Cambios en el aspecto de los genitales

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Cambios en el aspecto de los genitales

Aunque suelen preocuparmucho a los padres, algunas alteraciones en los genitales de los bebés no implican ninguna anomalía.

Luis Ruiz

9 de mayo de 2018, 19:30 | Actualizado a

Cuando por primera vez tenemos a nuestro recién nacido cerca nos resulta difícil cogerlo y manejarlo. Nos parece de cristal fino, frágil y quebradizo. Suele sucedernos a todos con nuestro primer bebé. Si es el segundo hijo, lo hacemos con más disimulo y con menos estrés. Pero también realizamos una inspección minuciosa, queriendo comprobar que todo está bien.

Los pediatras, con igual delicadeza y cariño pero con mayor soltura, también hacemos una revisión a fondo de los recién nacidos buscando anomalías y características que puedan indicar cualquier tipo de patología que pueda tratarse de manera precoz. En estas revisiones rutinarias, los padres pueden comentar sus dudas respecto a situaciones que no son indicadoras de enfermedad pero que les angustian. Éste es el caso de la piel y los genitales de los recién nacidos, cuyo aspecto, enrojecido e hinchado, muchas veces nos sorprende. Vamos a revisar algunas características especiales de los órganos genitales en los bebés.

Aparato genital femenino

No son muy habituales, pero podemos destacar dos patologías.

  • Sinequia vulvar. Por distintos factores congénitos o infecciosos, los labios mayores o menores pueden adherirse, causando problemas de limpieza y salida de secreciones. La mucosa de esa zona se adhiere generando una membrana que parece no permitir el paso de orina. Se trata mediante la separación y estiramiento de ambos labios con delicadeza y aplicando una pomada con estrógenos que os recetará vuestro pediatra. Si no hacemos una apertura de esos labios menores y no se realiza una buena higiene, la sinequia puede reproducirse.
  • Imperforación himeneal. Es una anomalía rara que afecta al 0,1% de las niñas recién nacidas. No suele dar problemas hasta la pubertad cuando, tras el desarrollo de los genitales y el inicio del ciclo menstrual, se puede producir algún tipo de patología abdominal. En esos casos las niñas no han tenido nunca la regla: se da una acumulación de sangre en los genitales internos. El tratamiento quirúrgico es simple y evita esta situación en la adolescencia si se ha identificado antes.

Vías urinarias

Tanto niñas como niños pueden tener alguna complicación en el aparato urinario externo.

  • Epispadias. En las niñas se produce la salida de la orina por una zona anómala y el clítoris es deforme. Se da en raras ocasiones (un caso por cada 500.000 niñas). En los niños se habla de epispadias cuando la salida de la orina no se produce por la punta del pene sino por la parte dorsal. Su incidencia es de un caso por cada 30.000 niños. En niñas y algunos tipos de epispadias en niños pueden provocar incontinencia. El tratamiento quirúrgico se realiza a partir del año y medio.
  • Hipospadias. Esta alteración implica la salida de la orina por un orificio situado de forma anómala en la cara inferior del pene. Puede estar situada en el glande, a lo largo de todo el pene, cercana al escroto o en el mismo periné. Afecta a uno de cada 250 niños. Si el orificio permite el paso de orina con normalidad, no se realiza ninguna intervención hasta los dos años.

Aparato genital masculino

Parte de estos trastornos ya nos resultan más conocidos.

  • Hidrocele. En algunos recién nacidos varones los testículos están muy hinchados. Esa tensión se debe a un acúmulo de líquido envuelto en una membrana alrededor del testículo. Puede ser congénito o aparecer pronto y no implica ninguna anomalía. Se ven ambos escrotos (porción externa de los genitales) turgentes, con dificultad de llegar a tocar el testículo. En edades posteriores hay que descartar la posibilidad de una patología asociada, como por ejemplo una hernia.
  • Adherencias balanoprepuciales. En ocasiones el glande y el prepucio pueden soldarse. Esta adherencia impide la salida del glande y puede dar la impresión de que el niño tenga fimosis. Esta situación ocurre con frecuencia; sólo hay que limpiar la zona con delicadeza.
  • Localización de los testículos. Una de las cosas que los pediatras comprobamos en la exploración del recién nacido es la presencia de los testículos en su lugar: la bolsa testicular (escroto). Cuando no se palpan lo más frecuente es que estén en el conducto inguinal. En el feto, el testículo se desarrolla dentro de la cavidad abdominal y en la maduración migra hasta llegar al escroto creando el conducto inguinal. La migración puede no haberse producido, haberse producido parcialmente o, incluso, el testículo situarse mal posteriormente. En caso de palpaciones dudosas como en los niños obesos la ecografía es muy útil.
  • Testículo ectópico. Se trata de un testículo que ha descendido correctamente pero se ha situado en una zona diferente de la habitual. Es un caso raro y necesita intervención quirúrgica.
  • Criptorquidia. Es una localización anómala fuera de la bolsa escrotal. Sucede cuando el testículo se sitúa en algún punto del trayecto de descenso testicular normal desde el abdomen hasta la bolsa la localización más frecuente es en el conducto inguinal. Se trata de un defecto embrionario que se origina entre el sexto y el séptimo mes de gestación. Ocurre en el 3% de los recién nacidos a término y en el 30% de prematuros (en su caso, el testículo aún está descendiendo cuando nacen). Afecta de forma similar a ambos lados y en un 15% es bilateral.

