Retrasemos la separación del bebé de la placenta

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Retrasemos la separación del bebé de la placenta

Justo tras el parto tiene una labor igual de relevante que la que desempeña durante los nueve meses de gestación. Retrasar el corte del cordón le ofrece al recién nacido beneficios a corto y a largo plazo.

Robin Lim

16 de febrero de 2018, 07:00 | Actualizado a

En nuestra cultura moderna, no pensamos en nuestros cordones umbilicales ni tampoco en nuestras placentas. Hoy en día, casi todos los hospitales de Occidente, simplemente, se deshacen de las placentas de los bebés tirándolas como meros residuos médicos. ¿Cómo ha sido que algo fundamental para nuestra supervivencia y nuestro bienestar futuro haya perdido su importancia y haya llegado a ser considerada como basura? Esta idea nació de una terrible revolución que tuvo lugar en el siglo XX, empujada por el impulso de la sociedad para dominar la naturaleza, y a la cual el Dr. Michel Odent, especialista en obstetricia y en parto en el agua, denomina como "la industrialización del nacimiento".

La realidad actual del parto

El proceso natural de traer una nueva vida humana al mundo se ha convertido en un acontecimiento médico en el que la futura madre es hospitalizada y medicada, y el bebé es extraído de ella, no parido por ella. De alguna manera, en un intento de hacer del nacimiento algo seguro, la ciencia se utiliza como medio de prevención, y el nacimiento se convirte en un proceso apresurado de alta tecnología para rescatar al bebé del vientre de la madre.

Para los bebés, la transición hacia la vida en la Tierra se convirte en una rigurosa sucesión de protocolos en los que se corta el perineo de la madre para ensanchar la vagina y acelerar el parto. El bebé, con frecuencia inerte debido a las sustancias farmacológicas suministradas a la madre durante el parto, es tratado de forma ruda, incluso colgado cabeza abajo y azota do en las nalgas para estimular la respiración. Se pinza y corta inmediatamente el cordón umbilical, sin prestar atención al trauma provoca do a largo plazo por una repentina y violenta separación del bebé de la madre y de la placenta.

Se lleva a la madre a una sala de recuperación para descansar mientras el bebé, que ella ha llevado debajo de su corazón a lo largo de nueve meses, queda aislado en una cuna y es alimentado con un biberón.

La placenta, la heroína de la gestación, es tirada a la basura para su incineración.

El milagro, que en un tiempo perteneció a las familias, es ahora propiedad de las instituciones médicas. La ciencia médica, que cuando es bien aplicada se encarga de salvar vidas, ha perdido su rumbo en el territorio de los nacimientos. La medicina se separó de la naturaleza y olvidó el respeto a la diversidad de la cultura y la tradición humana. De algún modo, en la aplicación de tal eficiencia, perdimos nuestra humanidad en el momento culminante y más tierno de la vida: el nacimiento de un niño.

Antes del agresivo apoderamiento del parto por parte de la clase médica, las comadronas, enfermeras, asistentes tradicionales, abuelas o cualquier mujer que ayudara al parto de otra esperaban pacientemente antes de separar al bebé de su placenta cortando el cordón umbilical.

En el parto es importante asegurarse de que el bebé, la placenta, la madre y la familia están verdaderamente preparados para cortarlo, porque rompe la unión física existente entre el recién nacido y su placenta.

Opiniones de especialistas

Hace más de dos siglos, doctores como Charles Darwin (creador de la teoría de la evolución de las especies) comenzaron a cuestionar el corte inmediato del cordón umbilical, que era un protocolo que se había puesto de moda, e incluso que se había convertido en una costumbre entre el personal médico que atendía los partos.

La práctica de cortar la conexión madre-placenta-bebé rápidamente y de forma clínica empezó a practicarse solo después de que los hombres se hicieran cargo de la gestión de los partos.

Hoy en día, comadronas y doctores todavía cuestionan el acierto de pinzar y cortar el cordón precozmente. "Otra cosa verdaderamente dañina para el bebé es atar y cortar el cordón umbilical demasiado pronto. Se debería dejar siempre, no solo hasta que el bebé haya respirado repetidamente, sino hasta que cese toda pulsación en el cordón. De otra manera, el bebé es mucho más débil de lo que debería ser, porque le falta una parte de la sangre que se queda en la placenta y que pertenece al bebé", decía Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin (Zoonomia,1801).

Por su parte, la revista Cellular and Molecular Medicine publicaba en el año 2009 un texto bajo el título "Mankind's first natural stem cell transplant" (Primer trasplante natural de células madre para la humanidad), en el que se recogían las siguientes palabras:

"Retrasar el pinzamiento del cordón umbilical durante un periodo de tiempo un poco más largo permite que se transfiera un mayor volumen de sangre de la madre al hijo, y si ese momento tan importante se alarga un poco más, se transfieren también muchos 'dones' fisiológicos a través del 'primer tranplante natural de células madre' que ocurre en el parto".

