Qué se puede hacer si viene de nalgas

PARTO RESPETADO

Qué se puede hacer si viene de nalgas

El bebé no está colocado cabeza abajo, pero eso no lo obliga a nacer por cesárea. Algunos centros aplican técnicas para que se dé la vuelta y están recuperandoel arte de atender partos de nalgas.

Pilar de la Cueva

9 de marzo de 2018, 07:00 | Actualizado a

Una cuarta parte de las mujeres reciben en algún momento del embarazo la noticia de que su bebé está de nalgas o “sentado”. Este diagnóstico suele producirles una gran ansiedad, ya que temen que esta posición del bebé pueda comportar complicaciones en el parto, o provocar que este acabe en una cesárea.

Pocas veces sabremos por qué el bebé se coloca de nalgas. A lo largo de la gestación, es normal que esté en esta postura en diferentes momentos, mientras su tamaño es pequeño y flota en el líquido amniótico con mucho espacio para dar vueltas.

El cordón –largo, flexible y resbaladizo– se adapta y desliza para acompañarlo por muchas vueltas y cambios de postura que realice. A las 32 semanas se considera normal que el 30-40% de los bebés estén sentados; pero solo un 3% lo está al final de la gestación.

La razón más habitual es la presencia de algún obstáculo para la salida, como un mioma o una alteración de la forma de los huesos de la pelvis, que hace que el bebé ocupe la parte inferior con las nalgas, que tienen un diámetro menor que la cabeza. Otras veces no hay un obstáculo evidente.

Cómo se detecta

Al diagnóstico se puede llegar:

  • Por palpación, mediante las maniobras de Leopold, externas.
  • Por auscultación del corazón del bebé, localizando el foco donde más se oye, que corresponde a la zona del corazón.
  • A través de la imagen ecográfica. Es en las fases finales del embarazo (si se va a intentar una versión externa, opción que veremos más adelante) o al inicio del trabajo de parto cuando más importante es tener un diagnóstico preciso. Así podrá darse una atención especialmente respetuosa con la fisiología y prevenir o detectar a tiempo cualquier dificultad.

Manejo actual del embarazo

Se considera que lo más importante es no preocupar a la mujer con noticias sobre la posición del bebé intrauterino. La ansiedad y la angustia elevan los niveles de la hormona cortisol, que afecta negativamente al cerebro del bebé.

En este sentido, es bueno que la embarazada haga a su médico o matrona todas las preguntas que crea necesarias, en vez de prestar atención a los comentarios contradictorios que va a escuchar en todas partes. Por ejemplo, es absurdo que se sienta esclava de la obligación de hacer diariamente una serie de ejercicios que ha leído que van bien para cambiar la posición del bebé cuando está de cinco meses:

Cualquier tarea innecesaria que perciba como obligación también le creará ansiedad.

Además, en esta fase el bebé puede cambiar de posición incluso a lo largo del día.

Por todos estos motivos, no está indicado ni es necesario valorar la posición del bebé antes del último mes de embarazo.

A partir del 6º-7º mes, el bebé tiende a adoptar una posición más estable, pero si está de nalgas aún hay probabilidades de que se dé la vuelta. Si esto ocurre, la mujer sentirá un dolor fuerte, un vuelco o un movimiento en el útero, o un cambio en la forma de la tripa o en cómo nota al bebé cuando se la toca.

En los controles, el profesional valora la posición del bebé palpando el abdomen de la gestante. Si está de nalgas, la cabeza se nota con claridad en la parte más alta del útero.

Hacia las 36 semanas, si el bebé está de nalgas, se ofrece la posibilidad de realizar una versión externa (explicado más abajo). Si esta fracasa o la mujer no la desea, se plantea la posibilidad de esperar un parto espontáneo, contando con la pequeña posibilidad de que el bebé se dé la vuelta en esas tres últimas semanas.

Así, aunque luego se decida hacer una cesárea en el curso del parto, se ha dado al bebé tiempo para completar su maduración pulmonar, permitiendo que se ponga de parto en el momento preciso y evitando los riesgos de complicaciones respiratorias y de inmadurez que tienen las cesáreas programadas, sobre todo si se realizan antes de las 39 semanas.

