Osteopatía

BEBÉS Y NIÑOS MÁS SANOS

Los beneficios de la Osteopatía en bebés y niños

Esta terapia manual es muy efectiva, sobre todo con los niños, porque sana todo tipo de problemas de forma delicada y sin causar dolor.

Quim Vicent

22 de julio de 2017, 07:54 | Actualizado a

Seguro que conoces a alguien que ha ido al osteópata: un amigo, un hermano, un compañero de trabajo... Y es que cada vez son más las personas que recurren a esta medicina aplicada con las manos para tratar todo tipo de dolencias. Con siglos de tradición, la osteopatía es una filosofía de vida, una ciencia y un arte, que visualiza el cuerpo como una unidad. Por esa razón, hasta el más mínimo síntoma es considerado como un aviso de que en cualquier parte del cuerpo hay algo que no funciona tal y como debería, puesto que todos nuestros sistemas están interrelacionados.

A la hora de hacer el diagnóstico, no solo se tiene en cuenta la historia clínica de la persona, sino que también se hace una evaluación postural, una palpación y unos test de movilidad. Con toda la información obtenida, el osteópata diseña un tratamiento con la finalidad de aliviar el dolor y de restaurar las funciones afectadas, promoviendo así la salud y el bienestar. Pero en la práctica,

¿En qué consiste?

Es muy sencillo, se trata de hacer suaves manipulaciones, las cuales se ajustan al problema que se debe tratar y a las condiciones físicas de la persona. Evidentemente, no se trabaja igual con un bebé que con un deportista o una persona mayor.

Existe un amplio abanico de técnicas (estructurales, funcionales, sensoriales o faciales) donde podemos elegir para ofrecer una recuperación lo más pronta posible, pero todas ellas tienen algo en común: respetan los tejidos y no van más allá de los límites que las estructuras del cuerpo ponen.

Desde el embarazo

Han pasado 15 años, y aún me estremezco al recordar cómo me enamoré de la osteopatía pediátrica. Al final de la formación nos hacían una introducción en pediatría. José Luis Batlle, profesor de aquel momento al que le guardo una gran admiración, preguntó si alguien deseaba llevar un bebé para hacernos una demostración de lo que representaba una sesión con niños. Al día siguiente, una de mis compañeras llevó a su hijo. Mientras veía a José Luis descubrí que ese era el camino que quería seguir, sentí esa famosa comunicación del terapeuta con el bebé.

Durante la sesión se realizó una reproducción de lo que hubiese sido un verdadero parto, ya que el bebé había nacido por cesárea. Al acabar la sesión, el niño parecía tener cierta reticencia en aproximarse a su madre, pero transcurridos unos instantes se abalanzó a sus brazos. Junto a su marido, ambos lloraron de emoción.

Entonces me di cuenta de que aquello era un regalo para el bebé, que algún proceso pendiente había quedado resuelto en esa sesión. Y así lo confirmó su madre un día después. Nos contó que, a pesar de haberse preparado para tener un parto natural, al final su hijo había nacido por cesárea, y cuando se lo pusieron en los brazos tuvo la sensación de no reconocerlo. Desde ese momento se quedó con la idea de que su hijo lo había notado, porque el vínculo entre ellos no era el que ella creía que debía existir. Sin embargo, después de la sesión de osteopatía, el niño había dormido tranquilo por primera vez y había nacido el verdadero vínculo con su madre.

Y es que, posiblemente, la osteopatía pediátrica es la más satisfactoria. Por un lado, porque como los bebés aún no hablan, durante la sesión, debemos interpretar lo que sí nos explica su cuerpo, estableciéndose así una fascinante comunicación. Y por otro, debido al gran número de inconvenientes de salud, a corto y a largo plazo, que se les pueden llegar a evitar.

Ya durante el embarazo es muy recomendable visitar con cierta regularidad al osteópata, puesto que facilitará que el cuerpo de la mujer se adapte mejor a los cambios que sufre en esta etapa y favorecerá el nacimiento del bebé.

En muchos países, el osteópata está en la sala de partos porque desempeña una labor muy importante y complementaria a la del médico. Su papel es aún más destacable en un parto instrumental (con fórceps, ventosas...), en una cesárea, si el bebé es prematuro o nace con plagiocefalia (deformación craneal), u otra clase de problemas: viscerales, respiratorios, oftalmológicos, de oídos, con tortícolis, con dificultades de succión...

Uno de los principales inconvenientes que cabría destacar es que, en la mayoría de partos, se ha subestimado el poder de la “matrona universal”, la gravedad. Nos obstinamos en tumbar a la madre en una camilla para que empuje, cuando lo más sencillo sería utilizar dicha fuerza y no obligar a tener que tirar de la cabeza del bebé durante el expulsivo. La base del cráneo es una zona muy delicada. En ella se encuentran nervios importantes como el neumogástrico, que es el encargado de controlar la respiración y la digestión, y, por lo tanto, ocasionar tensiones precisamente en esa región puede provocar futuros problemas relacionados con los cólicos del lactante, las otitis de repetición y un largo etcétera.

Un equipo perfecto

Cada parto es distinto, incluso en la misma mujer, pero, en la medida de lo posible, cabría regular el uso de la epidural. Al administrar este tipo de analgesia, la mujer deja de estar conectada con la sabiduría de su cuerpo para dar a luz y se vuelve más pasiva, siguiendo las indicaciones de los profesionales que la acompañan. En cambio, este momento requiere una mujer activa, que siga su instinto, para que el proceso evolucione del modo más natural posible.

