Vivir el parto con placer

LIBRO RECOMENDADO

Vivir el parto con placer

Una perfecta combinación de hormonas hace del momento crucial del nacimiento una experiencia gozosa, siempre que se respeten las necesidades de la mujer: un entorno cálido y sin distracciones.

Michel Odent

15 de agosto de 2018, 07:00 | Actualizado a

El siguiente artículo ha sido extraído y adaptado del muy recomendable libro de Michel Odent Las funciones de los orgasmos (Editorial Ob Stare)

Después de miles de años de partos controlados culturalmente, los recientes y espectaculares avances en el campo de la fisiología nos facilitan las claves para redescubrir los últimos peldaños en la escalera del nacimiento. Y ascender los últimos escalones de la escalera del parto es lo mismo que dar a luz mediante el "reflejo de eyección del feto".

Este término fue introducido por Niles Newton en los años 60 cuando estaba estudiando los factores ambientales que pueden intervenir desfavorablemente en el proceso del nacimiento de las hembras de los ratones.

El auténtico reflejo de eyección del feto se da cuando un bebé humano nace después de una serie de contracciones irresistibles que no permite ningún movimiento voluntario. En tales circunstancias, es obvio que el neocórtex –la parte del cerebro que regula las actividades intelectuales– está desactivado, y, por tanto, no controla las estructuras cerebrales arcaicas que están al mando de las funciones vitales del cuerpo, como dar a luz.

Las mujeres pueden comportarse de modos normalmente inaceptables: pueden gritar, insultar o comportarse de forma maleducada, por ejemplo.

En tal momento, parece que se desconectan del mundo y se olvidan de lo que se les ha enseñado y de lo que habían planeado. Durante el reflejo de eyección del feto, las mujeres pueden adoptar posturas sorprendentes, cuadrúpedas, extrañas, a menudo primitivas, mamíferas. Parece que estén en "otro planeta". En el momento exacto del nacimiento y durante los siguientes minutos, mientras inician la interacción con su bebé, estas madres parecen sumidas en un estado de éxtasis.

Escalando la cima con calma

Hasta hace poco tiempo, se desconocía qué era el reflejo de eyección del feto por varias razones. La más importante es que casi nunca se satisfacen las necesidades básicas de las mujeres cuando están alcanzando la cima durante el parto.

Sus necesidades no son cubiertas porque tampoco son comprendidas.

Pero hoy tenemos los conocimientos que nos permiten explicar que una mujer de parto necesita sentirse protegida de cualquier estimulación de su neocórtex. Y puesto que el lenguaje es un estimulante específicamente humano de nuestro «cerebro mayor», estamos en condiciones de redescubrir la importancia del silencio.

También la luz es un conocido estimulante del neocórtex. Es interesante observar cómo, cuando las mujeres no están influenciadas por lo que hayan podido leer o aprender, se colocan habitualmente en posturas que eliminan cualquier estimulación visual (por ejemplo, a cuatro patas).

Si la mujer se siente observada, y, por tanto, juzgada, también se activa su neocórtex.

La percepción de un posible peligro es otra situación típica que requiere atención y alerta. En otras palabras, una mujer de parto necesita sentirse segura.

Cuando el nacimiento parece inminente, las personas que asisten a la mujer en el parto tienden a ser todavía más invasivas, y ésta es otra de las razones por las que el reflejo de eyección del feto ha sido ignorado hasta hace muy poco. Quien comprende bien el concepto, sabe que durante las últimas contracciones, en situaciones fisiológicas óptimas, se produce un aumento explosivo de los niveles de catecolaminas (hormonas de la familia de la adrenalina). La mujer, que hasta el momento se ha mostrado pasiva, parece súbitamente estar llena de energía; tiende a adoptar posiciones erguidas, y muestra la necesidad de agarrarse a algo o a alguien.

El reflejo de eyección del feto nunca ocurrirá si algún participante adopta el rol de entrenador, observador o que simplemente quiere ayudar. También puede ser inhibido si se realizan exámenes vaginales o por la imposición de un cambio de escenario, como el trasladado a una sala de partos.

El reflejo se inhibe cuando el intelecto de la mujer es estimulado por cualquier tipo de lenguaje racional, como cuando un médico dice: “Es el momento de empujar”. Es decir, si interferimos, corremos el riesgo de que la mujer “vuelva a la tierra”, y el reflejo de eyección del feto se transforme en una segunda fase del parto que requerirá movimientos voluntarios.

