Estreñimiento en bebés y niños

BEBÉS Y NIÑOS SANOS

Estreñimiento en bebés y niños

Las heces de los lactantes y niños tienen características especiales. Distinguir qué es normal y qué es patológico es esencial antes de aventurar que existe un problema y tratarlo.

Luis Ruiz

17 de agosto de 2017, 22:30 | Actualizado a

Aunque cada vez las parejas se convierten en padres a una edad más avanzada, pocos se enfrentan a esta aventura habiendo tenido experiencia en el cuidado de niños pequeños. Eso hace que les sea difícil distinguir cuándo algo es un problema, o simplemente una característica normal de la edad. Así, por ejemplo, es bueno saber que el criterio para diagnosticar un estreñimiento en adultos difiere bastante del aplicable a un niño, ya que la frecuencia y características de las deposiciones son diferentes.

Una dieta adecuada nos aporta todos los nutrientes necesarios para vivir y estar sanos. Degradamos los alimentos con la masticación, los jugos gástricos y todos los elementos que ayudan a adecuar los alimentos ingeridos hasta hacerlos accesibles a nuestro organismo. En este proceso de extracción de nutrientes se generan unos restos no utilizables que el tubo digestivo va a eliminar por la defecación. Este no es un proceso simple. Intervienen muchas funciones autónomas y voluntarias.

Por ejemplo, en las especies animales, la sensación de estómago lleno tras la comida va seguida de un reflejo gastrocólico que activa el proceso de defecación. Este reflejo primitivo los humanos lo tenemos al nacer, por esta razón los recién nacidos pueden hacer caca cada vez que comen: entre 8 y 10 deposiciones en un día sin que se trate de nada patológico. En cambio, los recién nacidos alimentados con leche artificial (de origen vacuno) pueden tener deposiciones más duras y menos frecuentes, y ser también completamente normales.

Ajustar términos

La frecuencia también varía mucho con la edad. Cuando el lactante comienza con la alimentación complementaria, puede haber un cambio en la frecuencia y textura de las heces. Y cuando ya controla los esfínteres, a los tres o cuatro años, el ritmo es como el del adulto. El margen de normalidad es tan amplio como: entre tres deposiciones al día y tres veces a la semana.

Los episodios de una falta de deposiciones aislado no puede calificarse de estreñimiento. Para poder usar todo el mundo la misma terminología, y no tratar innecesariamente a cualquier niño por un simple cambio de ritmo, el Grupo de Consenso para la Terminología de la Constipación en la Infancia (PACCT) reunidos en París, determinaron una serie de índices y nombres para diagnosticarlo. Así pues, se habla de estreñimiento cuando hay una disminución de la frecuencia de las deposiciones o la dificultad de eliminación de las heces durante dos meses o más, acompañadas como mínimo de dos de los siguientes síntomas:

  • Menos de tres deposiciones a lo largo de la semana.
  • Un episodio de salida involuntaria de heces (incontinencia fecal) a la semana.
  • Actitudes de evitación de la defecación, que suele ser dolorosa y de gran volumen. Incluso pueden llegar a obstruir el retrete.

Falsa alarma

Con esta definición de estreñimiento en la infancia podemos empezar a tener herramientas para no angustiarnos cuando el bebé lactante, que desde el nacimiento venía haciendo deposiciones cada vez que comía debido al reflejo gastrocólico, baja la frecuencia y pasa a un ritmo de una deposición cada dos días de aspecto normal y blanda.

Tampoco es estreñimiento si al niño le cuesta defecar cuando sus heces tienen una mayor consistencia. Es muy posible que en este caso simplemente tenga necesidad de tomar más líquidos, ya sea porque hace calor o porque lo llevamos demasiado abrigado y no bebe suficiente. La falta de líquidos hace que el organismo absorba agua del intestino, haciendo más espesas las heces y concentrando la orina.

