Los secretos del parto con oxitocina sintética

SECRETOS

Partos con oxitocina sintética

Existe la creencia de que la oxitocina que se inyecta a través del gotero es igual que la que produce el cuerpo. Pero no es así. Te explicamos las diferencias entre una y otra.

Pilar de la Cueva

25 de febrero de 2018, 14:55 | Actualizado a

La oxitocina es una hormona que produce el cerebro de todas las personas, sean hombres o mujeres, en situaciones relacionadas con la sexualidad, el bienestar, la afectividad, el placer, la excitación o la trascendencia, y en el parto y durante la lactancia en las mujeres y las mamíferas en general.

En la década de los 70, gracias a los avances ciencíficos, se logró producir oxitocina en laboratorio en forma de fármaco inyectable de uso intravenoso o intramuscular. Se comprobó que provocaba contracciones en el útero más largas e intensas que las que se producían en un parto normal... y empezó a inyectarse a todas las mujeres de parto en hospitales de casi todo el mundo.

Fue una época de industrialización acelerada de la sociedad; se lograron grandes avances en la ciencia y la tecnología y se instauró la creencia de que intervenir y controlar "las imperfecciones" de la naturaleza siempre es bueno, no tiene efectos secundarios y contribuye al avance de la civilización.

Los nacimientos pasaron de tener lugar en un ambiente íntimo y familiar a ser atendidos en hospitales.

Evidentemente, los nuevos recursos de la ciencia ayudaron a solucionar complicaciones de un modo más eficaz. Sin embargo, solo recientemente, a la luz de la evidencia científica, hemos comprendido que la cadena de intervenciones que se unieron a este nuevo modelo de atención supone un riesgo importante para la salud de la mujer, su bebé y la familia cuando se aplica en todos los partos normales.

En realidad, detrás de esta forma de actuar se encontraba la creencia de que las mujeres tienen un defecto en su función fisiológica del parto, por lo que se les debe administrar un medicamento para que puedan tener las contracciones adecuadas.

Más distintas de lo que parece

¿En qué se diferencian la oxitocina endógena (la que se origina en el propio cuerpo) y la sintética?

Durante mucho tiempo se ha asumido que la oxitocina sintética era “natural” por el hecho de que la composición de ambas era la misma. Pero en la actualidad sabemos que los efectos son muy diferentes.

  • Ritmo y duración de las contracciones. La oxitocina sintética se introduce durante el parto a través de la vena, directamente a la sangre y de forma continua. En cambio, la oxitocina natural se produce en el cerebro profundo de la mujer, cuando está en un estado de relajación y en pulsos discontinuos. En este caso, la contracción del útero es menos potente y menos prolongada, con lo que el posible efecto de reducción del aporte de sangre al bebé se ve disminuido. Además, cuando la mujer lleva anestesia epidural, las dosis pueden ser mayores sin que ella note más dolor, con lo que en ocasiones se usan cantidades muy importantes para que el parto sea más rápido. Pero más rápido no es sinónimo de mejor, sobre todo si pensamos que el bebé necesita su tiempo para recuperarse de las contracciones, recibir oxígeno y glucosa entre una contracción y otra, descender fluidamente por el canal del parto y prepararse hormonal y fisiológicamente para el cambio a la vida extrauterina.
  • Percepción del dolor y sensación de bienestar. Esta es otra diferencia remarcable. La oxitocina natural se produce en el cerebro acompañada de opioides endógenos y endorfinas, que son sustancias que producen una autoanalgesia, es decir, disminuyen mucho la percepción del dolor, además de una sensación de bienestar y reducción del control racional, los límites corporales y el paso del tiempo. La mujer de parto con contracciones fuertes producidas por oxitocina en fármaco, sin endorfinas, percibe mayor dolor y tiene menos recursos internos para vivirlo como un proceso saludable.
  • El impacto en el bebé durante y después del parto. Los efectos de la oxitocina sobre el bebé apenas han sido estudiados. La oxitocina sintética es un fármaco y, por lo tanto tiene efectos a todos los niveles del organismo. Se sabe que atraviesa la placenta y alcanza al bebé, produciendo efectos en su sistema hormonal y neurológico, que en el momento del parto se encuentran en un momento crítico de maduración. Recientemente, estudios científicos sobre el comportamiento de los bebés expuestos a este fármaco han alertado sobre su uso, ya que influye en los reflejos primarios y puede dificultar el inicio de la lactancia. También se comienzan a vislumbrar efectos a largo plazo.
  • Por otra parte, no sabemos si la ausencia de endorfinas durante el parto produce en el bebé un mayor dolor, ni si las contracciones más intensas, más largas y más seguidas le perjudican, aunque parece posible que experimente una falta de oxígeno, sobre todo si es vulnerable o está enfermo. No hay que olvidar que una de las causas de intervenciones en el parto (fórceps, cesárea...) es, precisamente, la pérdida de bienestar fetal.
  • Su función en el vínculo entre madre e hijo. Un aspecto poco valorado es que, en forma de fármaco, esta hormona no atraviesa la barrera cerebral, por lo que no puede ejercer los efectos de creación de vínculo afectivo –la oxitocina es la “hormona del amor”– normal en los mamíferos tras el nacimiento.
  • El bebé, un estímulo inigualable. Administrar oxitocina tras el nacimiento puede suprimir la gran elevación de los niveles de esta hormona que se produce de modo natural cuando se pone al bebé en contacto inmediato piel con piel con su madre. La administración de oxitocina u otros fármacos parece reducir el riesgo de hemorragia, pero queda la pregunta de si este riesgo estaba aumentado por haber impedido ese contacto al separar a madre e hijo innecesariamente. No hay inductor más potente de oxitocina en la madre que el bebé.

