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Cómo curar la tos y catarro común de tu bebé

Jose María Paricio

25 de abril de 2016, 16:43 | Actualizado a

La inflamación de las vías respiratorias altas es frecuente en los niños menores de 2 años durante el invierno. Se presenta con mocos y a veces fiebre, y no suele derivar en problemas mayores, pero requiere por nuestra parte cuidados que mejoren el confort.

Mucosidad y fiebre, síntomas habituales

Los catarros normalmente cursan con mocos producidos en el interior de la nariz y en la garganta. La mucosidad acaba saliendo por la nariz y suele haber estornudos y tos. Puede haber o no fiebre y hay pérdida de apetito. La garganta duele con frecuencia, manifestándolo claramente los niños más mayorcitos; los más pequeños lloran debido a ello, a la fiebre o a la incomodidad que les causa respirar mal al tener la nariz taponada.

Suelen empezar poco a poco, con mocos líquidos y claros que acaban muchas veces haciéndose espesos y amarillo-verdosos. Aunque muchas veces simplemente hay mocos que salen por la nariz y parecen no molestarle demasiado, otras veces hay tos que puede hacer vomitar al niño que padece el catarro e impedirle dormir con tranquilidad.

Puede haber o no fiebre y hay pérdida de apetito. La garganta duele con frecuencia

A los dos o tres días de la aparición de los mocos, puede haber fiebre más o menos alta, pero también puede ser el primer síntoma, empezando de forma brusca. Ni el color de los mocos ni lo elevado de la fiebre tienen una relación directa con la gravedad del catarro o del origen vírico o bacteriano de la enfermedad.

Cuando el origen es vírico

El resfriado común está producido casi siempre por diversos virus, siendo el más frecuente el rinovirus. Solo en raras ocasiones, ciertas bacterias causan los mismos síntomas. Los virus se eliminan a través de la mucosidad y la respiración durante la primera semana, incluso uno o dos días antes de que empiecen los síntomas, pero sobreviven varias horas en las manos y objetos (chupetes, juguetes…), pudiendo contagiar a otros niños o adultos.

Aliviar el malestar

Conviene evitar el ambiente seco en la casa, sobre todo si hay calefacción. Para ello, podemos colocar cazos de agua a temperatura ambiente encima de los radiadores, pero no debemos hacerles vahos de agua hirviendo ni poner cazos de agua muy caliente por la casa, por el evidente riesgo que eso comporta. Tampoco conviene añadir esencias de plantas ni ponerlas en forma de crema o loción por el pecho, pero podemos realizar lavados nasales con suero fisiológico (de farmacia o preparados: una cucharadita con 9 gramos de sal en un litro de agua hervida), sobre todo antes de las tomas o de comer. En los niños más mayorcitos, no se ha inventado nada mejor que el pañuelo: resulta más eficaz que muchas medicinas. Sin embargo, no suelen ser buenos ni bien tolerados los extractores de mocos, porque pueden hacerles daño en la nariz.

Podemos realizar lavados nasales con suero fisiológico, de farmacia o preparados con 9 gramos de sal en un litro de agua hervida

Si la fiebre es alta, conviene mantenerlos con poca ropa y no usar paños con alcohol o agua fría. Debemos recordar que la fiebre no es mala: es una reacción o mecanismo de defensa de nuestro organismo. Es aconsejable, no obstante, darles leche o abundantes líquidos si son mayores y fraccionarles las tomas de alimentación: menos cantidad, más veces. Si toman sólidos, podemos darles de comer solo lo que les agrade, mientras dura la enfermedad, para superar su inapetencia.

Prevención del contagio

Lavarse las manos a menudo si se está acatarrado es la mejor prevención para no contagiar a los pequeños, aunque estos suelen traer la enfermedad de la guardería o colegio. En esos casos, si los catarros son frecuentes, conviene sacarlos una semana para que descansen. Otras medidas que ayudan son no exponerlos al humo del tabaco y evitar en lo posible la visita de personas acatarradas que no son de la familia. De todas maneras, lo normal, es que cada año se acatarren menos.

Cuándo acudir al médico

Si el estado general de niño es bueno, está contento, al bajarle la fiebre tiene ganas de sonreír o está interesado en el entorno, por más mocos que tenga es probable que no sea nada grave y no hace falta llevarlo al médico, aunque podemos acudir al pediatra habitual de su centro de salud para una revisión rutinaria. Pero hay situaciones en las que debemos acudir a un servicio de Urgencias: si es menor de 3 meses y tiene fiebre; si empeora el estado general, con síntomas de decaimiento, somnolencia o irritabilidad que no desaparecen al darle medicamentos para la fiebre; si aparecen convulsiones y si muestra dificultad para respirar, con respiración muy agitada o frecuente, o como un quejido al inspirar.

Si es menor de 3 meses y tiene fiebre, y si empeora el estado general, hay que llevarlo a urgencias

El pediatra preguntará por los síntomas de la enfermedad de nuestro hijo, valorará los días que lleva acatarrado, si tiene fiebre y cuánta, si come o no y si tose mucho o poco. Luego explorará al niño poniéndolo desnudito en la camilla de exploración, valorará su estado general de ánimo, verá si hay alguna erupción en la piel, auscultará el pecho y mirará los oídos y la garganta para descartar una infección. Con esto es suficiente habitualmente para asegurar el diagnóstico, y solo en caso de dudas puede que le tengan que hacer unos análisis de sangre o hacerle una radiografía del pecho para descartar una neumonía.

Suele remitir sin medicamentos

No existe ningún medicamento para el catarro común y acaba curando por sí mismo en un plazo entre unos 5-10 días (7 días de media). Los antibióticos, pese a la creencia habitual, no curan el catarro vírico ni evitan las complicaciones. Solo en los casos de tos muy irritativa, que impide dormir al niño, puede estar justificado administrarle un remedio contra la tos. Cualquier medicamento que le demos al niño debe ser bajo prescripción del pediatra, salvo los usuales antitérmicos (paracetamol, ibuprofeno) para controlar la fiebre. El pediatra nos dirá que nada alivia más un catarro que una buena hidratación de las mucosidades y la limpieza de la nariz. Y nos aconsejará acostarlo por la noche con la parte superior del cuerpo un poco incorporada, para mejorar la respiración del niño.

Posibles complicaciones

El catarro común suele curarse en unos 7 días, pero la tos, la mucosidad nasal y la pérdida del apetito pueden persistir varios días más. Es frecuente que el niño se trague los mocos y que el catarro acabe complicándose con vómitos y diarrea más o menos ligera, pero sin mayor riesgo. A veces, los catarros son tan frecuentes y recurrentes, sobre todo en niños que asisten a guardería o colegio, que es difícil distinguir el final de uno y el principio del siguiente, creyendo los padres que su hijo tiene algo crónico. Si es imposible distinguir entre uno y otro, el médico podría verse obligado a hacer un análisis para comprobar que el niño no tenga un problema de inmunidad (de “defensas”).

Un catarro puede complicarse ocasionalmente con una infección bacteriana en oído, senos maxilares, bronquios o pulmón. Solo en estos casos, que son una mínima parte de los catarros, el pediatra recetará antibióticos al niño o incluso podrá recomendar su ingreso en el hospital.

Te puede ayudar

  • No es práctico aislar a alguien de la familia acatarrado ni ir por la casa con mascarillas para evitar el contagio del niño: ya estará contagiado. Cuando sea mayorcito, podemos enseñarle a taparse la boca cuando tose.
  • Si la acatarrada es la madre y aún está dando el pecho, no solo puede seguir amamantando al niño, sino que además es lo recomendable para que le pase sus defensas.
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