Dejar el pañal

En los niños más grandes es muy frecuente que el estreñimiento tenga su origen en el intento de los adultos de hacer que controlen sus esfínteres. Puede ser que lo estemos presionando para dejar el pañal antes de tiempo y el niño no está suficientemente maduro. También puede ser porque el método empleado le causa estrés o un conflicto interno. Es por esta razón que la mayor incidencia de este problema se sitúa en la etapa que va de los dos a los cuatro años. Como en todos los procesos evolutivos infantiles, el control de esfínteres requiere una madurez que cada niño adquiere en su momento. Como dice el refrán: “ No por mucho madrugar amanece más temprano” y, aunque hay que favorecer que vaya dejando el pañal y aprenda a regular los reflejos de deposición y orina, no es bueno forzarle ni presionarle para lograr este fin. La disposición de “su lugar” donde realizar siempre las deposciones, y seguir una rutina previsible, a veces ayuda, pero en este caso no hay que olvidar que la madurez del niño es lo único imprescindible.

Causas posibles

Aclarados todos estos puntos, podemos distinguir tres grupos de causas fundamentales de constipación en la infancia:

  • Estreñimiento funcional. Es, con diferencia, la causa más frecuente de este problema. Este tipo se presenta en niños con buen estado nutricional, sin hinchazón en el abdomen y su aparición es más tardía. Se puede asociar al uso de alguna medicación (como algunos jarabes para la tos, medicamentos para el dolor, para el asma, para la anemia...), a alguna alteración en la alimentación que aporta una hidratación escasa, o a la posibilidad de una infección urinaria, especialmente en las niñas. Una vez se comprende la naturaleza y se actúa sobre la causa, la evolución es buena. La mayoría de los casos se soluciona simplemente con medidas dietéticas y cambios de estilo de vida.
  • Factores psicológicos. En algunas ocasiones, la causa viene determinada por la aparición de cambios vitales que suponen un fuerte estrés para el niño y que pueden desencadenar en la aparición de estreñimiento. La retirada del pañal es el ejemplo más claro, si se hace de una manera inadecuada, repentina y exigente por parte de la familia, los cuidadores o los educadores. Pero también: el inicio del curso escolar, la pérdida de un familiar próximo o de una mascota, cambios de vivienda o de escuela, separación de los padres... En algunos niños, y de un modo excepcional, también podría darse por la aparición de algún trastorno de tipo madurativo y del desarrollo.
  • Causa orgánica. Es mucho menos frecuente que nos encontremos con un estreñimiento de comienzo muy precoz, que nos lleve a pensar en una causa orgánica: son trastornos neurológicos de la musculatura intestinal o enfermedades metabólicas generales, como por ejemplo el hipotiroidismo. También se consigue una mejoría clara con un tratamiento hormonal en el caso de diabetes o hipotiroidismo. Y utilizando enemas o laxantes cuando nos enfrentamos a trastornos neurológicos.

Nuestra experiencia

El estilo de vida actual con dietas pobres en fibra y con escaso ejercicio físico nos llevan, irremediablemente, a que el estreñimiento entre los adultos sea un problema frecuente. A menudo, los padres conocedores y sufridores de esta realidad, nos preocupamos cuando el niño no hace unas deposiciones diarias o son de consistencia muy diferente. Muchas veces el niño se retrasa sólo uno o dos días en hacer caca, pero la preocupación ya nos hace pensar en atajarlo lo antes posible con un tratamiento.

También, la nueva madre que seguramente ha sufrido problemas de estreñimiento durante el embarazo, en el posparto o incluso durante la lactancia, va a intentar buscar remedio para resolver esta situación que le parece anómala, aunque realmente no sea así.

En cambio, hay situaciones en las que sí es necesario e importante detectar y acudir al pediatra: hay que comprobar que el recién nacido no presenta un estreñimiento de inicio precoz. Si el bebé no elimina el meconio (la caca oscura que trae desde dentro de la barriga) es un motivo de consulta médica, porque puede implicar la posibilidad de que exista una lesión orgánica intestinal o algún otro trastorno de tipo metabólico.

