¿Es alérgico a algún alimento?

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¿Es alérgico a algún alimento?

Cualquier reacción adversa a un alimento debe ser siempre valorada por un especialista. Y no conviene que lo eliminemos de su dieta si no tenemos un diagnóstico concreto.

Maria Manera

6 de marzo de 2018, 21:39 | Actualizado a

Alergia a la leche, intolerancia al gluten, hipersensibilidad a las frutas, reacciones adversas frente al pescado... A pesar de que podemos haber oído infinidad de veces estos conceptos, no son denominaciones rigurosas ni reflejan la realidad.

En primer lugar, cabe aclarar que estos términos, que se usan a menudo indistintamente como sinónimos, no lo son en absoluto y que la gravedad y el tratamiento que implicará cada tipo de afección es variable.

En segundo lugar, decimos que no reflejan la realidad porque, en verdad, son reacciones mucho menos frecuentes de lo que la gente cree, o dicho de otra manera, el porcentaje de personas que creen padecer alergia (o que creen que su hijo o hija la padecen) y así lo autodiagnostican es muy superior al que está realmente afectado por este trastorno.

Teniendo en cuenta que los alimentos frente a los que una persona alérgica reacciona son perfectamente saludables para la población no alérgica, la exclusión de alimentos a partir de autodiagnósticos conduce a la eliminación de alimentos con características nutricionales interesantes –cereales, frutas frescas, frutos secos, etc.– y dificulta innecesariamente la planificación alimentaria de los supuestos afectados.

Ante la sospecha de una reacción adversa tras el consumo de un alimento, es imprescindible la visita al médico especialista, quien valorará la conveniencia de realizar pruebas que confirmen el diagnóstico y descartará otras dolencias que pueden dar síntomas parecidos pero pasajeros, como una infección o una intoxicación.

Quién es quién

Hace ya muchos años que la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica y la Organización Mundial de Alergia aclararon y unificaron los términos relacionados con las reacciones adversas a los alimentos. Veámoslo.

1. Alergias alimentarias

Tienen su origen en un mecanismo inmunitario, es decir, donde participan las defensas, que actúan erróneamente como si el alimento que se ha consumido fuera una agresión para el organismo.

Pueden dar lugar a situaciones potencialmente graves, que pueden ir desde un ligero malestar hasta reacciones serias que pueden comprometer la vida de la persona y que necesitan una intervención médica inmediata.

Los síntomas pueden ser cutáneos (picazón, enrojecimiento, hinchazón), gastrointestinales (dolor, nauseas, vómitos, diarrea, quemazón, hinchazón de la cavidad oral), respiratorios (asma, picazón o hinchazón de la cavidad nasal y la garganta), oculares (picazón, hinchazón) o cardiovasculares (dolor torácico, arritmias, hipotensión).

Dichos síntomas pueden aparecer a los pocos minutos de comer el alimento o hasta una hora después, pueden durar días o semanas y ser más o menos graves según la cantidad de alimento consumido y la sensibilidad de la persona.

Algunos ejemplos de alergias alimentarias son:

  • a la proteína de la leche de vaca
  • a los frutos secos
  • a la enfermedad celíaca (alergia al gluten de algunos cereales).

2. Hipersensibilidad no alérgica

  • Son respuestas en las que no intervienen (o no se han demostrado) mecanismos de base inmunológica.
  • El caso más popular de este tipo de reacción es la denominada intolerancia a la lactosa, que es, estrictamente hablando, una hipersensibilidad a la lactosa.
  • Son reacciones dosis-dependientes, es decir, las manifestaciones clínicas son más intensas cuanto mayor es la cantidad ingerida.
  • Las personas con intolerancia a la lactosa pueden tolerar hasta 12 g de dicho componente en una dosis única –lo que equivale a un vaso de leche–, e incluso una cantidad mayor si la consumen en dosis más pequeñas repartidas a lo largo del día y junto a otros alimentos.
  • La hipersensibilidad a la lactosa es muy poco frecuente en niños. La más habitual es transitoria y secundaria a diarreas.

Alimentos en el punto de mira

Todos los alimentos son potencialmente sensibilizantes (se han descrito más de 170), aunque, en la práctica, la mayoría de reacciones alérgicas están causadas por un número reducido de alimentos. En general, los que habitualmente están más implicados en reacciones alérgicas serias son los cereales con gluten, la leche de vaca, los huevos, algunos frutos secos, la soja, el pescado y los crustáceos. Sin embargo, la prevalencia varía según la región, ya que los alimentos implicados en las reacciones alérgicas son los que más se consumen en aquella zona.

