Dieta astringente ¿es útil?

DUDAS FRECUENTES

Dieta astringente ¿es útil?

Aunque permanezca la idea de que tiene beneficios, lo que necesita un niño con diarrea es líquidos y comer con normalidad.

Julio Basulto

17 de junio de 2018, 07:00 | Actualizado a

Teóricamente, una dieta astringente es aquella que evita que una diarrea aguda empeore, limitando la fluidez y la abundancia de las heces, y también impidiendo que se irrite el intestino. A todos nos viene a la cabeza este aburrido menú: de primero sopa de arroz y/o zanahorias, de segundo pescado blanco hervido con pan tostado, y de postre compota de manzana con unas gotas de limón.

Pese a que la utilidad de una dieta astringente nos parece obvia, el Comité de Nutrición de la Academia Americana de Pediatría o la Asociación Española de Pediatría no lo tienen tan claro. Según los expertos, hace más de 15 años quedó demostrado que lo más sensato es volver cuanto antes a la alimentación normal (cuando el niño muestre apetito).

Por una parte, esta dieta no mejora la consistencia de las heces ni disminuye la frecuencia de las deposiciones. Por otra, la mayoría de las diarreas duran entre tres y siete días, coma lo que coma el niño.

Puede ser perjudicial

La dieta astringente no sólo no disminuye la duración o severidad de la diarrea, sino que además podría comprometer el equilibrio de la alimentación infantil, principalmente por falta de energía, y afectar negativamente al delicado sistema inmunitario del niño. El apetito, además, suele verse afectado no sólo por el proceso desencadenado por la diarrea, sino también por el rechazo a la monótona e insípida dieta astringente. Asimismo, para que el intestino se repare con éxito hacen falta nutrientes que no suelen estar presentes en estas dietas. Por último, muchas madres pueden verse tentadas de dejar de amamantar a sus hijos para darles alimentos teóricamente astringentes, algo a la vez innecesario y peligroso.

La hidratación es harina de otro costal: una pérdida constante y considerable de agua y electrolitos (minerales necesarios para que el balance de agua del cuerpo se mantenga) es potencialmente peligrosa.

Hay que insistir a los padres acerca de lo delicada que es la deshidratación.

Para evitarla, es fundamental seguir una terapia de rehidratación oral (TRO), un aporte de líquidos con una concentración de azúcar y sodio que se encuentran en farmacias en forma de suero oral.

Seguir el tratamiento

En Occidente la mayoría de diarreas son leves y con buen pronóstico, pero saber la correcta aplicación de la TRO es importe. Recordemos que cuando hay diarrea no hay que interrupir la lactancia y sí hay que evitar los zumos caseros o los refrescos azucarados, ya que pueden empeorar el cuadro y favorecer la deshidratación.

Prevenir la diarrea

La diarrea aguda en niños suele estar causada por una infección, habitualmente vírica, que afecta al intestino o por un tratamiento antibiótico. Para prevenirla hay que potenciar la lactancia materna, vigilar los hábitos de higiene del pequeño y evitar en lo posible el contacto con niños con infecciones intestinales. Pero los alimentos contaminados también son responsables de un gran número de casos. Así, en la cocina conviene:

  • Maximizar la higiene de las manos, de los utensilios y de las superficies.
  • Evitar almacenar a temperatura ambiente alimentos elaborados o de origen animal.
  • No descongelar alimentos a temperatura ambiente. Debe hacerse en el frigorífico o el microondas.

El valor de la hidratación

  1. Pese a que es fundamental, la hidratación no va a mejorar la consistencia de las heces ni tampoco va a disminuir el número de días que el niño va a tener diarrea.
  2. Es mejor hidratar en casa a nuestro hijo que en el hospital –allí probablemente lo harán por vía intravenosa–, ya que es menos doloroso y tiene menos complicaciones. En este sentido, cuanto antes comencemos, mejor pronóstico tendrá el cuadro.
  3. Hay que tener claro si la diarrea es leve, moderada o grave. Ante diarreas leves en niños sin síntomas de deshidratación –la inmensa mayoría– no hace falta más preocupación que la que indica la sensatez: observa a tu hijo y valora su evolución.

Señales de alerta

Una deshidratación severa es muy peligrosa, por lo que se deben saber identificar sus señales:

  • El niño está irritable. Si pasa a mostrarse aletargado o soñoliento puede estar agravándose.
  • Los ojos están hundidos, secos, o sin lágrimas cuando llora.
  • Tiene la boca seca y bebe con ansiedad. La incapacidad de beber o la boca muy seca aún es más grave.
  • La piel no vuelve a su sitio con rapidez tras pellizcarla levemente.

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