Y el doctor francés Michel Odent opina al respecto que: "Debemos tener en mente que el corte del cordón umbilical es originalmente un ritual inseparable de los mitos (como, por ejemplo, también lo es la creencia extendida de que el calostro es dañino) que lleva a la separación anticipada entre la madre y el recién nacido. Si fuera posible neutralizar los efectos de esas creencias y rituales tan profundamente enraizados, no habría ninguna excusa para separar al neonato de su madre".

Por consiguiente, ¿realmente resulta necesario pinzar y cortar el cordón umbilical de los bebés? Comadronas pioneras como Jeannine Parvati, Mary Kroeger e lna May Gaskin no recomiendan esos protocolos médicos innecesarios, lo mismo que pienso yo.

Fortalecer sus defensas

Retrasar el pinzamiento del cordón (o no hacerlo) es el modo fisiológico de tratarlo, y cortarlo de forma prematura necesita una justificación.

Un nacimiento Lotus completo, que implica dejar el cordón intacto hasta que se seque y se desprenda naturalmente (entre los tres y los nueve días), es el modelo ideal de no intervención y de no violencia. Es una buena opción para los que desean evitar protocolos médicos innecesarios. Pero esperar a que nazca la placenta, de modo que la familia vea al bebé con el cordón y la placenta intactos, es ya un nacimiento Lotus, puesto que así el bebé ha obtenido el 99% de sus beneficios en las primeras horas tras el parto.

Nuestra supervivencia depende de la fortaleza de nuestros sistemas inmunológicos individuales. Siendo respetuosos durante la transición hacia el nacimiento, damos a nuestros hijos el mejor comienzo posible y protegemos el auténtico cimiento de sus sistemas inmunitarios.

Protectora de la madre y de su hijo

En el embarazo, este órgano no solo es capaz de reconocer las necesidades del bebé, sino que también se las cubre.
La placenta, la raíz de tu origen, es un órgano milagroso que protege tu vida. Es el hilo conductor que te une con tu madre y que hace de panel de control del vientre-buque que te mantiene hasta que naces.

Fue concebida en el momento de tu creación. Tanto la placenta como el bebé surgen de la unión del espermatozoide y del óvulo, y su origen compartido los hace genéticamente idénticos. Aunque compartes algo de la identidad genética de tus padres, a menos que tengas un hermano gemelo monocigótico (idéntico), nada ha sido nunca tan perfectamente exacto a ti, excepto ella.

Cada uno de nosotros hemos compartido la matriz con nuestra placenta. Tu placenta creció contigo. Durante la gestación, tu placenta os protegió, a ti y a tu madre, aportando los nutrientes esenciales y el oxígeno necesario, así como eliminando los residuos a través del laberinto de la circulación placentaria y el sistema de circulación sanguínea de tu madre.

Así pues, la placenta es un recurso crucial para el bebé, tanto dentro del útero como después del nacimento. El escritor y pensador islámico Harun Yahya dijo que no se debe olvidar que este órgano compuesto por células es el responsable de llevar a cabo la selección, el intercambio, el almacenaje y el transporte de los nutrientes.

Por ejemplo, sabe si hay necesidad de hierro, lo elige de entre otras sustancias y sabe cómo tiene que ser usado. No es un humano el que tiene ese conocimiento, sino un grupo de células llamadas placenta. El hecho de que una célula pueda reconocer un elemento es, sin duda, un milagro, y lo que es más increíble aún es que pueda tomar la sustancia adecuada, en la cantidad requerida y transportarla a un lugar determinado.

Para saber más

Texto extraído y adaptado del recomendable libro La placenta. El chakra olvidado, de Robin Lim (Ob Stare)

Abuela y comadrona, se define a sí misma corno una "guardiana del nacimiento". En 2011 fue nombrada Heroína del Año por la CNN en reconocimiento a su labor humanitaria en favor de la paz y de la atención sociosanitaria.

La fundadora y directora de Yayasan Ibu Bumi Sehat Birth Center en Bali (Indonesia) nos transmite claramente con esta obra que su gran compromiso es realizar una revolución pacífica del nacimiento. En sus páginas profundiza sobre la importancia que tienen determinadas condiciones que envuelven al momento del embarazo, el parto y los primeros días, así como también traza los lazos que quedarán dibujados para toda la vida de ese bebé:

"Imagínate un mundo en el que cada ser humano nace con una capacidad intacta para amar. ¡Creémoslo ahora!". Este es el primer libro que aborda especialmente a la placenta como protagonista, ya que para Robin Lim "este libro es una investigación que ha nacido de mi fascinación, respeto e incluso amor por las placentas. Creo en el poder de las preguntas, incluso si la respuesta nunca pudiera ser hallada". Es todo un tributo a este órgano reponsable de velar por la vida de la mujer y del bebé, con el fin de que se la valore y se le dé la trascendencia que realmente tiene para nuestras vidas.