Crisis alérgica

BEBÉS Y NIÑOS MÁS SANOS

¿Es una alergia?

Hay de muchos tipos y no siempre sabemos qué las causa. Por suerte, podemos actuar para prevenir su aparición y la repetición de las crisis o, en última instancia, tratar sus síntomas.

José María Paricio

28 de septiembre de 2017, 19:06 | Actualizado a

Nuestro hijo reacciona de una manera exagerada ante algo que ha tocado o comido... ¿quizás ante algo que ha respirado en el ambiente? Todos nos ponemos en alerta.

No siempre es fácil saber si estamos ante una reacción alérgica, ya que los síntomas pueden ser los mismos que en otras enfermedades.

Incluso el asma o la rinitis no siempre tienen un origen alérgico, puede ser infeccioso o irritativo. De hecho, la alergia es una característica que presentan algunos niños cuyo sistema inmunitario reacciona de una forma exagerada ante sustancias externas que entran en contacto con la piel, las vía respiratorias (nariz, bronquios), los ojos, el intestino o si se las inyectan en la sangre.

Estas sustancias que a otras personas no les causan ningún problema, a ellos les producen una inflamación exagerada en alguna de estas zonas. En medicina, estas sustancias se llaman alérgenos, que quiere decir productores de alergia.

La alergia no es una única enfermedad, sino varias, dependiendo de la parte del cuerpo afectada:

  • es asma si son los bronquios
  • rinitis si es la nariz
  • urticaria y dermatitis o eccema atópico en la piel
  • conjuntivitis en los ojos
  • gastroenteritis alérgica o alergia alimentaria en el intestino.

Aunque con bastante frecuencia estas enfermedades no se dan de forma aislada, de modo que el niño con asma puede tener además rinitis o dermatitis alérgica. En el caso de que la reacción alérgica afecte prácticamente a todos estos órganos hablamos de anafilaxia.

Mecanismos de defensa

Nos encontramos ante un problema del sistema inmune o de defensa, que reacciona de forma exagerada ante determinadas sustancias ajenas a nuestro propio organismo. Cuando el alérgeno entra en contacto con nuestro cuerpo y desencadena una reacción de defensa diferente de la normal ante las infecciones, fabrica una proteína llamada inmunoglobulina E (IgE) que provoca la rotura de unas células especiales y causa la liberación de una sustancia llamada histamina. La histamina es la responsable de la inflamación que se produce en las zonas afectadas (la piel en el caso de la urticaria; los bronquios en el asma; la nariz en la rinitis, etc.)

Esto ocurre en determinadas personas y no en otras, debido a la predisposición genética. Los antecedentes familiares son importantes: si el padre o la madre son alérgicos, el niño tiene una posibilidad sobre dos de serlo, y si ambos son alérgicos, la probabilidad de que lo sea es de dos sobre tres.

Se sabe también que la contaminación del medio ambiente influye en el desarrollo de las alergias, así como la alimentación en los primeros meses de vida (el tipo de lactancia y la introducción de los primeros alimentos).

Los desencadenantes

Aunque muchas veces no se logra identificar el alérgeno que causa la enfermedad, los agentes más frecuentemente implicados son:

  • En los casos de asma, rinitis y conjuntivitis son los ácaros del polvo doméstico (dermatofagoides), los hongos que crecen en zonas húmedas de la casa, las cucarachas y los pólenes de hierbas y árboles.
  • En los casos de urticarias o alergia intestinal, lo más frecuente es que sean los alimentos (leche de vaca, huevo, pescado, frutos secos, fresas, marisco, chocolate, aditivos y gusanos anisakis del pescado) o los medicamentos (penicilina, aspirina).
  • En los casos de dermatitis de contacto, lo suelen ser las ortigas, las procesionarias del pino, las medusas o las picaduras de insectos.

Además, el médico para hacer el diagnóstico tiene en cuenta los síntomas que describen los padres y lo que revela la exploración del niño. Pero, sobre todo, les pedirá que recuerden ciertos detalles:

  • si le ocurre más por la noche en la cama
  • en primavera o todo el año
  • si tienen alguna mascota
  • si hace poco ha comido algo nuevo
  • si le han puesto alguna vacuna o dado algún medicamento
  • si ha tocado algo especial
  • o le ha picado algún insecto...

Es difícil, porque en muchas ocasiones no se encuentra relación aparente con nada en especial. Entonces el pediatra puede pedir un análisis para comprobar si hay un aumento en la sangre de la proteína defensiva IgE (Inmunoglobulina E) y de unos glóbulos blancos especiales, los eosinófilos. Ambos hechos son frecuentes en enfermos alérgicos, aunque también pueden estar en enfermedades que no lo son.