La exploración ecográfica adquiere gran importancia, ya que permite conocer no solo el tipo de presentación, sino también la actitud de la cabeza del bebé: si está muy hiperextendida (echada hacia atrás), más de 90°, el parto de nalgas está contraindicado.

Qué es la versión externa

Es una maniobra que realiza el ginecólogo o la matrona con las manos sobre el abdomen de la madre. Consiste en girar al bebé, suavemente y poco a poco, para que la cabeza quede abajo. Cada vez más centros la ofrecen y realizan, con tasas de éxito del 50% o más. Algunos han dado un paso más allá, y en lugar de hacerla en quirófano con un gotero con medicación que relaja el útero, la realizan en la misma consulta, permitiendo la presencia de un acompañante.

Teniendo una persona de confianza al lado, la mujer está más tranquila, acepta mejor el procedimiento y la tasa de éxito se incrementa.

Así lo explica el Dr. José Manuel Campillos, del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, que añade: “De este modo es más fácil repetir la técnica otro día si falla en un primer intento, y no estar mucho tiempo tratando de voltear al bebé a toda costa”. Cada centro tiene su protocolo, pero se considera que la edad gestacional óptima son las 37 semanas, ya que antes el bebé se puede dar la vuelta espontáneamente.

Volver al parto de nalgas

Hasta hace pocas décadas, los partos de nalgas se atendían por vía vaginal. Eran partos clasificados como “de riesgo” por la preocupación de que, en la última fase de la salida del bebé, la cabeza –la parte del cuerpo con mayor diámetro y que sale en último lugar– tuviera dificultades.

Curiosamente, en estos nacimientos se tenía especial cuidado de no alterar la fisiología tocando al bebé, forzando su salida o la dilatación del cuello del útero, para permitir que el bebé hiciera el recorrido y la danza de flexión y extensión del modo más natural posible, adaptándose poco a poco en su descenso a los diámetros cambiantes del recorrido.

Actualmente, este manejo respetuoso se aconseja para todos los partos. Los beneficia a todos, pero especialmente a los podálicos (los que presentan primero las nalgas o los pies).

Según el tipo de posición

Cuando el bebé está “solo” de nalgas (casi un 70% de los casos), el parto suele ser más sencillo que si presenta los pies o las nalgas más los pies. El motivo es que cuando solo empujan los pies, el cuello se dilata pero no lo suficiente para que pase la parte más ancha que viene después: el tórax y la cabeza del bebé.

Si se detiene, puede faltar mucho tiempo para que el cuello se dilate del todo.

En esta situación se puede esperar, siempre que el cordón umbilical no esté comprimido, por el riesgo de pérdida de bienestar por falta de riego y oxígeno.

En estos partos se controla el latido del bebé con auscultación electrónica o manual. Cuando el bebé ya ha salido hasta la altura del abdomen, se puede tocar y notar el latido directamente en el cordón y liberarlo un poco.

Si el bebé presenta las nalgas y los pies porque tiene las rodillas dobladas, el diámetro es mayor y puede haber dificultades para el encajamiento.

La protección de la bolsa

Siempre es mejor que la bolsa de las aguas esté intacta. En los partos normales, y en los podálicos con mayor motivo, facilita que el bebé salga protegido por un saco acolchado, porque reduce la compresión directa de su cuerpo o la del cordón umbilical, ejerciendo una presión más uniforme sobre el cérvix, que dilata suavemente con un mayor diámetro.

En el caso de los partos de nalgas, está abriendo desde el inicio un mayor espacio para el paso posterior de la cabeza.

Tampoco hay que preocuparse si se rompe sola, solo evitar exploraciones e intervenciones vaginales innecesarias. Ni es necesario romperla de modo artificial, salvo que se considere necesario según los protocolos de actuación en un parto detenido, o por otros motivos.

