Tu pelvis en el parto

PARTO

Lo que no sabías de tu pelvis, vista como una mariposa

Lejos de ser simplemente un canal, se trata de una estructura móvil y flexible capaz de ampliarse y adaptarse al paso del bebé siempre que haya libertad para cambiar de postura durante todo el proceso.

ASCENSIÓN GÓMEZ

24 de marzo de 2017, 07:55 | Actualizado a

Todas las mujeres son capaces de mover su pelvis. Al andar se mueve, se contonea y torsiona ¡y hace que poner un pie delante de otro sea tan fácil! Pero caminando no exploramos toda la potencialidad de su movimiento. También permite que bailemos, que nos sentemos cómodamente y que el parto sea posible.

Como una mariposa

Los huesos que conforman la pelvis (ílion, isquion, pubis, sacro y coxis) se disponen como dos alas de mariposa unidas por delante.

Para entender todo el proceso imagínala pues como las alas de una mariposa: grandes y abiertas por arriba; más pequeñas y juntas por abajo. Cuando las alas se abren por arriba, irremediablemente se cierran por abajo. Con la combinación de movimientos de abducción, supinación y rotación externa (las piernas se abren hacia afuera y muestran las plantas), se abren las alas por arriba, atrayendo al bebé hacia el espacio superior de la pelvis, cuando está iniciando el descenso. Mientras el bebé desciende, las alas cambian, y se van abriendo por abajo, con la aducción (las piernas se cierran), la rotación interna y la pronación (plantas hacia afuera). No sólo abren el espacio inferior, también impiden que retroceda, “empujándolo” hacia la salida.

El sacro es el cuerpo de la mariposa. Es grueso, curvo, rugoso y móvil. Está articulado con las alas, y juega con ellas para que la danza sea armoniosa. Cuando las alas se abren por arriba, el cuerpo de la mariposa se inclina hacia atrás, llevando su aguijón (el coxis) hacia delante. De esta forma, el espacio superior de la pelvis se abre de par en par, libre de obstáculos. A ese movimiento del sacro se le llama contranutación.

Cuando el bebé llega al punto más bajo y quiere salir, cuando las alas pequeñas se abren y se cierran las grandes, el cuerpo de la mariposa moviliza su eje, desplazándose hacia atrás por su parte inferior (nutación), e incluso moviliza su aguijón para que no pinche la cabeza del bebé. En este punto, el coxis se separa tanto que a veces se sale de su sitio. La salida está libre; la mariposa completamente entregada. El bebé nace. Sin ayuda. Sin prisas. Con placer.

¿Cómo es el proceso paso a paso?

Al inicio del parto, antes de la fase activa, el bebé se sitúa por encima de la parte superior de la pelvis. Aún no hay dilatación del cuello y no hay prisa por entrar en el canal del parto. La mujer se mueve, se balancea, buscando que la gravedad y el movimiento le ayuden a aliviar el dolor, si lo hay, y a que el bebé encuentre fácilmente el camino. Ella no necesita saber todo esto, sólo siente que su cuerpo le pide estar de pie, balancearse, bailar, que su pelvis esté libre. ¿Y eso qué significa ? Que tenga capacidad de movimiento. De pie, por ejemplo, si las rodillas están extendidas completamente, la pelvis apenas puede moverse. Pero al flexionarlas un poco, es como si liberaras una mordaza: se suelta, se mueve. Sentarse sobre una pelota, sumergirse en el agua o ponerse a cuatro patas, también deja la pelvis libre. Por eso las mujeres eligen esas posiciones.

A medio camino

Cuando va avanzando la dilatación, el movimiento de la pelvis es más rítmico y más “personal”. Cada mujer debe encontrar, su movimiento, aquellas posiciones que más le ayudan a aliviar el dolor y facilitan el parto. La posición del bebé también influye en este proceso. Dependiendo de dónde haga más o menos presión, la mujer sentirá más o menos alivio según se ponga.

No existen mejores posiciones o movimientos más adecuados. Cada mujer y cada bebé necesitan el suyo. No sabemos ni podemos predecir cuáles serán, pero si dejamos que se mueva libremente veremos que tiende a ponerse más de una manera que de otra.

Por lo general, aquellas mujeres cuyos bebés se colocan en posición posterior (con su espalda pegada a la columna de su madre), tienden a adoptar posturas inclinadas hacia delante y a cuatro patas, porque el dolor es más intenso en la zona lumbar y así disminuye la presión. En cambio, cuando los bebés se colocan en posición anterior (con su espalda hacia la pared abdominal de la madre), suelen estar más erguidas o tumbadas de lado.

En el momento que la dilatación es completa y el bebé siente la puerta abierta hacia el tobogán de la vida, empieza el descenso. La pelvis le invita abriendo sus alas mayores, llevando el sacro hacia atrás. La mujer se balancea, mueve su pelvis como si fuera una bota por la que pasar un pie: suave, poquito a poco, sin dejar de moverse. Abriendo sus piernas, rotando hacia fuera, cerrando la parte inferior.

El descenso final

Lentamente, casi sin notarlo, llega la sensación del pujo. Nadie sabe en qué posición se producirá el nacimiento, ni cuántas veces cambiará de postura durante el descenso. Sólo el bebé, que se mueve por iniciativa propia, y la pelvis, que es su compañera de baile, lo saben.