El poderoso flujo hormonal

No podemos interpretar el reflejo de eyección del feto en el contexto científico actual sin tener en cuenta las complejas interacciones entre los componentes del poderoso flujo hormonal que se produce en un momento tan breve e importante:

  • la oxitocina
  • las endorfinas
  • la prolactina
  • la vasopresina
  • las hormonas de la familia de la adrenalina
  • probablemente la melatonina...

Es muy útil, desde un punto de vista práctico, entender la complejidad de los efectos de las hormonas de la familia de la adrenalina, y también las ventajas evolutivas de tal complejidad.

Cuando hablamos de los efectos de la “adrenalina”, primero debemos aclarar que este término se usa habitualmente como una forma abreviada y rápida de referirse a las hormonas de la familia de la adrenalina, llamadas catecolaminas.

En realidad, siempre hay una mezcla de adrenalina y noradrenalina, y cada una de estas sustancias tiene propiedades ligeramente distintas. Puede que una de las dos predomine, dependiendo de la situación.

La “adrenalina” es una hormona que los mamíferos liberan en situaciones de emergencia, especialmente cuando tienen miedo, cuando se sienten observados y cuando tienen frío. Es importante entender que, en general, inhibe la secreción de oxitocina, hormona clave durante el nacimiento, puesto que juega un papel importante a nivel mecánico, induciendo y manteniendo las contracciones uterinas necesarias para el nacimiento del bebé y el alumbramiento de la placenta, y es, además, la principal “hormona del amor”.

Esta comprensión del antagonismo entre adrenalina y oxitocina nos permite explicar que la “adrenalina” es el freno que pospone todos los episodios de la vida sexual de los mamíferos cuando la supervivencia de los individuos está amenazada y cuando es prioritario hacer acopio de energía para luchar o huir. Este caso se da, por ejemplo, cuando una hembra en la jungla percibe la presencia de un depredador: no puede dar a luz hasta que no se sienta segura.

La correcta comprensión del antagonismo adrenalina-oxitocina también nos permite analizar las necesidades mamíferas básicas de la mujer de parto: necesita sentirse segura, sin sentirse observada, en un lugar suficientemente cálido.

La realidad es que no podemos ignorar la complejidad de los efectos de las hormonas de la familia de la adrenalina durante los minutos anteriores y posteriores al nacimiento. La complejidad de tales efectos no nos debe sorprender, puesto que depende del ratio entre adrenalina y noradrenalina, y también porque en el útero hay dos tipos de células que son sensibles a la adrenalina.

Cuando los “receptores beta” se ven implicados en el proceso, las hormonas de la familia de la adrenalina tienden a frenar o dificultar la actividad del músculo uterino. Éste parece ser el efecto predominante durante la fase inicial y pasiva del parto.

Pero también existen los “receptores alfa”, que provocan efectos opuestos y estimuladores del músculo uterino.

Parece que cuando el componente predominante de las catecolaminas es la noradrenalina, son estos últimos los que se activan. Ésta es la interpretación que podemos dar al efecto transitorio y paradójicamente estimulante de las hormonas de la familia de la adrenalina en el potente y rápido reflejo de eyección del feto.

Estos fenómenos tienen ventajas evolutivas obvias. Si se produce un incidente amenazante al principio del parto, es ventajoso posponer el nacimiento y permanecer en un estado de actividad muscular que permita luchar o huir. Contrariamente, si se ha pasado ya del punto de no retorno, entonces es ventajoso dar a luz lo más rápido posible.

El auténtico clímax

En el preciso momento en que el bebé nace, la cima de la escalera no está lejos. De todas formas, se llega a ella un poco más tarde, cuando la madre empieza a descubrir a su recién nacido.

Ésta es otra razón que explica por qué los estados orgásmicos/extáticos asociados al nacimiento han sido ignorados has- ta hace muy poco. Es fácil interrumpir bruscamente un estado orgásmico.

En cuanto nace el bebé, siempre hay una necesidad irracional de actividad, ya sea necesidad de hablar o de hacer algo, que ha sido ritualizada en muchas sociedades, y es un hecho común a casi todas ellas negar la necesidad de privacy (intimidad y privacidad) de la madre.

Muchas mujeres han confirmado la importancia de lo que sucede durante los primeros minutos. El contexto científico actual nos permite interpretarlo.