Cesárea inevitable

Existen ocasiones en las que hay que optar por una cesárea. Básicamente serán aquellas en que la cesárea está indicada por otro motivo, o bien si la versión externa fracasa, o la mujer no la acepta, y no se cumplen los criterios para un parto de nalgas con seguridad.

Un estudio realizado por la Dra. Mary Hannah, publicado en The Lancet en el año 2000, concluía que la cesárea es más segura que parir de nalgas.

A partir de entonces, muchos centros comenzaron a hacer cesáreas a todas las mujeres cuyo bebé estaba en podálica, si era su primer parto, y a muchas en su segundo embarazo, a no ser que llegaran en pleno parto.

Lamentablemente, se comenzó a perder el arte obstétrico y las habilidades prácticas para atender este tipo de partos. Los médicos y las matronas en formación no pudieron aprenderlos, porque apenas los veían.

Algunos centros mantuvieron el protocolo de permitir el desenlace natural del parto, con los controles y criterios de selección apropiados, tal y como ahora las sociedades científicas de medio mundo, y la española, empiezan a reconocer como adecuados.

Nuevas estudios sugieren que, tomando en cuenta otros factores, estos partos no son tan peligrosos, a la vez que se han ido reconociendo los efectos ocultos de las cesáreas, tanto las complicaciones como el riesgo de mortalidad, si el bebé no estaba enfermo.

¿Cuándo es necesaria una cesárea?

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Técnicas tradicionales

Algunos centros han sido pioneros en recuperar tradiciones de las parteras: el manteo, la acupuntura o la moxibustión. Hoy, las matronas se están formando para ofrecer alternativas, incluso en hospitales públicos, como el de la Plana (Castellón) o el Universitario Insular de Gran Canaria.

Manteo

Es una tradición de algunas culturas. La mujer se tumba en una tela larga y ancha a la altura de la pelvis, y dos personas la balancean rítmicamente. Es un movimiento que puede mover al bebé y ayudarlo a darse la vuelta, o facilitar la versión externa posterior.

Moxibustión

Es la aplicación de conos de artemisa calientes en un punto de acupuntura del pie sin llegar a tocar la piel. Puede hacerse en casa.

Sin riesgos

Hay que tener en cuenta que estas técnicas están siendo probadas, y aunque ya ofrecen buenos resultados, no es buena idea utilizar opciones que no tengan una base demostrada científicamente.

La postura idónea

Todo parto evoluciona mejor si la mujer elije la postura. En estos partos conviene evitar estar tumbada boca arriba porque así no se aprovecha la fuerza de la gravedad ni el movimiento libre de la pelvis, que ayudan el encajamiento y la salida del cuerpo del bebé con fluidez.

  • En caso de epidural: Es preferible usar una dosis pequeña y ajustada que permita a la mujer de parto mover las piernas. Si nota sensación de contracción, presión o molestia soportable, podrá empujar mejor desde un deseo e impulso fisiológico.
  • Sin anestesia: Cuando el parto transcurre sin anestesia, para facilitar la salida del bebé es ideal que la mujer adopte posturas a cuatro patas o en cuclillas. También puede probar las que la matrona o el médico crean que pueden ser de ayuda.
  • Si la salida se detiene: Crear una atmósfera de calma e intimidad facilita que la mujer produzca las hormonas necesarias y no se paralice por la tensión. A veces, apagar la luz un rato o hacer que los acompañantes que puedan estar creando ansiedad salgan reanuda más de un parto.

Notarlo con tus propias manos

  • Tocándote el abdomen puedes distinguir dónde están las nalgas del bebé y dónde la cabeza.
  • Las nalgas se palpan claramente como una estructura redondeada y firme, pero elástica, y la cabeza, como un balón duro de unos 10 cm de diámetro.
  • Uno de los dos está arriba, bajo las costillas, hacia un lado u otro –no siempre es el mismo–, y el otro descansa en la zona que está justo por encima del hueso púbico o está metido dentro de él.
  • Abarcándola con la mano, la cabeza se nota más dura. Al moverla ligeramente da una sensación que los libros antiguos describen como “peloteo”.

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