Cuando el parto le deja lesiones...

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Cuando el parto le deja lesiones...

Los traumatismos obstétricos son las lesiones que pueden sufrir algunos recién nacidos durante el momento del parto. Las fuerzas desarrolladas durante la dilatación y el expulsivo pueden provocar lesiones físicas al recién nacido (resulta evidente observando el moldeamiento de la cabeza que se produce), sin embargo, en pocas ocasiones suelen causar problemas y no suelen requerir tratamiento.

Ruth García Moreno

19 de septiembre de 2017, 07:00 | Actualizado a

Se estima que los traumatismos obstétricos tienen una incidencia de 6-8 por cada mil recién nacidos, consecuencia de la mecánica del feto al pasar por el canal del parto o por las maniobras de tracción durante el parto.

La obstetricia ha conseguido, gracias a sus avances disminuir estas cifras y la incidencia de lesiones neonatales debidas a partos difíciles o traumáticos es cada vez menor.

Los avances del diagnóstico prenatal y la monitorización durante el parto han ayudado a prevenir las lesiones neurológicas y de otros tipos. Además, la cesárea suele sustituir a las extracciones o partos potencialmente difíciles.

Entonces ¿por qué se producen?

Estas lesiones son asociadas generalmente a las fuerzas que se generan durante el proceso del parto: contracciones, compresión del bebé, manipulación, rotación y tracción, a veces en asociación con una presentación anómala del feto.

Además cuando se utiliza la instrumentación en el parto, la agresión puede relacionarse con las técnicas instrumentales que se utilicen, como la ventosa obstétrica o los fórceps.

Las lesiones ocurren cuando estos factores coinciden con un determinado grado de fragilidad del bebé, influyendo su inmadurez, su tamaño y la presentación fetal.

Todas estas características en su conjunto pueden provocar que se traduzca en lesiones superficiales, edema local, hemorragias o fracturas.

¿Cuales son los factores perdisponentes?

Es difícil predecir cuando se va a producir la lesión pero existen unos factores que pueden predisponer a partos complicados o aumentar la probabilidad de traumatismos obstétricos:

  • Peso al nacimiento: el parto de bebés con peso superior a 3,4 kilos suele ser más prolongado, con mayor compresión en la pelvis y que precisa, con más frecuencia, de maniobras de tracción.
  • Tipo de parto: los partos prolongados, con una presentación anormal o mal posición fetal, así como los partos que requieren del uso de instrumental, son los más susceptibles de provocar lesiones obstétricas.
  • Necesidad de reanimación: si se ha registrado sufrimiento fetal durante el parto, en algunos casos, es necesario realizar maniobras obstétricas más enérgicas de lo habitual que pueden predisponer a los recién nacidos a sufrir algún tipo de lesión.
  • Otros factores como anomalías de la pelvis materna, una presentación fetal anómala, la prematuridad, el uso de fórceps o ventosa y las grandes extracciones sin darle la posibilidad de moverse libremente a la embarazada.
  • Antes se consideraba el parto de nalgas como riesgo de lesión fetal, pero en la actualidad ya no tiene por qué suponer una cesárea segura.

Las lesiones más frecuentes

  • Fractura de clavícula: La clavícula es el hueso que con mayor frecuencia se fractura durante el trabajo de parto, generalmente consecuencia de una dificultad del paso de los hombros. Esta lesión tiene por lo general un buen pronóstico y no requiere tratamiento posterior. Sin embargo, es recomendable prestar especial atención al cambiar al bebé de ropa o al poner al recién nacido a mamar de ese lado para evitar posibles dolores.
  • Caput succedaneum y Cefalohematoma: en el primer caso es un acúmulo de líquido (edema) difuso debajo del cuero cabelludo sobre la presentación, no requiere tratamiento y se soluciona en pocos días. El cefalohematoma consiste en una colección de sangre debajo del cuero cabelludo, en la superficie del hueso, delimitada, como un bulto en un lado de la cabeza. Puede estar asociada al uso de instrumental durante el parto, aunque también puede estar ocasionada por la presión del útero y la pared vaginal. Este traumatismo se soluciona por lo general de forma espontánea en uno o dos meses.
  • Parálisis braquial: se asocia a niños con alto peso y que requieren maniobras instrumentales durante el parto. Se debe a un estiramiento en los nervios del cuello y del brazo, que provoca pérdida de movimiento o debilidad en las extremidades superiores. En la mayoría de los casos, tiene una curación espontánea durante los primeros seis meses de vida.
  • Parálisis facial: la aplicación de fórceps puede ocasionar un pinzamiento en alguno de los nervios faciales durante el parto. Si no se rompe el nervio, esta lesión se resuelve por sí misma en un periodo de dos a tres semanas después del parto.
  • Tortícolis muscular congénita, Hematoma de Esternocleidomastoideo: Es una deformidad del cuello, como un bultito, que se presenta en el recién nacido o que se manifiesta durante los dos primeros meses de vida y que se asocia a un acortamiento del músculo esternocleidomastoideo (músculo que va desde el esternón hasta la parte posterior de la cabeza, detrás de la oreja), en ocasiones los padres notan que el bebé siempre inclina la cabeza hacia un lado. Se resuelve en el 90% de los casos a los 4-6 meses. La torticolis puede ser debida a otras causas incluso antes del nacimiento.

¿Debo preocuparme?

En gran parte de los casos, estas situaciones se resuelven por sí mismas en tan solo unos días o semanas y no requieren de ningún tipo de intervención posterior, sólo en algunos casos es necesaria una atención médica especializada para que no queden secuelas posteriores. Tu pediatra te orientará.