La mujer siente presión pero no en la vagina, probablemente en el sacro o incluso cerca del ano. Entonces comienza a replegar las alas grandes, para permitir el mágico despliegue de las pequeñas. Rota sus piernas hacia dentro y las cierra para que se abra su pelvis por la parte inferior. Muchas se colocan en cuadrupedia o de lado, con mayor o menor flexión de cadera. Pero todas se mueven. Mucho.

La cabeza avanza, el pujo aumenta. El periné superficial se distiende mientras el profundo se contrae para ayudar a esa cabecita a rotar y amoldarse a las espinas ilíacas. El ritmo va in crecendo. Grita, porque quien no abre la boca no puede abrir el periné. El dolor puede ser muy intenso en esta etapa. La presión del bebé sobre los huesos pélvicos es muy fuerte. La mujer necesita abrirse aún más, hasta que parece que se va a partir en dos.

Alivia mucho favorecer el movimiento de las alas: comprimir las grandes (haciendo presión sobre la cresta ilíaca, el hueso que se palpa por debajo de la cintura) e, intentando cerrarlas, amplía el espacio inferior y alivia el dolor. Frotar las zona lumbar, masajear o aplicar calor local, mejora mucho el dolor. Acompañar los pujos de esta manera te hace consciente de tu fuerza, de la flexibilidad de la pelvis. Se nota cómo el bebé encuentra ese milímetro extra que le facilita la salida. La mujer grita en el pujo y suspira entre ellos. El bebé asoma, el periné se abomba. Se acerca...

El último pujo

Y de repente, la pelvis se mueve bruscamente. La cabeza de la mamá se echa hacia atrás, el sacro y el coxis también (cuando la mujer estira el cuello y lleva la cabeza hacia atrás, las fascias que unen la cabeza y el sacro se tensan y desplazan el sacro hacia atrás, ampliando el espacio de la pelvis); el periné cede sin resistencia. Con un último esfuerzo, en el pujo final, flexionando totalmente las rodillas y las caderas, la pelvis dejará salir los hombros sin dificultad, y el bebé habrá nacido sin violencia, sin prisas, tal y como sabe hacer..

Y todo eso, sabemos hacerlo todas las mujeres, si nos dejan, y si nos dejamos llevar.

Te propongo un ejercicio

Imagina que hay un enorme pincel que sale de tu vagina y puedes pintar con él.

De pie, con las rodillas un poco flexionadas, imagina que pintas en el suelo una línea paralela a tus pies, de adelante hacia atrás y que da la vuelta.

También puedes pintar una línea que va de un pie al otro, lateralmente.

Ahora piensa que vas a pintar un círculo alrededor de tus pies; e incluso un círculo rodeando primero un pie en un sentido, y después cruzas el centro rodeando al otro en el otro sentido, como dibujando un 8 acostado o el símbolo del infinito. Y cambia el movimiento para hacerlo en sentido inverso.

También podemos dejar la pelvis fija y mover las piernas.

Durante el embarazo

Prepárate para el parto

  • Los músculos pélvicos también hay que entrenarlos. Es importante mantenerlos en forma mediante una vida físicamente activa y la práctica de ejercicio o baile.
  • Es importante que la gimnasia que realices para prepararte durante el embarazo incluya ejercicios específicos de movilización de la zona pélvica.
  • Los más recomendables son: danza del vientre, salsa, bailes orientales, yoga prenatal...

En el día a día

  • Cuida la higiene postural y procura no pasar mucho tiempo de pie sin moverte.
  • Ponte en cuclillas un par de veces al día. Si te resulta incómodo, empieza por poco tiempo y aumenta
  • paulativamente.
  • Subir y bajar escaleras, andar por superficies irregulares y usar la pelota gigante como asiento, benefician el
  • movimiento pélvico, cuidando la espalda.

3 ayudas en el parto

1. El movimiento

  • Escucha tu cuerpo, porque los movimientos y posturas que te resulten más confortables son también los más fisiológicos.
  • Deja que los movimientos de balanceo y basculación de la pelvis lleven su propio ritmo.
  • Intenta no estirar las rodillas mientras estás de pie.
  • Las asimetrías amplían el interior de la pelvis y facilitan la salida del bebé: poner un pie más adelantado que otro o una pierna más elevada que la otra.
  • Subir y bajar escaleras también ayuda.

2. Pelota de parto

  • Puedes utilizar la pelota gigante de Pilates para sentarte o apoyar en ella los brazos cuando estás a cuatro patas.
  • Una pelota de goma pequeña puede ser utilizada por tu pareja para masajear con ella la zona lumbar.

3. Alivio con el calor

  • Aplicar una bolsa de agua caliente, el agua caliente de la bañera o una piscina... o una manta eléctrica en la zona lumbar alivia el dolor y facilita que los ligamentos y los músculos se relajen y flexibilicen.

Y si te han puesto la epidural...

  • Cuando utilizas este tipo de analgesia, ya no sientes el dolor y no podrás usarlo de guía. Pero el bebé sigue necesitando que la pelvis se mueva para poder atravesar el canal del parto con fluidez.
  • Así que aunque no sientas dolor, cambia con frecuencia de posición y mueve las piernas de vez en cuando. La sensación de presión sí se nota, y podrá guiarte para empujar mejor.
  • Tu matrona conocerá la situación del bebé y podrá prestarte ayuda con las posiciones.
  • Las posiciones de lado o a cuatro patas pueden usarse con la epidural sin problemas.