Empezar con el Gluten

BEBÉS SANOS

Cuándo es el mejor momento para que aparezca el temido gluten

Es mejor ofrecérselo en pequeñas cantidades en cuanto demuestre interés por los alimentos que esperar a que cumpla los ocho meses.

Julio Basulto

6 de abril de 2017, 06:05 | Actualizado a

Mis padres tenían razón. En su momento me negué, erróneamente, a que dejasen mordisquear a gusto un trozo de pan a mi sanísima hija mayor –que entonces tenía unos siete meses– hasta que cumpliera los ocho meses de edad. Me asaltaba el miedo a “los peligros del gluten”, una proteína que contienen algunos cereales, entre ellos el trigo con el que estaba hecho el trozo de pan que mi hija insistía en catar.

La orden de demorar el gluten hasta los ocho meses estaba escrita en un calendario de introducción de la alimentación complementaria que salió del cajón del escritorio de algún profesional sanitario a cargo de mi hija. Años más tarde cayó en mis manos un texto de Bertolt Bretch que dice: “lo que no sabes por ti, no lo sabes”, y me puse a estudiar la alimentación infantil por mí mismo. Comprendí, entre otras cosas, que mis padres habían acertado. No había motivos para arrebatar a mi hija el placer de probar el pan.

El gluten es una proteína de cuatro cereales muy frecuentemente utilizados en nuestra alimentación diaria: el trigo, la avena, la cebada y el centeno. El triticale, que no es un juego de naipes ni un baile típico del Rajasthán, sino un cereal, también contiene gluten. No es cosa de broma, en cualquier caso, si tenemos en cuenta que en España dedicamos unas 80.000 hectáreas de nuestro suelo a cultivar triticale. Pues bien, si los niños con riesgo de padecer una enfermedad llamada celíaca ingieren el gluten escondido en esos cinco cereales, podrían desencadenar dicha enfermedad.

Predisposición genética

La enfermedad celíaca es un desorden que afecta a varios sistemas del cuerpo, producido por una respuesta inmunitaria al gluten en individuos genéticamente predispuestos. Es decir, quien no esté predispuesto a padecerla, aunque tome kilos y kilos de alimentos con gluten, no padecerá jamás la enfermedad. Es más probable que la desarrollen niños o adultos con diabetes tipo 1 o con síndrome de Down, así como los hijos de padres celíacos.

  • Los síntomas típicos en bebés son trastornos intestinales y retraso en el crecimiento.
  • Los niños más grandes o los adolescentes suelen presentar, además, anemia y transaminasas elevadas, aunque pueden no tener síntomas digestivos.
  • En el adulto, la enfermedad puede tener distintos patrones de presentación, aunque los síntomas más llamativos –los que harán que se diagnostique la enfermedad– pueden aparecer a raíz de un acontecimiento vital estresante o de un embarazo, por ejemplo.

Nuevas recomendaciones

Decíamos que en niños pequeños con predisposición a la celiaquía, tomar alguno de los cinco cereales que contienen gluten podría desencadenar esta enfermedad. El caso es que, y ahora empieza lo interesante, hoy en día los líderes en nutrición infantil indican que es mejor que el gluten aparezca más pronto que tarde en la alimentación del niño. Una afirmación que contradice la lógica de que “lo peligroso, cuanto más tarde mejor”.

Al parecer, si el gluten entra pronto (ya concretaremos después cuándo es “pronto”) a formar parte de la dieta de los bebés, existen menos posibilidades de que éstos padezcan la enfermedad celíaca. Si, además, son bebés que están siendo amamantados por sus madres, el riesgo es aún menor. Y si continúan tomando leche materna después de que los alimentos con gluten estén instaurados en su dieta, el riesgo disminuye todavía más.

El mejor momento

El ultimísimo consejo de los expertos en nutrición infantil es que lo ideal sería que alrededor de los siete meses –y no mucho más tarde– hayan aparecido en la dieta del bebé pequeñas cantidades de cereales con gluten. Permitidme que subraye “pequeñas cantidades”: cuando el niño se expone por primera vez al gluten, mejor que sea poco a poco.

Una gran dosis de gluten de una sentada (por ejemplo: una papilla de trigo de 150 gramos) aumenta el riesgo de que se desencadene –en caso de niños susceptibles, insisto– la enfermedad celíaca. De hecho, algunos investigadores creen que es peor ofrecerlo más tarde precisamente porque cuando nuestros bebés crecen les damos cantidades más altas de alimentos. Es decir, vamos con menos cuidado ante la norma de ofrecer pequeñas cantidades.