También hay pruebas especiales para demostrar si una sustancia concreta es el causante de los síntomas del niño: con un análisis que detecte si hay una defensa específica en sangre contra ese alérgeno, y también mediante las llamadas pruebas alérgicas, que consisten en la exposición del niño a la sustancia sospechosa para ver si le provoca reacción. Esto se puede hacer pinchando debajo de la piel extractos muy diluidos de los alérgenos (prueba cutánea o prick test) o dándolos por boca (prueba de provocación) para ver si causan alguna inflamación o síntoma.

Evitar la exposición

El tratamiento de la alergia dependerá del tipo que sea, pero hay algo común que funciona y se aconseja en todas ellas: evitar el alérgeno. Es decir, una vez demostrado que tal o cual sustancia es la responsable de los síntomas, hay que evitar, dentro de lo posible, que se ponga de nuevo en contacto con ella.

Puede parecer sencillo, pero a veces es muy difícil porque se trata de un tipo de polen o algo muy común, como los ácaros del polvo (pequeños insectos microscópicos que viven en el polvo doméstico). En otros casos es más fácil, como evitar mascotas si se es alérgico a la piel y los pelos de gatos o perros; o controlar la existencia de humedades si se es alérgico a los mohos.

Después existen, evidentemente, diferentes tipos de tratamientos farmacológicos:

  • Los corticoides son un tratamiento común a casi todas las enfermedades alérgicas, sea en forma de jarabes, pinchados en vena o intramusculares, en cremas o inhalados. Se trata de hormonas muy potentes que disminuyen la inflamación. Pero, como tienen efectos secundarios, hay que emplearlos con prudencia y durante periodos cortos de tiempo. Solo si son inhalados se pueden dar con más tranquilidad durante meses sin que supongan un problema.
  • Los antihistamínicos son medicamentos que disminuyen la inflamación y suprimen los picores. Se utilizan en la rinitis, la dermatitis y la urticaria, pero no en el asma.
  • Los broncodilatadores, como indica su nombre, dilatan los bronquios y se dan para el asma. El más utilizado es el salbutamol inhalado. Hoy en día no se usan estos medicamentos por vía oral.
  • Las vacunas o la inmunoterapia se suelen emplear solo si se ha demostrado qué causa la alergia, los síntomas no se controlan con las otras opciones y el niño tiene más de 5 años. Dada la molestia que supone su administración repetida durante años, los posibles efectos secundarios y el gasto que implica, se utilizan solo en casos seleccionados.
  • El Montelukast disminuye algo la inflamación, modificando una parte que tiene que ver con unas sustancias llamadas leucotrienos. Es de menor eficacia y más caro que todos los anteriores.
  • El Omalizumab es un medicamento que bloquea la IgE. Se utiliza solo en casos seleccionados de alergia y de rinitis de mala evolución.

¿Visita o urgencias?

Como la urticaria, la rinitis, la conjuntivitis o la dermatitis, no son enfermedades que comprometan la vida, no es necesario ir a urgencias. Es mejor esperar y que lo examine su pediatra de cabecera durante las primeras 24 horas.

Pero si se aprecian síntomas de anafilaxia o están muy angustiados, deben acudir a urgencias.

Y si tiene picor o fiebre (es poco frecuente, aunque en el caso de niños menores de cinco años a veces se presenta), pidan cita para que sea visto en menos de 24 horas.

Ante una crisis asmática, si no es la primera vez y conocen la medicación, dénsela, y en el caso de que no mejorara en pocas horas, pidan cita preferente. Si empeora a pesar de la medicación u otras veces ha ingresado en cuidados intensivos, no duden en acudir directamente al servicio de urgencias de su centro de salud.

Las mejorías

Muchas de las enfermedades alérgicas evolucionan en forma de brotes o crisis repetidas: el niño pasa de estar bien a tener una crisis, que desaparece con o sin tratamiento, pero vuelve a aparecer pasados varios días, semanas o meses. Como la mayor parte son enfermedades crónicas o de larga duración, es normal que los padres se preocupen.

Pero no todo es tan negativo, por muy espectaculares que parezcan los síntomas, suelen ceder con o sin tratamiento en menos de una semana. Y las crisis se repiten, sí, pero los padres adquieren experiencia, saben cuando están ante un nuevo brote y ya dan la medicación habitual hasta poder visitar al pediatra.

Muchos niños mejoran con los años y la medicación. Algunos se curan antes de llegar a la adolescencia y otros continúan con su enfermedad, pero cuando son adultos les suele dar menos problemas.

¿A qué corresponde cada tipo de síntoma?

