Razones contra el ayuno en el parto

PARTO RESPETADO

Razones contra el ayuno en el parto

El consumo de bebidas y alimentos ligeros durante el parto aporta confort y energía a la madre, no supone ningún riesgo y previene los posibles efectos negativos de la administración de suero intravenoso.

Blanca Herrera

30 de agosto de 2018, 22:07 | Actualizado a

"Nada por boca a las mujeres durante el parto.” Ésa ha sido la consigna durante años en muchos centros hospitalarios y clínicas donde se atienden partos. Y es que las mujeres embarazadas, y especialmente las mujeres de parto, han sido siempre consideradas auténticas “bombas de relojería”.

Este concepto dista mucho de la visión que en la actualidad se tiene del proceso del embarazo, parto, nacimiento y crianza. Hoy todo el mundo coincide en que no es una enfermedad. Sin embargo, esta práctica, como muchas otras, es una muestra de que en ocasiones lo que decimos no concuerda mucho con lo que hacemos.

La decisión de no dejar comer o beber a las mujeres durante el parto es un residuo de épocas pasadas.

En la década de los 50, el obstetra norteamericano Curtis Mendelson describió un cuadro de aspiración del contenido gástrico que se produjo en 66 embarazadas cuando éstas fueron sometidas a una anestesia general. El estudio tuvo tanto impacto que el síndrome de aspiración pulmonar de contenido gástrico se denominó Síndrome de Mendelson.

Lo que muchos profesionales desconocen es que hasta el propio Mendelson no instaba a dejar en ayunas a las mujeres durante el parto, sino a utilizar otros tipos de analgesia/anestesia, como la analgesia epidural en los partos que se prolongaban y que eran susceptibles de acabar complicándose, o en las cesáreas. Sin embargo, en nuestros días, muchos centros siguen manteniendo esta anacrónica consigna: ni agua a las embarazadas en el parto, como mucho una “gasita mojada para que te refresques la boca”.

Valorar la situación

Hay varios aspectos que hay que considerar. Para empezar, el Síndrome de Mendelson se produce aproximadamente en siete de cada 10.000.000 de partos. Si bien cuando ocurre es una situación grave, veremos después que hay formas de corregirla y prevenir sus secuelas sin restringir la ingesta a las mujeres en el parto.

Lo que ocurre actualmente es que por siete casos se está condenando a 9.999.993 mujeres a pasar un auténtico calvario. Sólo hay que pensar lo que supone estar durante horas sin comer o beber ni un poco de agua, realizando algún ejercicio físico y haciendo calor. Muchas mujeres afirman que ésta fue una de las experiencias que más les desagradó del parto: no poder tomar ni agua.

Si lo pensamos fríamente, dadas las actuales tasas de accidentes de tráfico, cualquier persona tiene más riesgo de sufrir un accidente de tráfico, y de tener que ser intervenido quirúrgicamente después, que de padecer un Síndrome de Mendelson intraparto. Así que, para ser coherentes, la Dirección General de Tráfico podría elaborar una normativa prohibiendo que cualquier persona que fuera a coger un vehículo no tomara nada por boca seis horas antes de conducir, para evitar que si tuviera un accidente de tráfico y hubiera que intervenirlo, o si por el desvanecimiento o el shock sufriera una aspiración de contenido gástrico, la cosa se complicara. Y para ser más precavidos, podríamos ponerles también una vía intravenosa. Estoy convencida de que si esto llevara consigo la retirada de puntos del carné de conducir, en menos de un mes más de media España lo perdía.

Consecuencias del ayuno

También es importante plantearnos qué efectos tiene el ayuno prolongado en las mujeres embarazadas y sus bebés.

El ayuno prolongado −y más concretamente la deshidratación− provoca fatiga y hace que aumenten en la sangre de la madre, y por lo tanto también en la del bebé, una serie de sustancias derivadas del metabolismo del ayuno −los cuerpos cetónicos− que afectan negativamente a ambos. Estos cuerpos cetónicos se generan por la puesta en funcionamiento de sistemas de obtención de energía a partir de las grasas de reserva, al no quedar glucosa disponible en el organismo.

Algunos estudios han demostrado que las mujeres embarazadas que permanecen en ayunas durante muchas horas empiezan a presentar peor ritmo de la dinámica uterina (por agotamiento), tienen más riesgo de tener fiebre (por deshidratación), niveles bajos de glucosa, peor tolerancia al dolor durante el parto, y una mayor tasa de estimulaciones con oxitocina sintética, partos más prolongados y partos instrumentales.

No olvidemos que las mujeres embarazadas llevan un bebé en su interior, un bebé que también nota los efectos del ayuno.

Es curioso que durante la gestación digamos a las embarazadas que deben comer y beber de forma frecuente, en poca cantidad y muchas veces al día, y durante el parto les restrinjamos la ingesta de cualquier alimento líquido o sólido. Además, es importante resaltar que la mayoría de las mujeres califican el ayuno prolongado como desagradable y explican que les genera una sensación de malestar importante, que empeora especialmente por el hecho de no poder tomar ningún líquido. Esta incomodidad y malestar puede, a su vez, someter a la madre a una situación de estrés innecesario que afecte al progreso del parto.

