Aceites esenciales

SALUD NATURAL

Cuida la salud y el olfato de tu hijo a través de los aceites esenciales

Inhalar los aromas adecuados, además de ayudarnos a superar ciertas dolencias, también puede hacernos la vida más placentera.

Gemma Baulies

31 de mayo de 2017, 07:00 | Actualizado a

El uso de aceites esenciales cada vez está más extendido. Poner unas gotas del aceite esencial del árbol de té en el champú de los niños para ahuyentar los piojos, o hacer un masaje en la barriga del bebé para calmar los cólicos con una mezcla de aceite vegetal y unas gotas de aceite esencial de manzanilla, se están convirtiendo en prácticas cotidianas.

Una sola gota tiene un gran poder tanto de curación como de prevención de ciertas enfermedades o desequilibrios orgánicos, pero es necesario estar asesorado por una persona especialista en la materia –aromaterapeuta– para asegurarnos de que hacemos un uso apropiado, porque no son inofensivos y pueden ocasionar efectos no deseados.

Un tratamiento con historia

La aromaterapia se define como el uso terapéutico de los aceites esenciales que se extraen de las plantas medicinales aromáticas, los cuales se pueden administrar por inhalación, mediante aplicación tópica o por vía oral, aunque en este último caso aún es más importante que lo prescriba un especialista.

Esta técnica no es ningún descubrimiento moderno: en China, Egipto o la India, los aceites esenciales ya se utilizaban con fines curativos desde la Antigüedad; es más, los egipcios también los empleaban en los procesos de momificación de sus muertos. Sin embargo, esta sabiduría se quedó en el olvido durante años hasta que el ingeniero químico francés R.-M. Gattefossé –considerado como uno de los padres de la aromaterapia– empezó a estudiar sus propiedades y aplicaciones en la salud de las personas. Su interés surgió el día en que se quemó la mano en una explosión que se produjo en el laboratorio de perfumes donde trabajaba, y por instinto metió la mano en un recipiente con aceite esencial de lavanda que tenía cerca. Al sentir que el dolor remitió instantáneamente y que las heridas se curaron con gran rapidez, comenzó a investigar.

Componentes característicos

Las plantas medicinales de una misma especie botánica cambian la proporción de sus componentes en función de la época del año, la exposición al sol, las características del suelo donde crecen... Por esta razón, los aceites esenciales que usemos han de estar quimiotipados, es decir, deben indicar la composición y la cantidad de moléculas que lo integran, porque así su acción terapéutica será más precisa. Y es que un mismo aceite esencial puede tener diferentes utilidades según sus quimiotipos. Por ejemplo, el Thymus vulgaris QT timol tiene propiedades antiinfecciosas, mientras que con quimiotipo tuyanol tiene un efecto bactericida y viricida.

Además, sus precios suelen ser elevados porque según su origen se necesitarán grandes cantidades de flores, semillas... Este es el caso de la rosa de Damasco, de la que se requiere entre 3.000 y 4.000 kg de pétalos para obtener un litro de su aceite esencial, mientras que de flores de lavanda solo se necesitarían 150 kg.

El olor de los recuerdos

Los olores nos acompañan a lo largo de toda la vida y tienen un papel muy importante para nuestro bienestar. Las diferentes moléculas olorosas volátiles penetran en las fosas nasales y se transforman en impulsos nerviosos que llegan al bulbo olfatorio, una región del cerebro que pertenece al sistema límbico. De esta zona surgen las respuestas intuitivas y automáticas, pero al estar conectada con la corteza cerebral, también influye en las respuestas más complejas. Por eso, un olor puede hacernos huir de un lugar si nos recuerda algo desagradable o, por el contrario, aportarnos alegría si nos conecta con un recuerdo feliz. Asimismo, al estar en contacto con la hipófisis y el hipotálamo –centros de regulación hormonal– también actúa a nivel físico, ayudándonos a aumentar las defensas del organismo o a relajarnos.

Para difundir estas esencias en el ambiente existen tres clases de difusores:

  • Velas. Al quemar el aceite lo desnaturaliza, impidiendo garantizar un efecto terapéutico.
  • Electrónicos. Realizan una buena difusión, pero cabe la posibilidad de que hagan ruido.
  • Ultrasónicos. Se añaden unas gotas del aceite esencial en el agua, y el difusor propaga sus micropartículas conservando sus propiedades.

Aplicación cutánea

La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, el más visible, el que nos pone en contacto y nos protege de los agentes externos, y donde se manifiesta tanto nuestra salud física como mental. Problemas como la dermatitis y la psoriasis están relacionados con estados de ansiedad o estrés, ya que la piel y el sistema nervioso se forman a partir de la misma capa embrionaria, el ectodermo.

A pesar de que la piel actúa como barrera impermeable de sustancias externas, los aceites esenciales penetran fácilmente a través de ella. Si ponemos dos gotas de un aceite esencial en la planta del pie, solo tardaremos 15 minutos en notar en el aliento su olor, es decir, se absorbe por la piel, pasa a la sangre, hace su acción terapéutica y se elimina por los pulmones.