Claves del tratamiento

En caso de un correcto diagnóstico médico de enfermedad celíaca, la piedra angular del tratamiento es la exclusión total y de por vida de los alimentos con gluten. Es una dieta nada fácil de seguir, y no vale hacerla “a medias”: incluso pequeñas cantidades de gluten pueden perjudicar seriamente, a largo plazo, la salud de un niño o de un adulto con celiaquía. La buena noticia es que excluyendo el gluten, desaparecen totalmente los síntomas.

Lo que conviene recordar de este artículo es que es mejor ofrecer alimentos con gluten a los bebés cuando empiezan a mostrar interés por los alimentos –eso sí, en pequeñas cantidades–, que demorar conscientemente su aparición en la dieta infantil.

Para los cereales sin gluten –arroz o maíz–aplicaremos la misma lógica que para el resto de alimentos: que aparezcan poco a poco en su alimentación.

Por cierto, nueve años después de limitar a mis padres el disfrute de ver a su primera nieta mordisqueando pan, he reconocido mi error. No he rechistado ante el consabido “¿lo ves?” paterno, pero me he defendido con una frase de Confucio: “El hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro error mayor”.


¿Se trata realmente de celiaquía?

Para establecer un diagnóstico el médico practicará a tu hijo, en primer lugar, una analítica de sangre. Si los resultados del análisis indican un alto riesgo de padecer celíaquía, le practicarán otra prueba, la biopsia intestinal, que confirma la enfermedad. Si la analítica no indica un alto riesgo, pero los síntomas son muy típicos, le harán igualmente la biopsia, ya que es el “patrón oro” para establecer el diagnóstico. Y si la prueba no indica alto riesgo y los síntomas son leves, dejará pasar un tiempo antes de seguir.

Debe ser el pediatra quien diagnostique la enfermedad. Digo esta obviedad porque muchos niños son sometidos sin necesidad a dietas sin gluten, muy restrictivas, ante un par de diarreas, porque crecen menos de lo que sus padres quisieran o por el color de su piel (sic).

Menús sin rastro de gluten

Un celíaco (con o sin síntomas) debe excluir totalmente de su dieta:

  • Trigo, cebada, centeno o triticale.
  • Alimentos elaborados con esos cereales: pasta, pan y cereales de desayuno, pero también salsas, marinadas, sopas, y un larguísimo etcétera.
  • Medicamentos que contengan gluten (por eso conviene leer el etiquetado).
  • Productos a granel, los elaborados artesanalmente y los que no estén convenientemente etiquetados: como no sabemos sus ingredientes no podemos estar seguros de su composición.
  • Alimentos en cuya etiqueta comercial aparezca alguno de los siguientes ingredientes: cereales, harina, almidones modificados (E-1404, E-1410, E-1412, E-1413, E-1414, E-1420, E-1422, E1440, E-1442, E-1450), amiláceos, fécula, fibra, espesantes, sémola, proteína, proteína vegetal, hidrolizado de proteína, malta, extracto de malta o levadura.

Un apoyo para las familias

No es nada fácil vivir con la enfermedad celíaca, pero el hecho de que muchos celíacos presenten un óptimo estado de salud demuestra que es algo perfectamente asumible. Es fundamental el asesoramiento por profesionales sanitarios, idealmente alergólogos y/o dietistas-nutricionistas. Por otra parte, las asociaciones de celíacos ofrecen información de altísima calidad, respuestas a preguntas frecuentes, recetas, puntos de venta de alimentos sin gluten... Es el caso de la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (www.celiacos.org), que, entre otros servicios, ofrece un teléfono de información actualizada sobre alimentos con o sin gluten en el mercado (902 820 007).


Tres ideas fundamentales a recordar

  • El gluten es una proteína que forma parte de algunos cereales: trigo, avena, cebada, centeno y triticale.
  • Además de los típicos cereales para hacer papillas, el pan y todos los alimentos elaborados con estos cereales son una fuente de gluten.
  • Lo ideal sería que tanto los niños de riesgo –sobre todo aquellos cuyos padres tienen celiaquía– como el resto hubieran tomado ya pequeñas cantidades a los siete meses, y siguieran mamando.

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