Legumbres para tu hijo, sin problemas

NIÑOS MÁS SANOS

Legumbres para tu hijo, sin problemas

Han ido desapareciendo de nuestras mesas, pero los guisantes o las judías tienen un valor que no conviene olvidar. Ofrecerlas a nuestros hijos a partir de los siete meses, poco a poco y sin forzarles, es una buena idea.

Julio Basulto

4 de agosto de 2018, 07:00 | Actualizado a

Los españoles tomaríamos más legumbres (lentejas, alu- bias, habas...) si nuestros padres hubieran hecho caso del refrán “Lentejas: si quieres, las tomas, y si no, las dejas”. El primer mensaje es obvio: si el niño no quiere comer legumbres, pues que no las coma. Sus nutrientes los encontrará en otros alimentos, a no ser que esos alimentos sean “superfluos” (bollería, refrescos, embutidos).

El paladar de un niño es de lo más sincero, y si a un hijo mío no le gustan las lentejas, habrá que pensar que a lo mejor no ha heredado mi pasión por ellas (soy capaz de comérmelas cocinadas de cualquier manera o a palo seco).

Los adultos estamos tan obsesionados con que nuestros hijos coman variado que no recordamos que hay cientos de alimentos que nosotros no comeríamos por nada del mundo.

Si respetamos su derecho a no comerse unas lentejas le estamos transmitiendo que valoramos sus gustos y preferencias.

En cualquier caso, para que un niño pruebe alimentos que rechaza, una de las claves es volver a ofrecérselos periódicamente, sin insistir, según indican los estudios al respecto.

Esto nos lleva a la segunda parte del refrán: permitir que se deje las lentejas. Porque, a lo mejor, nuestro hijo no se las deja porque no le gustan, sino porque hoy no tiene apetito –el apetito de los niños es, según la Academia Americana de Pediatría, “errático e impredecible”–, porque no le gusta cómo están presentadas o cocinadas o porque ayer en la tele escuchó que las legumbres llevan “fitatos”, y eso no puede ser bueno (que sí lo es). De todos modos, si nosotros, erre que erre, le seguimos preparando de vez en cuando menús apetecibles con legumbres, siempre respetando su derecho a dejárselas, a lo mejor llegará el día en que disfrutará comiéndolas.

Por sus características nutricionales merecen tener un lugar reservado en los menús familiares.

¿De verdad son tan sanas como dicen?

Pues sí. Han demostrado prevenir las principales causas de defunción en España. Pese a ello, el consumo de legumbres en España muestra una disminución lineal en los últimos 25 años.

Por tanto, no es cosa de broma, convendría disfrutar mucho más a menudo de estas deliciosas perlas de salud: todas las legumbres (desde los guisantes hasta los frijoles) vienen cargadas de fibra, antioxidantes, fitoquímicos, vitaminas y minerales. No tienen colesterol, y prácticamente no tienen grasa saturada (la “mala de la película” desde el punto de vista nutricional).

¿Cuándo empiezo a ofrecérselas a mi bebé?

La falta de uniformidad que lucimos los profesionales sanitarios con las recomendaciones dietéticas en bebés provoca que casi nadie coincida en la respuesta a esta pregunta. De entrada, recordemos una vez más que el alimento prioritario para los niños hasta que cumplen el año de vida es la leche materna o, en su defecto, la de fórmula.

A partir de entonces, la leche debería seguir aportándole buena parte de las calorías que toma a diario.

Podemos empezar a ofrecerle legumbres, en cualquier caso, a partir del 7º mes. La alergia a este grupo de alimentos es rara, pero no imposible, así que comienza por preparar para tu bebé pequeñas cantidades de legumbres y valora su tolerancia, como harías con cualquier otro alimento.

Algunos profesionales sanitarios dicen que las legumbres, por su piel, son indigestas para bebés y niños, y que causan cólicos. Eso no es cierto. Bien cocinadas y ofrecidas después de los seis meses no aportan más que beneficios.

¿Su proteína es como la de la carne?

Depende. Algunas, como la soja, presentan una cantidad y calidad de proteínas similar a la de la carne, y otras, no tanto. Pero la discusión sobre las proteínas de las legumbres no tiene sentido en países con neveras repletas de comida.

La sociedad europea de referencia en nutrición pediátrica (ESPGHAN) indica que a la dieta de nuestros bebés les sobra proteína. Günther mostró que un exceso de proteína animal en la infancia se asocia a un mayor riesgo de obesidad a los siete años. Así que si quieres sustituir periódicamente la carne por legumbres, hazlo sin miedo. La ingesta de cárnicos en niños occidentales es más bien excesiva.

¿Es verdad que tienen mucho hierro?

El hierro de las legumbres no es de muy buena calidad, aunque es cierto que tienen bastante cantidad comparándolas con otros alimentos de origen vegetal. 100 g de lentejas tienen 3,3 mg de hierro, frente a los 0,3 mg que tienen 100 g de patata.

El hierro de mejor calidad, en cualquier caso, se encuentra en la leche materna, y le sigue de lejos el de la leche de fórmula. Razón de más para seguir amamantando a tu hijo todo el tiempo que quieras.

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