Parto vaginal después de cesárea

PARTO

Parto vaginal tras una cesárea

Tras un primer parto quirúrgico, en la mayoría de los casos es posible tener uno vaginal, siempre y cuando transcurra con suavidad, respetando los tiempos y sin estimulaciones innecesarias.

Pilar de la Cueva

12 de agosto de 2018, 07:00 | Actualizado a

¿Es preciso hacer una cesárea si ya se ha tenido una? ¿En qué casos se puede parir después de haber tenido un hijo por cesárea? Muchas mujeres que han pasado por esta experiencia se lo preguntan.

Hasta hace 20 años, sólo unas pocas mujeres daban a luz por cesárea. Desde entonces, en muchos países del mundo se ha multiplicado su número de un modo alarmante, y en nuestro país, a una de cada cuatro mujeres se le realiza esta intervención.

Aunque la cesárea se ha popularizado en los últimos años, ahora se sabe que aun siendo una intervención relativamente segura, puede tener consecuencias negativas para la madre y el bebé, inmediatas y a largo plazo. Por ello, hoy la consigna es realizarla sólo cuando el problema es más serio que los posibles riesgos. En esta línea, actualmente se está trabajando para valorar en qué casos es muy necesario y en qué casos no, y en detectar y cambiar las circunstancias evitables que aumentan esa necesidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que se realicen cesáreas en un 15% de los casos como máximo, aunque las cifras pueden variar según el tipo de mujeres que se atiende en cada centro.

Prácticamente sin riesgos

Este 25% de mujeres españolas con una cicatriz en el útero –el 50% en algunos hospitales y países– vuelven con frecuencia a plantearse vivir la experiencia de la maternidad.

Hasta hace poco, la regla de oro después de una cesárea era que los siguientes partos debían ser por la misma vía, debido al riesgo de rotura uterina, lo que dio lugar a un considerable aumento de la tasa de cesáreas programadas.

Sin embargo, los estudios más recientes han puesto de manifiesto que ese riesgo es mínimo, pero aumenta considerablemente cuando el parto se medicaliza.

Si el parto es fisiológico, el riesgo se mantiene muy bajo.

Con el paso del tiempo, se ha dejado de considerar a una mujer con una cesárea anterior como una bomba de relojería, y se ha comprobado que se puede tener un parto normal hasta en un 70-80% de los casos.

Después de descartar a las pocas mujeres que por algún motivo necesiten realmente otra cesárea, sólo es cuestión de prudencia, observación y de prodigar todos los cuidados adecuados.

Lo más temido en estos casos es que se produzca una rotura de la cicatriz del útero. Sin embargo, los estudios más recientes demuestran que una parte de las roturas se producen en el embarazo y, por tanto, no se pueden evitar, excepto procurando que haya el menor número posible de mujeres con una cesárea, y no induciendo los partos sin necesidad.

Una parte de las roturas de fibras musculares del útero se produce durante el parto, pero son tan ligeras que no tienen repercusión sobre la madre o el bebé, no producen sangrado y se cierran solas.

La mayor parte de las veces se trata sólo de una ligera apertura de la cicatriz, que el propio útero cierra al contraerse tras salir el bebé.

Algunas complicaciones

De todos modos, existe la posibilidad de una rotura seria que produzca una hemorragia, pero su frecuencia es muy baja.

Si la mujer es llevada al quirófano en un tiempo razonable, se suele solucionar sin secuelas.

Se sabe también que el riesgo de rotura uterina en el parto vaginal después de cesárea (PVDC) aumenta considerablemente si se fuerza al útero a contraerse estimulando el parto con oxitocina.

Por tanto, todos los factores que entorpecen el parto y hacen necesario el uso de oxitocina (posición tumbada, epidural, sentirse observada o intimidada...) indirectamente pueden complicar un PVDC.

Otro factor que aumenta el riesgo de rotura es provocar el parto cuando éste aún no ha comenzado, y todavía más si para inducirlo se utiliza una medicación llamada prostaglandinas.

Aun así, si realmente es necesario, se puede intentar provocar un parto que no ha empezado. Siempre es mejor esta opción que hacer directamente una cesárea.

En ese caso, hay que proceder con mucha prudencia, con lentitud, y siendo paciente con los tiempos de la mujer y el bebé, siempre que ambos se encuentren bien.

Respetar su evolución

Durante el parto, no hay que hacer nada especial, excepto controlar un poco más el estado de la madre y el bebé, pero sin intervenir. Es importante no poner oxitocina para acelerarlo ni romper la bolsa de las aguas.

La bolsa íntegra hace que la presión de las contracciones se transmita de una forma homogénea a todas las partes del útero, más suavemente, evitando que unas zonas sufran más tensión que otras.

Cuando no se utilizan medicamentos y las contracciones son fisiológicas –es decir, las que produce el cuerpo guiado por la hormona oxitocina de la propia mujer– son mucho más suaves. Son diferentes de las que produce la medicación que se pone en el gotero –oxitocina en forma de medicamento–, que son más intensas, duran algo más de tiempo, y someten a un mayor trabajo al músculo uterino.

