encubierta en lo que a los sueldos se refiere, ya que lo que cobran las matronas no se corresponde con sus responsabilidades y con el tiempo que dedican a cada mujer. En España, faltan muchas matronas, lo que de por sí es un factor de burn-out (profesionales quemados) y de medicalización de la asistencia.

Aún más diferencias

Los países europeos con sistemas de atención al parto menos medicalizados tienen mejores tasas de éxito de lactancia materna: más madres dan el pecho y lo hacen por más tiempo.

También son los que ofrecen mayor apoyo social a la mujer, con permisos de maternidad más largos que permiten a las madres trabajadoras dedicarse a la crianza de sus hijos.

Buenas prácticas en la atención al parto

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