Pequeñas heridas

También acudiremos al pediatra si en niños pequeños se presentan actitudes de evitación de la defecación. Y si aparece súbitamente retención de heces y el niño nos manifiesta dolor, debemos observar si existen lesiones en el esfínter anal. En ese caso pueden aparecer incluso heces con pequeñas cantidades de sangre roja. No debemos alarmarnos, probablemente se debe a la presencia de pequeñas fisuras que se suelen producir por la presencia de deposiciones mucho más duras de lo habitual, que raspan la piel del esfínter y producen pequeñas heridas. En este caso el tratamiento consiste en lavar con productos antisépticos después de cada deposición y curar con pomadas cicatrizantes.

Pero también se hace imprescindible un cambio de hábitos para disminuir la consistencia de las heces mediante una dieta más rica en fibra y aumentando la ingesta de líquidos. Una buena hidratación hace que el intestino no tenga que “ahorrar” agua disminuyendo la hidratación de las heces.

También puede ser de ayuda intentar reeducar el reflejo natural, no demorando, sino facilitando que el niño vaya al baño después de las comidas, cuando se estimula el reflejo gastrocólico.

Un estilo de vida preventivo

Los hábitos y la dieta son los factores que más influyen en la prevención o la aparición de este problema. Para evitarlo debemos:

  • Facilitar una alimentación lo más natural posible, especialmente durante el primer año, favoreciendo la lactancia materna. Emplear alimentos caseros, mejor que industriales.
  • Ofrecer a los niños alimentos ricos en fibra, siendo los más ricos los cereales integrales y las legumbres, más incluso que frutas y verduras. Manzana, plátano, arroz o zanahoria no estriñen.
  • No demorar el reflejo de defecación, especialmente después de las comidas principales, que estimulan el reflejo gastrocólico. Favorecer el juego y la actividad física, y la toma de líquidos (no dulces).

Tratamientos adecuados

Hacer un buen diagnóstico diferencial es la mejor garantía. Y es básico no dar remedios que pueden ser útiles para adultos pero no para niños.

  • Conviene no tratar como si fuera estreñimiento cualquier retraso en el número o frecuencia de las deposiciones. En muchos periodos del lactante y niño pequeño la frecuencia disminuye y puede estar incluso más de un día sin hacer cacas sin padecer estreñimiento.
  • No es recomendable aplicar medidas laxantes medicamentosas sin que estén indicadas y prescritas por el médico.
  • Los enemas y otros tratamientos agresivos son necesarios en escasas ocasiones. Una historia adecuada sobre el estreñimiento es indispensable para ofrecer un tratamiento personalizado.
  • Aplicar recursos que actúen como estímulos mecánicos, puede activar el reflejo de defecación pero no resuelven el problema. El uso del termómetro para este fin está totalmente desaconsejado y es peligroso.

Qué dice su aspecto

En la antigüedad los médicos dábamos mucha importancia a la forma y las características de las heces, ya que pueden informar sobre la situación del enfermo en particular.

  • Heces con elementos extraños. Son frecuentes cuando se inicia la alimentación complementaria. Los padres notan muchos cambios y encuentran cosas que les asustan: una especie de gusano, que acaba siendo descubierto como las hebras del plátano que el niño ha comido ese día.
  • Sangre roja. Aparece en las heces duras y las diarreicas debido a una fisura en la región perianal.
  • Color negro oscuro. Suele deberse a la presencia de sangre en los alimentos, por ejemplo, por grietas en el pecho de la madre que amamanta, o salida de sangre por la nariz en el niño más mayor (epistaxis). –Heces caprinas. Parecidas a las de las cabras: muy duras, de escaso volumen y más o menos esféricas.

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