¿Los bebés y los niños ven igual que nosotros?

CURIOSIDADES

¿Los bebés y los niños ven igual que nosotros?

Hasta los siete años, no. Al nacer, solo distinguen sombras y siluetas, pero en cuestión de semanas su vista evoluciona de manera asombrosa.

Lluís Cavero

15 de julio de 2018, 11:00 | Actualizado a

El ojo de un niño no es como el del adulto porque funcionalmente es muy inmaduro. Muchas estructuras oculares experimentan una clara evolución después de nacer y su plasticidad suele persistir en los primeros 10 años de vida.

Primeros seis meses

La visión del recién nacido es inferior al 10% de la visión del adulto.

Durante las primeras semanas ve sombras y siluetas, mientras que en la sexta semana ya hay niños que puede fijar la vista y seguir una luz, sintiendo atracción por objetos luminosos o muy coloreados.

A los tres/cuatro meses tiene una clara percepción de los colores, captando su intensidad, y a los seis fija los objetos con la mirada.

El desarrollo de la visión en relieve y de la periférica se produce entre los dos y los seis meses.

A los siete meses un niño es capaz de dirigir la mirada hacia una parte de su cuerpo que ha sido tocada. Los niños con visión muy deficitaria no lo consiguen hasta los dos años.

A partir del año

La vista está bien desarrollada y empieza a ver definido, incluso es capaz de buscar un objeto que ha salido de su campo visual.

A partir de los dos años

Puede agrupar las cosas por su color.

El amarillo, por su alta luminancia, es el color que más llama la atención de los bebés. A esta edad, ya tiene la capacidad de reconocer a las personas en las fotografías.

A los tres años

Ya reconoce los colores; curiosamente, el rojo suele ser el preferido por la mayoría de los niños.

A esta edad, la visión de un niño llega al 50% respecto a la del adulto.

Conseguirá el 100% cuando tenga entre cinco y siete años.

De todos modos, no olvides que esta información solo es orientativa. No tienen por qué cumplirse todos los tempos a rajatabla porque, como bien sabes, cada niño tiene su propio ritmo.

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