Aliviar un resfriado

SALUD BEBÉ

Aliviar un resfriado

Hasta que no los pase y se inmunice contra los virus, tendrá muchos. Mientras, se trata de intentar que los síntomas sean más llevaderos.

Luis Ruiz

25 de diciembre de 2018, 07:00 | Actualizado a

Son solo mocos. Está acatarrado. Es solamente un virus. Los pediatras repetimos estas frases una y otra vez en esta época del año.

Tras las primeras semanas de colegio o guardería, los padres acuden a la consulta en busca del medicamento que acabe con la tos y la mucosidad que no dejan vivir a su hijo, pero en la mayoría de los casos lo único que se les puede dar es un antitérmico para bajar la fiebre y mejorar el estado general.

Los procesos víricos que el niño tiene que pasar una vez se le acaban las defensas pasivas que obtuvo de su madre a través del cordón umbilical o de la leche son muchos. Pero la mayoría tendrá poca repercusión.

Ante un proceso de este tipo, lo más importante es estar atentos a las reacciones de nuestro hijo. Nadie lo conoce como nosotros, por lo que si vemos que no responde a los estímulos habituales, rechaza el pecho, vomita o tiene cualquier otro síntoma que nos inquieta, lo mejor será que nos acerquemos a una consulta médica.

La fiebre suele ser uno de los que más preocupa, pero, salvo en los casos en que ha habido una convulsión, no es más que un síntoma que refleja un mecanismo de defensa del organismo: el aumento de temperatura corporal incrementa la rapidez de circulación sanguínea y las reacciones de defensa de las células sanguíneas y los mecanismos de protección antiinfecciosos.

Si el niño tiene mocos que le provocan tos y no existen otros síntomas respiratorios mayores (coge aire sin dificultad, no se ahoga, está tranquilo salvo cuando tiene accesos de tos, con mucha frecuencia nocturnos o al cabo de un rato de haberse dormido...), la limpieza nasal será una buena herramienta para ayudarlo a respirar y descansar mejor. Si toma pecho, despejarle la nariz será una medida imprescindible para que pueda mamar con relativa tranquilidad.

Mejorar la respiración

Las técnicas para humedecer los mocos con suero fisiológico son tan variadas como el número de pediatras: cada uno de nosotros tenemos nuestra forma ideal. Como no está científicamente comprobado que alguna de ellas sea más eficaz y menos peligrosa que las otras, seguramente la mejor forma de eliminar los mocos nasales será la que a cada familia, y a cada bebé, le resulte más cómoda.

De todos modos, yo tengo mis propias preferencias. El sistema que he utilizado siempre con mis hijos, y el que recomiendo a mis pacientes, consiste en introducir abundante suero fisiológico, pero muy despacio. ¿Por qué? Seguramente, la idea de usar este líquido para aliviar la congestión que causan los resfriados surgió cuando alguien se dio cuenta de que cuando lloramos eliminamos secreciones por la nariz, ya que las lágrimas, además de rodar por nuestras mejillas, también descienden hacia las fosas nasales.

Así, el suero hace la misma función que las lágrimas, que van cayendo despacio.

Poner el suero de este modo, contrariamente a lo que hemos visto hacer a algunos padres, es, simplemente, un acto de sentido común. A nadie se le ocurre aplicar líquido a presión para eliminar una sustancia seca de una superficie delicada, sino que la dejamos en remojo para que se reblandezca y se desprenda suavemente. Si los mocos están firmemente adheridos a la pared nasal, el suero pasará rápidamente y no será de gran ayuda. Otra razón para instilarlo con suavidad es que haciéndolo a presión podríamos empujar la mucosidad hacia los oídos.

Las lágrimas no están a temperatura ambiente, sino a temperatura corporal. Así pues, permitidme una última sugerencia: si templáis el suero, el niño lo aceptará mejor.

La mucosa nasal es muy sensible, ni siquiera nosotros toleraríamos bien que nos introdujeran un líquido frío por la nariz.

Cómo eliminarlos

El siguiente objetivo es conseguir que el niño se suene. Este es un aprendizaje que requiere su tiempo. Mientras los niños no son capaces de hacerlo solos, algunas personas utilizan aspiradores de plástico o las típicas y anacrónicas perillas de goma, hoy totalmente desaconsejadas.

La naturaleza tiene un mecanismo muy simple: el estornudo.

Cuando alguna sustancia irrita nuestra mucosa nasal, se produce un estornudo, que no es más que una tos con el paladar blando colocado hacia abajo, que provoca que el aire salga por la nariz de forma brusca. ¿Cómo podemos ayudar a nuestro hijo? Una vez los mocos se han humedecido, podemos decirle que coja aire y sujetarle suavemente la mandíbula. Con la boca cerrada, seguramente estornudará o, soplando, aprenderá a sonarse.

Cuando no son visibles

A veces sospechamos que el niño tiene mocos porque respira con la boca abierta. Si es un lactante, las babas parecen tener espuma y son pegajosas: permiten hacer un filamento entre los dedos. Una acción que nos permite comprobar si hay mocos o algún otro tipo de obstrucción nasal es cerrar la boca del bebé presionando suavemente el mentón hacia arriba, manteniendo sus labios juntos. En apenas unos segundos intentará desembarazarse para respirar por la boca.

También en este caso, humedecer las vías respiratorias con suero fisiológico será una buena opción. En primera instancia, el niño tendrá una mayor dificultad para respirar por la nariz, ya que, con el líquido, el volumen de esos mocos que estaban adheridos a las paredes nasales aumenta. Si seguimos humedeciendo la zona, el mismo niño eliminará la mucosidad mediante un estornudo, o si es mayor, sonándose. Incluso es posible que llegue a tragárselos.

Con estas medidas, y la vigilancia de los síntomas de alarma, tenemos suficientes herramientas para ayudar a nuestros hijos a pasar esos inevitables cuadros catarrales con el mayor bienestar posible.