Ni frío ni calor

DUDAS FRECUENTES

Que mi bebé no pase frío ni calor

La gran mayoría de madres y padres hemos tenido esta preocupación muchas veces. Observar sus señales y mantener una buena temperatura ambiente nos ayudará a superarla...

Anna Maria Obradors

17 de diciembre de 2017, 22:45 | Actualizado a

Una de las dudas más frecuentes de los recién estrenados padres es cómo mantener la temperatura ideal de su hijo: ¿Tendrá frío o calor? ¿La ropa que le pongo le abriga demasiado o, por el contrario, es insuficiente? Ciertamente, el bebé no autorregula bien la temperatura corporal, puesto que su cerebro aún es inmaduro para ejercer esta función de una forma eficaz. Los bebés nacen inmaduros y vulnerables, dependientes del calor y el cuidado de su madre, quien -con su propio cuerpo en contacto con el de su hijo-, de día y de noche, contribuye a la regulación de su temperatura.

El objetivo será mantener la neutralidad térmica del recién nacido, es decir, nuestros cuidados irán encaminados a que no tenga ni frío ni calor.

Condiciones en casa

La temperatura ideal es 20-22 °C de día y 18-20 °C de noche. En situaciones especiales, se puede recurrir al uso del aire acondicionado, siempre y cuando evitemos los cambios bruscos y las corrientes de aire. Por ejemplo, podemos encender el aire para refrescar el ambiente, y después apagarlo al entrar con el bebé. Está totalmente contraindicado mantener al recién nacido bajo un chorro de aire frío.

Es muy conveniente ventilar su habitación diariamente. En verano mantendremos las persianas bajadas en las horas de más sol, y en invierno evitaremos el contacto directo con las fuentes de calor. Es beneficioso mantener un nivel de humedad óptimo, alrededor del 60%.

Cuidado con el coche

En el automóvil, la temperatura óptima está alrededor de los 22-24 °C. Para evitar el choque térmico al entrar en el vehículo, tendríamos que evitar diferencias extremas entre la temperatura interior y la exterior. Lo ideal sería que la diferencia no superara los 5 °C. Es importante utilizar unas cortinas para que al bebé no le dé el sol, sobre todo en verano.

Finalmente, no hay que dejar nunca a un niño solo en el coche, aunque se abra un poco la ventanilla o la calefacción esté puesta.

Signos que nos avisan

Observando al bebé podemos detectar cómo se encuentra: si las mejillas están muy sonrosadas, probablemente tendrá calor; en cambio, una palidez anormal podría indicar lo contrario. Una inquietud inusual también puede ser una buena pista.

Una manera rápida de comprobar su temperatura es introduciendo la mano por detrás de su nuca y descender por la espalda: no debemos notar sudor, signos de calor ni frío. Si es así, probablemente su ropa o la temperatura ambiental no es la adecuada. Como orientación, el bebé puede llevar una pieza más de ropa que el adulto.

Si no estamos seguros de que nuestro bebé esté regulando bien la temperatura, podemos verificarla con un termómetro: lo normal es que esté entre 36 y 37 °C. Si tiene febrícula, llegará a los 37-38 °C. Pero antes de pensar que está enfermo podemos intentar comprobar si le baja quitándole ropa. Si aun así la febrícula persiste, será necesario consultar con un servicio de pediatría, al igual que si la temperatura axilar supera los 38 °C.

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