De esta manera, en España las frutas más “críticas” son el melocotón y el melón, mientras que en otras zonas de Europa las principales causantes de las reacciones alérgicas son la manzana y el apio. En Estados Unidos, la mantequilla de cacahuete constituye la tercera causa de alergia en lactantes.

Según datos preliminares del estudio europeo EuroPrevall, hechos públicos por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, los alimentos por los que se acude al alergólogo en España son, por orden de mayor a menor frecuencia:

  • melocotón
  • leche
  • huevo
  • melón
  • gamba
  • pescado
  • kiwi
  • plátano
  • nuez
  • sandía
  • cacahuete
  • manzana
  • tomate
  • pescado
  • avellana.

En el caso de los niños menores de cuatro años, los principales alimentos alergénicos son:

  • el huevo
  • la leche de vaca
  • el pescado.

Como la alergia evoluciona con la edad y varía en función de los alimentos que se van incorporando a la dieta, a partir de los cuatro años, y hasta los catorce, es más frecuente la alergia a alimentos como:

  • la manzana
  • la avellana
  • el cacahuete

Nuevos sabores

Hace ya bastantes años se aconsejaba retrasar la ingestión de determinados alimentos con el fin de reducir el riesgo de alergia.

Así, algunos calendarios de incorporación de nuevos alimentos recomendaban no ofrecer huevo hasta los doce meses, pescado hasta los nueve o legumbres hasta los diez (por decir algo, porque, como sabemos, cada pediatra puede tener su propio calendario).

Estudios posteriores, aunque observacionales y poco concluyentes, indican que no sería necesario retrasar los alimentos potencialmente alergénicos más allá de los seis meses, incluso en el caso de bebés con riesgo de desarrollar alergia, ni siquiera seguir dietas de exclusión durante los meses de embarazo y la lactancia para prevenir la alergia.

Este es un ejemplo de los continuos cambios que produce el avance del conocimiento científico, que pueden causar cierto desconcierto en la población. Por ello, debemos centrar las recomendaciones en la más sólida evidencia científica, que en el ámbito de la nutrición infantil está bien establecida: lactancia materna exclusiva y a demanda hasta los seis meses.

Ofrecérselos cuando esté preparado

A la hora de decidir qué alimentos distintos de la leche materna (o de fórmula) se van a ofrecer y cuándo es aconsejable hacerlo, es mejor abandonar los desfasados calendarios rígidos y genéricos, que no se adaptan a las características individuales de cada niño.

En realidad, el orden no es trascendente. En cuanto al momento más adecuado, el desarrollo neuromotor del niño es nuestra mejor guía, de manera que podemos sospechar que está preparado para probar nuevos alimentos cuando:

  1. Pueda permanecer sentado sin dificultades y aguantar la cabecita con firmeza.
  2. Coordine la mirada, la mano y la boca para mirar el alimento, cogerlo él mismo y llevárselo a la boca.
  3. Sea capaz de masticar y tragar alimentos sólidos.

Tan despacio como sea necesario

Algunos niños, pocos, serán capaces de lograr estos tres hitos a la vez antes de cumplir los seis meses; otros, la gran mayoría, lo harán bastante después.

Los padres debemos ofrecer alimentos saludables (pan, arroz, fruta, verdura, legumbres...) a nuestros hijos cuando estén realmente preparados, respetando su desarrollo fisiológico, y sin incorporar más de un alimento nuevo a la vez. Así, seremos capaces de identificar si alguno de ellos no es bien tolerado.

Cifras que no cuadran

En los últimos 50 años, el número de personas afectadas por alergias alimentarias ha aumentado. Según datos del estudio EuroPrevall 2011, actualmente la prevalencia global (infantil y adultos) es entre el 1 y el 5%.

Este amplio estudio sobre alergia y alimentos se ha realizado con una muestra de 100.000 individuos de 25 países, 19 de ellos europeos.

Estos datos contrastan y mucho con los resultados de las encuestas. Cuando se pregunta si uno mismo cree que padece alguna alergia alimentaria, hasta el 40% de la población responde afirmativamente.

Tener un diagnóstco fiable

Más allá de los errores obvios derivados de los autodiagnósticos, en la actualidad existe una amplia oferta de procedimientos complementarios y alternativos no validados científicamente para diagnosticar alergias e intolerancias. Son los denominados test de sensibilidad alimentaria o de intolerancia alimentaria, que abundan con variados y llamativos nombres comerciales. Una declaración de postura de la Societat Catalana d’Al·lèrgia i Immunologia Clínica indica que la aproximación diagnóstica equivocada que ofrecen estos métodos conlleva un retraso en la aplicación de un tratamiento adecuado.

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