Efectos secundarios del suero

Para compensar estos efectos del ayuno durante el parto se recurre a la administración de sueros glucosados intravenosos a través de una vía. Sin embargo, la administración de fluidos intravenosos está lejos de ser la solución. Por una parte, no compensa el malestar que padecen las mujeres embarazadas por el hecho de estar en ayunas. Por otra, también pueden comportar efectos indeseables sobre las madres y los bebés. Son:

  • Edemas. Las soluciones de glucosa favorecen que salga el líquido del torrente sanguíneo hacia los tejidos, provocando edemas (hinchazón).
  • Hipoglucemia y dificultades respiratorias. El exceso de líquido puede ser peligroso para los bebés. Los recién nacidos a cuyas madres se ha suministrado varios sueros de glucosa durante el parto tienen mayor tendencia a tener hipoglucemias posparto. Además, como ellos también sufren el aumento de líquidos, pueden presentar dificultades respiratorias transitorias tras el nacimiento (pulmón húmedo), así como descompensaciones de los electrolitos que afectan a su adaptación a la vida extrauterina.
  • Pérdida de peso y riesgo de fracaso de la lactancia. Esta cantidad excesiva de líquidos también puede dar lugar a una importante pérdida de peso del bebé tras el parto. En realidad no pierde peso, sino que tenía un exceso de líquido que ha eliminado. Pero, claro, esta circunstancia se asocia rápidamente a que el bebé no está mamando lo suficiente y se está quedando con hambre... y se le empieza a suplementar con leche artificial, sin entender que lo que el bebé ha perdido es el exceso de líquido que había recibido en el parto. Estos suplementos de leche ponen en riesgo la lactancia materna.
  • Ictericia neonatal. El líquido de los sueros también afecta a sus glóbulos rojos, que se hinchan exageradamente. Esto acentúa la rotura normal de hematíes que se produce tras el nacimiento, aumentando la incidencia de ictericia neonatal. Los bebés se ponen amarillos y en algunas ocasiones precisan el ingreso en unidades neonatales para su tratamiento, como también sucede cuando la madre ha tenido fiebre en el parto o si el bebé ha tenido una hipoglucemia o ha presentado dificultades respiratorias, aunque hayan sido transitorias. Todos estos motivos de ingreso, aunque sean temporales, afectan a la vinculación de la madre y el bebé en las primeras horas o días de vida, momentos en los que madre y bebé deben permanecer en contacto íntimo para favorecer el vínculo afectivo y la lactancia materna.
  • Ingurgitación mamaria. Como ya hemos comentado, al administrar tan- tos fluidos y éstos tener tendencia a salirse del torrente sanguíneo −ayudados por el efecto antidiurético que tiene la oxitocina sintética−, en los primeros días después del parto, especialmente en el segundo y tercero, muchas mujeres pueden tener edemas. Estos pueden aparecer en las piernas, la vulva, y muy especialmente en las mamas. Es la llamada plétora mamaria o ingurgitación mamaria: los pechos se abultan y parecen enormes, como si estuvieran llenos de leche. Pero en realidad no es leche, sino líquido fuera de su sitio. Este líquido pone el pecho en tensión y dificulta que el bebé pueda engancharse bien para mamar. A la madre, esta presión le produce un gran dolor. También le causan molestias los intentos fallidos del bebé de engancharse al pecho. Así, pueden acabar retirando la lactancia “porque el bebé no se engancha”.

Finalmente, el hecho de que a las mujeres se les ponga una “vía venosa periférica” en el brazo resulta molesto y en ocasiones puede causar un hematoma o una extravasación de líquido. No son actuaciones inocuas y habría que valorar si son necesarias o no.

Es importante conocer que, en ocasiones, estas medidas se utilizan de forma indiscriminada con mujeres que tienen un parto espontáneo, sin complicaciones, y que, finalmente, resultan innecesarias y perjudiciales.

Es cierto que habrá casos en los que habrá que usarlas, pero será en circunstancias especiales. En cualquier caso, las mujeres y sus familias deberían recibir la información que justifique la aplicación de estas medidas.

Contraindicaciones reales

La prohibición de comer y beber durante el parto debería quedar reservada a mujeres cuyos embarazos hayan tenido algún factor de riesgo importante y que se puedan complicar.

En cualquier caso, la ingesta de pequeñas cantidades de agua o de bebidas isotónicas claras no debería estar contraindicada. Conviene recordar que, en los últimos años, a los pacientes quirúrgicos se les está iniciando la tolerancia oral de forma muy precoz y se les permite tomar bebidas suaves hasta poco antes de la intervención.

¿Y si hay que operar?

En las mujeres embarazadas es muy difícil que el ayuno prolongado asegure que su estómago esté vacío (menos de 25 cc). El mero hecho de estar embarazada dificulta el vaciamiento gástrico, por el efecto físico de la presión del útero sobre el estómago y por el efecto hormonal de la progesterona. Esto hace que el estómago permanezca lleno mucho más tiempo; de hecho, muchas mujeres pueden vomitar la cena o el almuerzo del día anterior.

Por otra parte, lo más peligroso del Síndrome de Mendelson (aspiración del contenido gástrico) es que el líquido aspirado sea muy ácido, y éste será más ácido cuanto más tiempo pase una mujer en ayunas. Por lo tanto, pasar hambre y sed no es conveniente.

Antes que privar a todas las mujeres de comer y beber, sería más importante centrarnos en evitar las causas de que aparezca el Síndrome de Mendelson y su gravedad, por ejemplo:

  • Disminuir la necesidad de practicar una cesárea. Los protocolos de parto fisiológico facilitan el parto y disminuyen la tasa de cesáreas, es decir, de intervenciones quirúrgicas y sus riesgos asociados.
  • Permitir la ingesta de pequeñas cantidades de líquido (o alimentos sólidos), tales como bebidas isotónicas, zumos claros o agua, a las mujeres durante el parto.
  • Si es preciso realizar una cesárea, procurar practicarla con anestesia loco-regional (anestesia por bloqueo nervioso de la zona implicada en la intervención por vía intravenosa y/o inhalatoria), que no presenta riesgo de aspiración pulmonar.

En ese caso, es importante realizar una intubación adecuada y, previamente, una premedicación específica para reducir el Ph estomacal en el momento de la misma.

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