"Cada bebé de la UCI era especial"

TESTIMONIO

"Cada bebé de la UCI era especial"

Todos los padres sabemos lo fuertes que son nuestros pequeños aferrándose a la vida.

Tatiana Sánchez

3 de noviembre de 2018, 07:00 | Actualizado a

Mi hijo Pablo nació en la semana 34 por cesárea de urgencia tras haber sido operado la semana anterior en el interior de mi tripa.

Tuve un embarazo de lujo; ni vómitos ni mareos, tan solo sueño y algún que otro cambio de humor.

En la semana 33, el mundo cayó a mis pies. Mi hijo tenía problemas: la ecografía detectaba un derrame como consecuencia de un quilotórax en la pleura del pulmón derecho, un defecto congénito que se da en uno de cada 15.000 casos. La rápida actuación de mi ginécologo, que me inyectó corticoides para la rápida maduración de los pulmones y gestionó mi caso con el 12 de Octubre de Madrid, hizo posible que hoy Pablo esté bien.

En urgencias ya me estaban esperando. Tras hacerme una ecografía, toda una eminencia, el doctor Alberto Galindo, me explicó lo que sucedía y me dio dos opciones: sacar al bebé y operarlo, o mantenerlo dentro y realizar una moderna técnica que consistía en colocar un catéter para que el líquido acumulado en la pleura pudiera salir.

Él se mostraba a favor de la segunda, cuanto más tiempo estuviese el bebé en mi interior, mejor.

Tres días después del diagnóstico, entraba en quirófano. El catéter debía mantenerse en su sitio el mayor tiempo posible, pero unos días después, mi hijo, que era muy grande y no paraba de moverse, se lo quitó.

Me hicieron una cesárea de urgencia. Cuando nació no pude verle. Esa será siempre una espina clavada en mi corazón; aunque el equipo de pediatras me preparó para que estuviera lo más tranquila posible, nadie me dijo que iba a oír el llanto de mi hijo, ¡y qué llanto! Yo también lloré.

Comenzó entonces lo que fue un periplo hospitalario de 55 días. Pablo ingresó directamente en la UCI de neonatos, y desde el primer momento a mi marido y a mí nos trataron de la mejor manera posible. Gracias a ellos pudimos sobrellevar los malos momentos. El caso de Pablo era excepcional, o eso pensaba yo, pero cada uno de los niños allí ingresados eran especiales, cada uno con su historia y su propia evolución.

Nunca pensé que me pudiera ocurrir algo así, pero mientras lo vivía no podía dejar de pensar que cualquiera en mi situación actuaría igual, con fuerza y entereza.

Tuve el apoyo de otras mamás que llevaban allí más tiempo, pero también traté de ser yo un apoyo para las que llegaron después. No obstante, me gustaría destacar la valía de los médicos y las enfermeras de la Unidad de Cuidados Intensivos de Neonatos del Hospital 12 de Octubre de Madrid. Hicieron que todo fuera mucho más llevadero. Nos ofrecían su hombro para llorar y nos alentaban. Nunca podré estarles lo suficientemente agradecida.

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