De todos modos, el testículo puede llegar a su lugar durante el primer año, sobre todo en los primeros tres meses. Al año la mayoría ha bajado de forma espontánea y la localización anómala sólo persiste en un 0,5 % de los casos. Si a los dos años el testículo sigue sin palparse o no ha descendido del todo, posiblemente vuestro pediatra os enviará al cirujano pediátrico. Si también existiera una hernia inguinal se debería intervenir antes.

Cuando el testículo está en el conducto inguinal y se aprecia un bulto en las ingles, los pediatras consideramos que no estamos ante una criptorquidia verdadera, trastorno que no permitiría bajar el testículo al escroto. En este sentido, nos podemos encontrar con dos situaciones distintas.

  1. La primera es el testículo en ascensor: lo podemos bajar hasta el escroto y puede permanecer allí o volver a subir mediante estímulos o por el frío. Es una situación natural que no implica ninguna alteración.
  2. El segundo caso es el del testículo en resorte: una vez conseguido su descenso, el testículo asciende rápidamente en cuanto se le suelta. Los pediatras sabemos que cuando existe más de una alteración en los genitales es importante descartar alteraciones en la forma de otros órganos y valorar la posibilidad de realizar un estudio cromosómico.

En ambos sexos

Muchos niños y niñas recién nacidos tienen una característica común: un aumento del volumen mamario. Este abultamiento es una respuesta de las glándulas mamarias del feto a las hormonas de la madre, la progesterona y los estrógenos.

Es importante saber que esta situación es totalmente normal y muy habitual en los recién nacidos. Los padres estarán mucho más tranquilos si son conscientes de que ese engrosamiento de la mama puede continuar hasta bien entrado el segundo año de vida sin que aumente más. También hay que tener en cuenta que en aquellos bebés que toman leche materna esta situación se puede alargar sin que suponga ninguna patología. Nunca hay que apretarlos, ya que podríamos infectar la glándula inflamada.

Una cosa muy distinta es cuando este aumento aparece en un lactante o en una niña pequeña sin haber existido previamente. En este caso hay que acudir al pediatra porque podría tratarse de una alteración endocrinológica.

Muchas Consejerías de Sanidad han editado materiales sobre las revisiones del niño sano que mencionan y describen características no patológicas pero que pueden generar angustia y preocupación. Anotad todas las preguntas que se os ocurran al observar a vuestro hijo y llevad la lista con vosotros cuando vayáis al pediatra. Él os lo aclarará todo y os tranquilizará.


La higiene de cada día

En cada cambio de pañal, es importante limpiar y proteger bien la piel del bebé. Aunque hay que sercuidadosos en todos los casos, entre los niños y las niñas hay algunas particularidades a tener en cuenta.

  • Los niños mojan más la zona abdominal con el pipí; hay que lavarla bien.
  • A continuación, con la esponja o la toallita se repasan ingles y muslos.
  • Sujetándole las piernas, se limpia el escroto y el pene con suavidad.
  • Si no hay heces, la última parte que se lava es el espacio entre las nalgas.
  • Con las niñas es importante ir siempre del pubis en dirección al ano.
  • Las heces se retiran con cuidado para evitar el contacto con los genitales.
  • No hay que lavar el interior de los genitales pero sí detenerse en los labios.
  • La piel debe estar bien seca, sobre todo en los pliegues.
  • Las pomadas deben aplicarse en ambos casos de delante hacia atrás.
  • En las niñas, debe extenderse sin introducirla en el interior de la vulva.
  • En los niños, no se debe insistir en el pene, sino en la zona de alrededor.

Actuar ante una fimosis

  • Estamos ante una fimosis cuando el orificio natural para la salida de orina en el prepucio (repliegue de piel que recubre el glande) es muy pequeño. Es natural en todos los recién nacidos y no se considera una patología.
  • Si el bebé no puede orinar por tener un orificio muy pequeño o la fimosis plantea problemas, vuestro pediatra os sugerirá realizar una circuncisión (operación para liberar el glande). Si no hay alteraciones, la mayoría de fimosis desaparecen en la infancia. Si no es así, se recomienda la intervención a partir de los seis años.
  • Sacar el prepucio y no poder reintroducirlo puede provocar una parafimosis que, en ocasiones, puede requerir tratamiento quirúrgico urgente.

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