Disponemos de gran cantidad de datos acumulados que confirman la profunda conmoción hormonal que se produce en los minutos anteriores y posteriores al parto. El equipo de Kerstin Uvnäs-Moberg ha demostrado que justo después de dar a luz la madre puede llegar a un pico de oxitocina todavía más alto que el alcanzado durante el parto.

Así pues, podemos concluir razonablemente que el pico máximo de hormona del amor que una mujer puede liberar a lo largo de su vida se produce inmediatamente después del nacimiento del bebé.

Este pico de oxitocina es vital, puesto que es necesario para un correcto alumbramiento de la placenta con pérdida de sangre mínima, y también porque ésta es la principal hormona del amor. Si añadimos además que, según Regina Lederman, el nivel de “adrenalina” puede volver a la normalidad sólo tres minutos después del parto, podemos comprender que la madre humana vive una experiencia similar a la del orgasmo.

Sensaciones comunes

Desde una perspectiva hormonal, las similitudes entre los reflejos de eyección del feto, del esperma, de la leche materna y el orgasmo femenino son obvias.

El mismo cóctel hormonal está implicado en todos los episodios de la vida sexual. Este cóctel incluye siempre la liberación de oxitocina, la hormona de la calma y el amor, y también la liberación de morfinas naturales, seguidas por la liberación de prolactina.

El interés médico por el reflejo de eyección de la leche en los humanos es reciente. Ahora sabemos que la oxitocina empieza a ser liberada casi siempre justo antes de que el bebé empiece a mamar. En el momento en que se produce la estimulación de la succión, se genera una segunda liberación de oxitocina.

La oxitocina tiene que ser liberada de forma pulsátil para ser efectiva. Un estudio comparó dos grupos de madres y sus respuestas hormonales al amamantar dos días después del parto: las que habían dado a luz por vía vaginal presentaban un número mayor de pulsos que las que lo habían hecho mediante cesárea. Es más, existía una correlación entre el número de pulsos y la duración de la lactancia materna exclusiva.

Este estudio demostró los fuertes vínculos existentes entre el funcionamiento del sistema de la oxitocina durante el parto y la lactancia.

Los niveles de opiáceos naturales maternos experimentan una subida durante la lactancia, y su papel como sustancias liberadoras de prolactina está bien documentado. Hay que mencionar la importancia de los opiáceos durante el proceso de nacimiento y durante los orgasmos de la sexualidad genital. Las endorfinas también son componenentes obligatorios de este cóctel.

Se han hallado endorfinas en la leche humana, particularmente en la de los primeros días después del nacimiento. La leche humana también contiene sustancias similares a las benzodiazepinas, cuyo efecto principal es el alivio de la ansie- dad. Para los investigadores suecos que lo demostraron, quizá era una herencia de la época de nuestros ancestros, siempre amenazados por depredadores, por lo cual los bebés debían estar relajados y en silencio.

Para saber más

El Dr. Michel Odent es un pionero: en los 70 introdujo los conceptos “salas de partos como en casa” y “piscinas de partos” en las maternidades hospitalarias. Autor de más de 12 libros, traducidos a 22 idiomas, sigue luchando para que nuestros bebés nazcan y crezcan impregnados de hormonas del amor.

En su camino por demostrar y difundir que las mujeres están preparadas para parir sin intervenciones si se respetan sus necesidades, Michel Odent se detiene en este libro a estudiar y explicar cómo y cuándo actúa la oxitocina.

Nos cuenta que esta hormona es protagonista en los principales escenarios que aseguran la supervivencia de nuestra especie: durante el parto, en la relaciones sexuales y durante el amamantamiento.

La presencia de la hormona del amor asegura que todas estas actividades sean lo suficientemente placenteras como para que se repitan.

Y recorriendo estos escenarios vemos que la oxitocina se muestra como una hormona “tímida”, que se inhibe con facilidad. En cada una de estas circunstancias la mujer necesita intimidad, seguridad y un ambiente cálido, silencioso y en penumbra.

También necesita que el neocórtex −el nuevo cerebro−, que controla nuestra faceta más intelectual, quede inactivo para que el cerebro más primitivo tome las riendas.

Sólo cuando no se interviene, ni cultural ni médicamente, la hormona del amor reina antes, durante y después del nacimiento de nuestros hijos.

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