Sin embargo, los aceites esenciales pueden irritar la piel si se usan directamente, de manera que en la mayoría de ocasiones utilizaremos los aceites vegetales como base, pero estos no solo sirven para diluir el aceite esencial, sino que tendrán valor medicinal por ellos mismos, siempre y cuando sean de calidad biológica y de primera prensada en frío, porque serán ricos en ácidos grasos poliinsaturados, vitaminas...

Otra manera muy interesante de aplicar los aceites esenciales es aprovechando la hora del baño. Si en el agua caliente de la bañera añadimos una mezcla del aceite esencial que deseemos o necesitemos en ese momento con un poco de leche (para que así las gotas se dispersen y no queden flotando), al sumergirnos disfrutaremos de un doble efecto, ya que estaremos recibiendo el aceite esencial a través de nuestra piel y también de nuestro olfato.

Beneficios y usos más comunes

El simple hecho de recibir unas caricias o un masaje ya supone beneficios para nuestra salud, y si estas presiones o fricciones de la piel se realizan con una combinación de aceites vegetales con aceites esenciales, podremos tratar muchos estados y patologías:

  • Para conciliar el sueño se mezcla aceite vegetal de almendras dulces con aceite esencial de lavanda (aceite esencial de Lavandula angustufolia ssp angustifolia) y/o esencia de mandarina (esencia de Citrus reticulata), y se aplica con un masaje por todo el cuerpo después del baño y antes de irse a dormir.
  • Para aliviar chichones y contusiones es muy efectivo el aceite vegetal de árnica mezclado con el aceite esencial de siempreviva (aceite esencial Helichrysum italicum ssp serotinum). O bien el aceite esencial de siempreviva amarilla (Helichrysum italicum ssp serotinum), con el fin de tratar cualquier golpe que genere un hematoma tanto si existe herida como si no la hay.
  • Para aumentar las defensas y evitar posibles contagios, especialmente en épocas de epidemias virales, basta con aplicar la combinación de aceite vegetal de nuez de albaricoque con aceite esencial de eucaliptus radiata (aceite esencial Eucalyptus radiata ssp radiata) tres veces al día en el tórax y la espalda. O bien al aceite esencial de ravintsara (aceite esencial de Cinnamomum camphora QT cineol), al aceite esencial de niaulí (aceite esencial de Melaleuca quinquenervia QT cineol) y al aceite esencial eucaliptus radiata (aceite esencial Eucalyptus radiata asp radiara).
  • Como calmante al aceite esencial de lavanda (aceite esencial de Lavandula angustifolia ssp angustifolia)
  • Cuando se trata de abordar picadas de avispas, medusas o en caso de quemaduras usamos el aceite esencial de espliego macho (Lavandula spica).

Con prescripción médica

El tratamiento por vía oral lo dejaremos en manos exclusivas de los aromaterapeutas, puesto que no debemos olvidar que los aceites esenciales son potentes medicamentos que se tienen que emplear con mucho cuidado.

Tipos de aceites para su mezcla

Cuando los aceites esenciales se utilizan de forma tópica, es necesario mezclarlos con aceites vegetales de calidad para evitar que se produzcan irritaciones en la piel. A pesar de la gran variedad de ellos que existe, estos son los que más se suelen usar:

  • El aceite de almendras dulces favorece la regeneración de la piel irritada y agrietada. Sin mezclar con aceites esenciales, también es bueno para masajear tanto a los bebés como a los niños por su efecto tranquilizante.
  • El aceite de caléndula aumenta las defensas naturales de la piel. Es ideal para pieles irritadas y enrojecidas por la exposición al sol.
  • El aceite de rosa mosqueta mantiene la flexibilidad y elasticidad de la piel. Ayuda a cicatrizar las heridas.
  • El aceite de nuez de albaricoque es hipoalergénico, y además de nutrir, también hidrata y flexibiliza la piel.

Procesos de extracción

  • Destilación. La técnica más habitual es la destilación por arrastre de vapor de agua. Este pasa a través de las flores, de las hojas y de otras partes blandas que componen las plantas aromáticas y extrae los aceites esenciales.
  • Expresión. Se utiliza principalmente para obtener la esencia de los cítricos (naranja, limón, mandarina, pomelo...). Se raspa la cáscara sobre una esponja natural y a continuación se escurre, con el fin de conseguir la esencia de estos frutos.
  • Enfleurage. En este tipo de extracción con disolventes, las flores de las plantas se colocan sobre una capa grasa para que esta absorba su esencia. Ni este tipo de extracción ni el de los disolventes se recomiendan para un uso medicinal.

Máxima precaución

Los aceites esenciales no deben utilizarse durante los tres primeros meses de embarazo.

Ni en lactantes ni niños menores de tres años, salvo si son recomendados por un experto.

Además es importante mantenerlos fuera del alcance de los niños para evitar posibles accidentes.

Una vez usados, hay que lavarse las manos para que no se nos irriten los ojos o las mucosas, y si se ingieren o se aplican en una zona sensible, poner un aceite vegetal y llamar al Servicio de Información Toxicológica del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (91 562 04 20).

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