Bebés que respiran por la boca

Salud bebé

Bebés que respiran por la boca: causas y problemas derivados

Un síndrome que puede desencadenar en serios problemas para la salud del niño.

Luis Ruiz

24 de enero de 2017, 16:34 | Actualizado a

Una obstrucción nasal puede acabar desencadenando el síndrome del respirador bucal. Su diagnóstico y tratamiento es a menudo complejo.

La respiración es una función vital. Permite el intercambio de oxígeno y de dióxido de carbono entre nuestra sangre y la atmósfera. Idealmente, respiramos por la nariz. “La nariz es para respirar y la boca es para comer”, nos decían de pequeños nuestros padres o “no hay que ponerse cosas en la boca que puedes atragantarte y ahogarte”, insistían. O “cierra la boca no te vaya a entrar una mosca”. Estas frases y otras muchas dejaban bien sentado que la boca y la nariz hacen pareja, van de la mano, están comunicadas, pero cada una tiene su función.

Respiración bucal en bebés

La boca está preparada para comer y para esto tiene unas características tan especiales. Por ejemplo, tiene muchas bacterias que podrían producir infecciones en otras partes del cuerpo, pero que ahí se establecen de forma ecológica. En la boca se encuentran los dientes, que como sabemos cortan, desgarran y chafan los alimentos para facilitar la digestión. También hay la saliva, que, además de mantener la mucosa húmeda, permite iniciar la digestión y hacer que los alimentos pasen con facilidad y se deslicen a través de la faringe y del tubo digestivo. Tiene también efectos antiinfecciosos y muchos anticuerpos para combatir las enfermedades en esta puerta de entrada de nuestro organismo.

Por último, hay una gran cantidad de vasos sanguíneos que consiguen tener alimentada y protegida toda la mucosa de la boca.

No es una enfermedad

Pero esta maravilla de la naturaleza que es nuestra boca, con todas estas características antiinfecciosas, antitraumas, reparadoras, no tolera el aire. No está hecha para respirar. Está hecha para comer. Porque el órgano especializado que tenemos para respirar es la nariz , y cuando esta no realiza su función y se respira por la boca, se generan trastornos diversos.

El respirador bucal es fácil de describir: es aquella persona que no puede respirar por la nariz y que continuamente lo hace por la boca. Esto no es una enfermedad, sino que provoca lo que los médicos llamamos un “síndrome” que tiene diversas causas, diferentes mecanismos de producción de los síntomas y múltiples tratamientos. En este caso es un síndrome abordado desde distintas disciplinas.

Boca y nariz se estudian y cuidan desde la visión de múltiples ciencias: otorrinolaringología, odontología, estomatología, alergología, logopedia, neumología... Además, por las consecuencias que origina este síndrome, también va a atraer a otros campos de la medicina, y va a ser diagnosticado y tratado desde la traumatología, la ortopedia o la psicología.

De hecho, una de las dificultades más importantes, sino la que más, que genera el diagnóstico y tratamiento del respirador bucal es que, como afecta a múltiples disciplinas, hay una falta de visión global que impide que se avance en el tratamiento definitivo, siendo muchas veces tratado parcialmente por unos u otros, y mejora solo parcialmente la sintomatología, sin conseguir lo que una visión más holística podría lograr.

Efectos múltiples de respirar por la boca

Los síntomas que se manifiestan también son muy variados. Los más comunes se relacionan con la falta de aire o la insuficiencia respiratoria, que se asocia muy a menudo con un cansancio rápido durante el ejercicio físico, que puede dificultar actividades sencillas como correr o jugar a la pelota. También se manifiesta en una disminución de los sentidos asociados, es decir, el olfato y el gusto. Y en halitosis y boca seca.

Respirar por la boca también suele afectar al sueño: dormir mal, tener sueño durante el día, ojeras, despertarse frecuentemente atorado durante la noche, etc. Incluso aparecen síntomas menos previsibles como salpicar saliva al hablar, dolor de espalda o de la musculatura del cuello.

Las alteraciones más comunes que encontramos en los ex respiradores bucales son, en general, problemas de oclusión dental, de postura y de mal funcionamiento de los órganos fono-articulatorios.

La respiración bucal aparece cuando existen limitaciones en la respiración nasal porque hay una obstrucción en la nariz o en la faringe.

En el caso de la nariz puede deberse a la presencia de un cuerpo extraño (a veces los niños jugando prueban a introducirse cosas como bolitas de papel o trozos de comida). Pero, habitualmente, hay una razón física: un tabique nasal desviado (en ocasiones fruto de una fractura mal tratada), un crecimiento mayor de lo normal de la mucosa (hiperplasia) o por la presencia de tumores o pólipos. Muchas otras veces es fruto de una alergia que genera una rinitis.

La obstrucción en la faringe está causada por una hipertrofia de las amígdalas, tanto las faríngeas (los adenoides o vegetaciones) como las palatinas (las anginas). Raras veces la obstrucción nasal ocurre desde el nacimiento por una falta de orificios nasales posteriores (atresia de coanas). Este hecho es una urgencia médica en la sala de partos ya que el recién nacido no sabe respirar por la boca.

Lo más frecuente es que la obstrucción nasal se instale progresivamente: el bebé o el niño pequeño se adaptan a esta obstrucción y falta de aire respirando por la boca.

No se ha concretado qué es antes, si el huevo o la gallina. No hay estudios multidisciplinarios del respirador bucal y cada uno de los profesionales barre hacia su campo. Otra vía de investigación sería valorar la fijación de la lengua por una anquiliglosia como una posible causa, ya que muchas personas con frenillo lingual presentan síntomas muy similares.