Debido a la gran importancia que tiene esta experiencia, madre e hijo tienen que hacer un auténtico tándem, pero para eso es necesario sentir lo que está ocurriendo. En países como el nuestro, casi todos los partos están sometidos a la epidural para evitar el dolor de las contracciones y el que se produce justo con el nacimiento del bebé. Sin embargo, utilizarla en todos los partos carece de sentido, porque tiene importantes consecuencias. Una de ellas es el fuerte impacto emocional que puede tener en el recién nacido. No hay que olvidar que durante los nueve meses de la gestación se establece un vínculo muy fuerte entre la madre y su hijo. Y hay que tener presente que, durante el embarazo, el bebé no solo se alimenta de los nutrientes que le aporta su madre, sino también de sus emociones. Las células del cuerpo tienen memoria: cuando reímos, todas ríen; y, de igual modo, cuando lloramos, nuestro cuerpo así reacciona. Sin duda, el recorrido emocional del embarazo va a ser de vital importancia para el bebé.

Esto nos permite comprender mejor cómo la pérdida de contacto entre madre e hijo que genera el uso de la epidural es comparable a los sentimientos que un niño puede tener al perder de vista a sus padres en la calle o en un centro comercial. En el momento en el que se suelta de la mano y se siente perdido, brota automáticamente una sensación de abismo, al que le siguen los sentimientos de desesperación, angustia, e incluso puede que de abandono. Es decir, después de pasar nueve meses en el vientre de su madre, la conexión y dependencia que tiene con ella para nacer es básica, y lo más probable es que, por el hecho de que sin más esta desconecte, pueda causar en el bebé un absoluto desconcierto.

Efectos de la cesárea

Se ha vuelto tan habitual que a veces se nos olvida que la cesárea, necesaria en algunos casos, puede tener efectos colaterales no solo en la salud de la madre, sino también en la del bebé. Por esta razón, contar con la figura del osteópata mientras se practica esta cirugía ayudará a evitar o mitigar las posibles secuelas en el recién nacido. Nuestro sistema nervioso central está controlado por un mecanismo de respiración primaria (MRP), que marcará nuestra fuerza vital en un futuro. La forma natural que tiene para activarse es a través de la presión que las contracciones ejercen sobre el cráneo durante la expulsión, de manera que los bebés nacidos mediante cesárea tendrán un MRP más débil.

Asimismo, tampoco habrá cambio de perfil inmunitario al no pasar por las bifidobacterias vaginales del parto natural, traduciéndose en un sistema inmunitario más bajo. Y es que, al pasar por el canal del parto, los niños son colonizados por las bacterias propias de la madre, que son con las que estará en contacto a partir de ahora. Así pues, mientras los bebés nacidos mediante un parto vaginal tienen un organismo más fuerte, los que han llegado a este mundo por cesárea son más propensos a tener ciertas enfermedades comunes.

Cólicos y otitis

En los primeros meses de vida suele ser habitual que el bebé sufra cólicos, los cuales se caracterizan por un llanto intenso y prolongado, que hace que los padres, sobre todo si son primerizos, acaben en urgencias por miedo a que le esté pasando algo grave. En cambio, con una simple maniobra osteopática se puede ayudar al bebé a relajarse en el momento de más dolor.

En cuanto a las otitis, al normalizar el movimiento de los huesos craneales, es posible actuar directamente sobre la trompa de Eustaquio, liberándola de sus compresiones y permitiendo que pase de nuevo el aire, porque es esta falta de ventilación lo que causa las otitis.

Así pues, estas son solo unas pinceladas de lo que puede hacer la osteopatía, y desde aquí os animo a probarla. No tenéis nada que perder y sí mucho que ganar.

No quiere tumbarse

Los bebés no nacen llorones, pero sí llegan con tensiones de mayor o menor importancia que no sabemos interpretar.

  • Hay niños que lloran al tumbarlos y dejan de hacerlo al cogerlos en brazos. A veces, solo es necesidad de calor, amor, seguridad..., pero en muchos casos se trata de una cuestión física.
  • El bebé tiene tensa una de las cadenas musculares, llamada cadena de flexión hiperprogramada, que se estira al tumbarlo, provocándole el llanto.
  • En estos casos, con una simple maniobra osteopática se puede liberar la restricción de esa cadena muscular. Al instante, el niño se estirará con total naturalidad.

Asma: mejora su capacidad respiratoria

  • El 70% de los casos diagnosticados son erróneos. La gran diferencia con las personas que verdaderamente tienen asma es que la dificultad que estas tienen al respirar no se encuentra en la fase espiratoria, sino en la inspiratoria. Pero cuando alguien dice que le cuesta respirar, no suele ser habitual que el profesional de la salud se detenga a observar si es al tomar el aire o al expulsarlo.
  • Las personas con este falso asma sufren un espasmo faríngeo al inspirar, lo que impide que entre suficiente aire porque este tubo que comunica el aparato respiratorio con el digestivo está contraído. Como consecuencia, es normal que estas personas, con lo que se podría llamar disnea respiratoria, puedan tener una tos corta y continua. Y en los adultos también se suele observar una sensación de carraspeo.
  • Esta insuficiencia respiratoria surge como consecuencia de que la primera cervical se encuentra en una posición anormal de rotación, produciendo una compresión en el agujero rasgado posterior, que está situado en la base del cráneo, lo que perturba una fibra nerviosa muy importante, el glosofaríngeo.
  • Cuando hacemos que estas estructuras recuperen su posición habitual, los pacientes vuelven a respirar con total normalidad. Divulgar este conocimiento osteopático me ha facilitado ayudar a mucha gente con disfunciones respiratorias totalmente reversibles.

Etiquetas:  Niños Apego Salud Bebés Parto

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