Los síntomas dependerán de cada enfermedad en concreto, pero todos ellos se desencadenan por la inflamación que provoca el alérgeno en el órgano que afecta: pulmón, nariz, piel, etc. Suelen aparecer de un modo súbito, brusco, tras la exposición o contacto con la sustancia a la que se es alérgico. Veamos caso a caso.

  • En el asma alérgica, la inflamación afecta a los bronquios, por los que pasa el aire que inspiramos, lo que hace que disminuya su calibre y que fabriquen mucho moco, para acabarlo de complicar. Todo esto se manifiesta como dificultad respiratoria, sensación de falta de aire, respiración rápida y agitada, y tos. Otro síntoma característico es que, como los bronquios están más estrechos, el aire silba al pasar a través de ellos, y produce unos ruidos que parecen pitidos y que los médicos llamamos sibilancias o sibilantes.
  • En las rinitis alérgicas, la inflamación afecta a la mucosa nasal (piel de la parte interior de la nariz), que hace que el paso del aire se estreche y esté lleno de mocos. Eso da lugar a que se respire peor por la nariz y que haya mucho picor (prurito, decimos los médicos) y tendencia a rascarse.
  • En la urticaria alérgica, la piel se llena de habones o ronchas, es decir, de manchas rojas sobreelevadas de diversos tamaños, con picor y tendencia al rascado. A veces hay tanta inflamación que algunas zonas acaban muy hinchadas: los párpados, los labios, las orejas o las manos, produciendo una apariencia de deformidad. Esto es lo que se llama angioedema. La urticaria alérgica es un proceso agudo y cede en pocos días.
  • En la dermatitis atópica o eccema atópico hay inflamación crónica de determinadas zonas de la piel, con mucho picor y rascado. Al revés que la urticaria, el eccema atópico puede durar años, empeorando y mejorando por temporadas.
  • En la conjuntivitis alérgica son los ojos los que se inflaman, se enrojecen y pican mucho. Hay un lagrimeo constante y la luz puede llegar a resultar muy molesta (fotofobias).
  • En la alergia alimentaria pueden haber diferentes síntomas relacionados con el sistema digestivo, como diarrea, dolor abdominal, vómitos o heces con sangre.
  • La anafilaxia o choque anafiláctico es la forma más grave de alergia y produce síntomas en casi todos los órganos afectados por la alergia: ronchas, hormigueo, picor y calor en cara, ojos, labios y paladar, dificultad para tragar y para respirar con sensación de ahogo y pitos en el pecho. Puede haber también dolor abdominal, vómitos y diarrea. Y mucho malestar e incluso pérdida de conocimiento. Ante esta situación es necesaria una atención médica de urgencia.

¿Qué hacer ante una crisis?

La experiencia de anteriores episodios y las recomendaciones médicas pueden ayudar a sobrellevar la situación.

  • Tranquilizad a vuestro hijo: cogedlo en brazos, consolarlo y hablarle para intentar calmarlo. La angustia empeora cualquier tipo de síntoma.
  • Comprobad si tiene fiebre; si es alta, podéis administrarle un antitérmico en la dosis recomendada por el pediatra para su edad y peso. Si no es alta, es suficiente con desabrigarlo y darle de beber líquidos que no sean calientes.
  • Comprobad cuáles son los síntomas. Si son los mismos que la vez anterior y su pediatra os dijo qué medicación tendríais que darle en caso de crisis, dádsela hasta tener visita con él. Si no mejora o si empeora en pocas horas, pedid cita preferente o valorad la posibilidad de acudir a urgencias si esto ocurre fuera del horario normal.
  • Intentad recordar y anotar lo que vuestro hijo ha hecho, comido o tocado en las horas anteriores a la aparición del cuadro alérgico. Seguro que os lo preguntará el médico y puede servir para identificar mejor la causa de la reacción alérgica o compararlo si se da una próxima vez.

Las medidas preventivas que son eficaces

Se ha demostrado que manteniendo estos hábitos se reduce la incidencia de alergias.

  • La alimentación con leche materna fortalece el sistema inmunológico de los niños y disminuye las posibilidades de que acaben padeciendo enfermedades alérgicas. Lo ideal son seis meses de lactancia materna exclusiva y después mantenerla mientras se empiezan a introducir otros alimentos.
  • Evitar los humos de tabaco, de estufa, de chimenea o del tráfico, todo lo posible.
  • Controlar el exceso de humedad en el domicilio para evitar la proliferación de moho.
  • Disminuir la entrada de pólenes al interior de la casa.
  • Cuando se trata de una alergia diagnosticada, evitar exponer al niño al alérgeno que le causa reacción.

Artículos relacionados