Falsos respiradores bucales

También existen los falsos respiradores bucales. Son niños que tienen la boca entreabierta, pero no para respirar por la boca, porque no pueden, ya que está obstruida por la lengua. Tienen la boca abierta y respiran por la nariz. Es el caso de lenguas muy grandes o cuando se aprecia la lengua apoyada sobre el paladar duro.

El caso del respirador bucal suele ser distinto porque, aunque a veces ya no tienen ninguna obstrucción en las vías respiratorias superiores, está tan habituado a esta forma de respirar que continúa respirando por la boca.

¿Qué disciplina de la medicina puede tratar estos casos?

Posiblemente, el estudio multidisciplinar de esta situación y el tratamiento múltiple de estos pacientes con el síndrome de respiración bucal mejoraría su evolución.

Hay ejemplos muy claros de lo que ocurre en estos momentos: un otorrinolaringólogo atiende a un niño que es respirador bucal por problemas de amigdalitis u otitis de repetición y hace limpiamente su trabajo, aplicando un tratamiento antibiótico, evaluando la presencia de hipertrofia de adenoides (vegetaciones) y los extirpa; todo esto suele producir en el niño una mejora temporal en la respiración, pero en muchos casos, si no se acompaña de un tratamiento de la estructura ósea realizado por un ortodontista, es posible que la intervención quirúrgica no repercuta en su forma de respirar.

Y además de ortodoncia es posible que necesite también terapia rehabilitadora de los músculos bucales. Es decir, cada uno hace su parte:

  • El otorrinolaringólogo trata las amígdalas y las vegetaciones.
  • El odontopediatra realiza una modificación de la estructura ósea para que se realice un crecimiento correcto de la cara y la cabeza.
  • Los logopedas ayudan a esta terapia realizando una rehabilitación de las musculatura lingual, tanto para mejorar la deglución atípica que estos niños presentan a veces como ejercitando la respiración nasal con ejercicios de diversa índole.
  • En el caso de alergias nasales o de rinitis alérgicas, los alergólogos van a sugerir un tratamiento con vacunas o con antihistamínicos o corticoides tópicos, para mejorar la situación. Y ocurre de esta forma en muchas ocasiones. Pero en otros casos esta rinitis provoca edema (hinchazón por inflamación) de la mucosa nasal, e impide que respire bien y empeora la situación.

Esta suma de situaciones y síntomas que afectan a distintos profesionales hace que sea más eficaz una valoración conjunta que seguramente no se realiza de forma habitual. Es muy raro que no se encuentren unidades de respiradores bucales cuando esta patología afecta a uno de cada 4 niños y posiblemente a los adultos también.

Posiblemente, no hay un tratamiento mejor que otro y la concomitancia de varios es lo que permite mejorar la sintomatología de los respiradores bucales.

Decisiones de futuro

Pero más allá de la controversia que existe en la actualidad sobre las causas y tratamientos, está la realidad que tenemos ante nosotros: los pacientes acuden al pediatra en búsqueda de soluciones y, como profesionales de la salud que somos, estamos en la obligación de descubrir lo más tempranamente posible los signos y síntomas descritos, para así poder brindarles la mejor atención posible; idealmente, en un trabajo interdisciplinario con una larga lista de especialistas: el otorrinolaringólogo, el ortodoncista, el odontopediatra, el fonoaudiólogo o logopeda, el especialista en trastornos del sueño, el alergólogo, el psicólogo...

Y seguramente me dejo alguno. Seguramente también, la creación de centros específicos de diagnóstico y tratamiento multidisciplinar sería la mejor opción en el futuro.

Del catarro al hábito

Ante la escasez reinante de cifras y de información fiable, los departamentos de ortodoncia han realizado varios estudios para valorar la prevalencia de este síndrome y han llegado a la conclusión de que hasta una cuarta parte de la población normal entre 6 y 14 años lo padecen. Y, aunque no se han hecho en niños más pequeños, la respiración bucal es muy frecuente que se inicie cuando se empieza la escolarización.

En esta etapa, los niños suelen convivir con los catarros repetidos y con la obstrucción nasal permanente por mocos. Así se genera la costumbre de respirar por la boca, por pura supervivencia, pero el problema es que acaba convirtiéndose en un hábito. Aunque la causa de la obstrucción (el catarro, los adenoides o la alergia nasal) han desaparecido, el niño sigue respirando por la boca.

Pruebas para detectar los problemas

Estas sencillas pruebas permiten descubrir la existencia de una obstrucción respiratoria. Aunque el diagnóstico definitivo lo dará el otorrinolaringólogo tras realizar pruebas específicas (rinoscopias, radiografías, pruebas de alergia).

  • El reflejo nasal de Gudin. Con la boca bien cerrada, se comprimen las alas de la nariz de 20 a 30 segundos, soltándolas rápidamente; la respuesta refleja normal será una dilatación inmediata de las alas nasales. En los respiradores bucales, la dilatación será muy poca o inexistente y tenderán a abrir la boca para inspirar.
  • Apagar la vela. Se coloca una vela encendida a una distancia prudencial de la nariz (una vez ante cada orificio) y el paciente debe soplar por la nariz para apagarla. Si no la puede apagar en alguno de los lados, puede haber una obstrucción.
  • El algodón. Se acerca un pequeño trozo de algodón al orificio nasal (una vez por cada lado), y el paciente debe inspirar y espirar. Se debe observar el movimiento del algodón. Si el algodón no se mueve ante alguno de los dos orificios, es que la obstrucción es muy posible.
  • El espejo de Glatzel. Colocamos un espejo bajo la nariz y le indicamos que inspire y espire. Si el espejo no se empaña de alguno de los dos lados, puede haber una obstrucción. Y si el área empañada no es simétrica, indica que la expulsión del aire por la nariz es dificultosa.

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