Este modo de actuar evitando intervenciones si no son necesarias ayuda a reducir el riesgo de lesión en el útero, como también lo facilita el que la mujer pueda moverse con libertad y adoptar la postura que su cuerpo le pida de modo espontáneo, ya que en general ella se colocará instintivamente en la que más facilite el encajamiento y salida del bebé.

Existen otras circunstancias que reducen el riesgo: acudir a los controles del embarazo, llevar una vida sana, estar bien alimentada y conocer las condiciones en que se hizo la cesárea anterior: si hubo una infección importante tras la intervención, se hizo un corte vertical (cosa realmente excepcional) o han pasado menos de seis meses entre un embarazo y otro –en este caso se precisará más vigilancia en el parto, porque la cicatriz puede ser más débil–.

La placenta sale igual que en un parto vaginal normal. Tiempo atrás se solía hacer una extracción manual. El ginecólogo la quitaba mientras la mujer estaba anestesiada, y aprovechaba para tocar la cicatriz del útero por dentro.

Hoy se sabe que, en realidad, esta práctica puede abrir la cicatriz, así que actualmente está desaconsejada, a no ser que en esos momentos se dé un sangrado anormal que haya que revisar.

Una vez más, lo más adecuado es poner al bebé recién nacido en contacto piel con piel con su madre. De este modo, ella producirá más hormonas que provocarán que el útero se contraiga mejor y expulse la placenta.

Una actitud previsora

En las pocas ocasiones en que sea necesario realizar una cesárea, y siempre que no exista una urgencia que lo impida, es una buena idea planear por adelantado detalles que sean importantes para la mujer y su familia, y comentarlos con el equipo médico que la va a atender, para que se tengan en cuenta en la medida de lo posible.

Es fundamental hablarlo con el centro por adelantado, ya que puede tratarse de un hospital con un protocolo de parto muy flexible, que permite que la madre y el bebé estén juntos piel con piel tras el nacimiento, pero que en el caso de las cesáreas continúe funcionando con rutinas como la de separarlos, enviando al bebé a observación y a la madre a reanimación.

Cómo elegir el hospital

Aunque la Organización Mundial de la Salud aconseja siempre intentar el parto vaginal después de una cesárea, la aplicación de esta recomendación guarda relación con la forma en que se atiende el parto en cada centro, ya que el PVDC debe ser atendido, en principio, según criterios de “baja intervención”. Por lo tanto, los centros con protocolos más intervencionistas pueden tender a repetir la cesárea.

Antes de escoger dónde dar a luz, visita los centros más cercanos a tu domicilio y solicita información sobre los protocolos que siguen en este caso. Por ejemplo:

  • Si utilizan oxitocina sintética.
  • Si suelen romper la bolsa amniótica.
  • Si inducir el parto con prostaglandinas es una práctica habitual.
  • Si imponen una posición concreta.
  • Si se aplican tiempos muy rígidos a cada fase del parto.
  • También es útil conocer su protocolo en caso de parto normal.
  • Es interesante saber cuál es su tasa de éxito en los PVDC.

Escoge un hospital con medios, donde cada mujer en fase activa de parto tenga una matrona a su disposición, donde puedan realizar una cesárea de urgencia con rapidez en cualquier momento del día o de la noche, y atender a un bebé en dificultades si fuera necesario.

Antes de planificar qué circunstancias deseas para tu parto, ten en cuenta que las condiciones idóneas para un PVDC son las mismas que para un parto normal:

  • intimidad
  • libertad de movimientos
  • atmósfera relajante y tranquila
  • apoyo emocional
  • y no más intervenciones que las estrictamente necesarias.

Maniobras como la exploración manual de la cicatriz tras el parto, o la utilización de catéteres para medir la presión uterina, no mejoran la seguridad de este tipo de partos.

Tu vieja cicatriz emocional

Muchas mujeres, incluso tras una cesárea en la que se han sentido bien tratadas y entienden que era necesaria, pasan por un período de duelo por el parto que soñaron y no tuvieron.

Si además hubo algo en lo que no fueron bien atendidas –o así se sintieron–, si pasaron miedo intenso por ellas o su bebé, o fueron separados tras el nacimiento, esa vivencia puede quedar grabada en su cerebro y producir lo que los expertos han llamado síndrome de estrés postraumático, aunque a menudo se interprete como depresión posparto.

En este caso, la mujer precisa de ayuda experta y apoyo por parte de las personas que la rodean... aunque no entiendan lo que le ocurre.

Algunos foros en Internet (http://elistas.egrupos.net/lista/apoyocesareas, www.ican-online.org/), realizan una labor que a veces los profesionales no pueden atender: escuchar a la mujer, su vivencia y síntomas, y apoyarla.

Compartir experiencias e información ayuda a superar los traumas y a estar mejor preparada para una nueva maternidad.

Lograr un parto vaginal satisfactorio después de una cesárea contribuye a la reparación de esa “herida emocional”.

Y también, poner al bebé inmediatamente en contacto con la mujer, incluso si es cesárea, y apoyarla para que pueda disfrutar de la experiencia de la lactancia materna.

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