Agobios al ir al pediatra

SALUD

Evitar agobios por la visita al pediatra

Mantener el contacto con nuestro bebé, confiar en el profesional y preguntarle todo lo que nos preocupa son la base para que la cita sea agradable y provechosa.

Anna Maria Obradors

18 de mayo de 2018, 07:00 | Actualizado a

Acudir a la consulta médica o de enfermería, aunque sea para un simple control de salud, puede causar inquietud y nerviosismo a un niño pequeño. Visitar un lugar poco familiar donde una persona desconocida manipula tu cuerpo y te habla no es, a priori, un panorama muy tranquilizador. Por lo tanto, crear un clima de confianza es fundamental para que la visita sea “fácil” y aseguramos que las posteriores transcurran dentro de la mayor naturalidad posible.

Cuando es un bebé

Desde el nacimiento, el bebé suele pasar una serie de reconocimientos para verificar su buen estado de salud, sobre todo a lo largo del primer y segundo año de vida. Las manipulaciones y ciertas maniobras suelen molestar o doler al bebé, que puede asustarse.

La actitud de los padres es fundamental para que se sienta tranquilo o, al menos, no se angustie excesivamente: cogerle en brazos mientras el pediatra le ausculta, cogerle de las manos mientras se le explora, ofrecerle el pecho o hablarle dulcemente, pueden tranquilizarlo.

También es muy importante que los padres acudan tranquilos a la consulta y que tengan confianza con el pediatra o enfermera, puesto que el bebé capta el nerviosismo y la inquietud del adulto.

Una buena manera de evitar problemas es prepararse con antelación:

  • Planificar la visita. Al pedir la hora hay que hacerse varias preguntas: ¿Cuánto tiempo tardaremos en llegar? ¿El bebé tendrá que comer antes o después? ¿Qué necesitaré para cambiarle? Las prisas no son buenas consejeras, por lo que es muy importante salir con tiempo y no tener nada planificado para después por si la visita dura más de la cuenta.
  • Crear un clima de confianza. Llevar consigo algo identificativo del bebé, que le haga sentir seguro y tranquilo como un peluche o un sonajero pueden hacer que todo transcurra mejor.
  • Escribir las dudas. A veces no tenemos tiempo de pensar: desnudar al bebé, calmarlo si llora, responder a las preguntas del médico o la enfermera. Llevar apuntadas en una libreta las dudas sobre alimentación, higiene o aspectos físicos o de desarrollo del bebé es una buena fórmula para que la consulta sea fluida y fructífera.
  • Juntar toda la información. Para poder valorar correctamente al bebé es muy importante saber cómo ha transcurrido el embarazo y el parto, saber el peso al nacer, el tipo de alimentación... Una buena solución para ir tranquila es tener una carpeta con toda la documentación acumulada. O una libreta con lo que no quieres olvidarte.

Los años siguientes

En cuanto podamos debemos explicar a nuestro hijo que vamos a ir al médico y lo importante que es eso para que pueda crecer sano. Es básico no dramatizar pero tampoco mentir.

Decirle que no lo van a vacunar y que no le va a doler, si la realidad va a ser diferente, no tiene sentido: el engaño genera desconfianza, no sólo para las siguientes visitas, sino también en el padre o la madre.

Tampoco es recomendable amenazarlo con que si no come o si no se porta bien, el médico lo va a pinchar, ya que así se genera rechazo hacia una persona que vela por su salud.

Practicar en casa ejercicios para soplar fuerte, o ejercicios para respirar profundamente en caso de que se le vaya a realizar una punción, pueden minimizar el dolor y la angustia. Pero no hay nada como la "tetanelgesia", estar sobre el regazo de mamá y poder mamar relaja cualquier tensión y minimiza el dolor.

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