Cuándo está indicada

Evitar la cadena de intervenciones innecesarias (enema, rasurado, rotura de bolsa, inmovilización, gotero, separación del acompañante, etc.) ayuda a que el parto no se paralice y, por lo tanto, no tenga que ser estimulado de modo artificial.

La nueva Guía de Práctica Clínica establece que en un parto normal nunca se debe administrar oxitocina sintética sin motivo. Para diagnosticar un parto detenido, se debe realizar una valoración cada cuatro horas –no en intervalos inferiores, como antes se solía hacer– mediante tacto vaginal. Tras el diagnóstico, se aconseja excluir otras causas que puedan estar paralizando el proceso. La primera intervención, si otras medidas que puede practicar la matrona no son eficaces, es romper la bolsa de aguas. Así, la mayor presión de la cabeza del bebé aumenta las contracciones, tanto por estímulo mecánico como porque aumenta la producción de prostaglandinas, unas sustancias que intervienen en el parto.

Si al final se usa el fármaco, se hará en dosis crecientes, lentamente y usando la mínima dosis eficaz. Cuando el parto se reinicie, siempre podremos detener su administración –es tan fácil como cerrar el gotero y abrirlo cuando sea necesario–, ya que a veces es suficiente con una pequeña ayuda.

Suprimir elementos que perturben

En el parto y la sexualidad intervienen las mismas hormonas; se vive un estado ampliado de consciencia y una mayor desinhibición corporal. Por instinto, la mujer adopta las posiciones más favorables.

  • El escenario ideal es que una matrona acompañe a la mujer de forma individualizada. Una matrona experta sabe detectar los signos emocionales, por mínimos que sean, que pueden estar entorpeciendo la dilatación. Las medidas más sencillas obran milagros: dejarla descansar un rato a oscuras o en silencio, preguntarle si tiene alguna preocupación que teme contar, si necesita beber o un cambio de postura...
  • En ocasiones existen traumas del pasado que la mujer no expresa, pero se detectan a partir de su postura corporal, sus reacciones, la tensión en su cuerpo, etc. Pueden ser abusos sexuales no siempre recordados, violencia o malas experiencias en un hospital o con algún profesional sanitario. El hecho de poder expresarlos a veces es suficiente para reanudar un parto estancado.
  • Cualquier cosa que suponga estrés o la imposibilidad de ensimismarse puede ser un impedimento. Las llamadas al móvil preguntando por la evolución del parto, por ejemplo, crean tensión. Lo mismo que la presencia de una persona con la que la mujer no se siente cómoda. La situación es más compleja cuando la pareja crea ansiedad o estrés.

Favorecer su producción natural

Según explica el Dr. Michel Odent, la oxitocina es una hormona tímida que solo se muestra en circunstancias propicias. Si comparamos el parto con el acto sexual, resulta más fácil entender el concepto “entorno apropiado”. Lo favorecen:

  • El acompañamiento continuado de la persona o personas elegidas por la mujer embarazada, de modo ininterrumpido, desde el inicio del parto. Alguien que le dé seguridad, pero no la inhiba.
  • Un ambiente silencioso. Para permitirle reducir el control racional es necesario que no se le hagan preguntas que activen esa parte de su cerebro, una luz suave, preferiblemente regulable, un ambiente cálido –el frío activa el sistema adrenérgico y este bloquea la secrección de oxitocina–, y utilizar una voz suave cuando se le tenga que comunicar algo, sin nombrar posibles problemas que quizá ni aparezcan. Un ambiente de calma evita la espiral miedo-tensión-dolor que, por activación del sistema simpático, bloquea a la oxitocina, deteniendo el parto y haciéndolo más difícil.
  • Una sensación de seguridad e intimidad. Para favorecerla, los profesionales deben llamar al entrar en la habitación, presentarse a la mujer de parto y a su acompañante si no se conocen, dar explicaciones claras y concisas, y responder a todas sus inquietudes, manteniendo el contacto visual. Antes de hacer una exploración o un tacto vaginal a una mujer de parto se le deberían dar todas las explicaciones necesarias, así como pedir su consentimiento.

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