"Mi pequeño comenzó a salir de aquel agujero"

TESTIMONIO

"Mi pequeño comenzó a salir de aquel agujero"

Había que compensar la duplicación cromosómica de mi hijo con una crianza mamífera.

Laura Perales

17 de diciembre de 2018, 21:48 | Actualizado a

Cuando me quedé embarazada de mi primer hijo tenía claro que buscaba un parto respetado, una crianza con contacto, lactancia materna a demanda…en definitiva, viví con mucha ilusión el embarazo, segura e informada. Lo que no sabía entonces es que mi hijo venía con una carga genética que desconocíamos, heredada de su padre. Una duplicación en el cromosoma 15q, asociada a síntomas de autismo.

Cuando mi hijo nació ya había señales que indicaban que algo no iba bien. Lloraba de modo desconsolado, a veces evitaba la mirada. Según fue creciendo aparecieron más señales, como no señalar aquello que quería, o la ausencia de habla.

Como madre y también como profesional de la psicología, sabía que algo ocurría. Infinidad de supuestos profesionales nos hicieron pasar por el lamentable periplo por el que hacen pasar a todas las familias en nuestra situación. Diagnósticos variopintos, gente que decía que al niño no le pasaba nada, terapias que no servían, etc.

Pero entre toda esta vorágine nunca perdí de vista la mejor terapia que necesitaba mi hijo: el contacto, y eso pese a las directrices carentes de toda base y ética de muchos terapeutas que indican cosas tan falaces como que la lactancia materna es perjudicial para los niños con autismo (cuando precisamente la ciencia nos dice todo lo contrario). Si bien todos y cada uno de los niños necesitan una crianza mamífera, en el caso de los niños a los que algo ocurre, la necesitan el triple. Más aun en su caso, en el que urgía romper esa barrera del tacto. Podía ser la diferencia entre un niño con autismo que no se dejase tocar ni estableciese comunicación, a todo lo contrario. De hecho los síntomas se agravan en escalada, es decir, por ejemplo: existe un déficit en producción de oxitocina que hace que el niño entre otras cosas no busque el contacto visual.

Si además de esto no lo encuentra, ni encuentra esos brazos que necesita, los síntomas se agravan cada vez más.

Por ello seguí criando a mi bebé con mirada y piel, con tacto y contacto, con más ahínco aun.

Investigué mucho más allá de lo que sabía en mi campo profesional, sobre todo cuando llegamos a saber sobre su duplicación cromosómica. Ahí vi cómo esta duplicación trae asociado ese déficit oxitocínico, alteraciones en la segregación de serotonina y GABA y un aumento de cortisol. Había que compensar todo eso, y eso se compensaba con una crianza mamífera. Es decir, la parte genética está ahí y es la causa, pero los síntomas pueden trabajarse, y mucho.

Así, junto con las terapias que sí necesitaba y que fuimos encontrando, mi pequeño comenzó a salir de aquel agujero.

Ahora es un niño al que se le nota que le pasa algo, algunas veces más que otras. Pero habla, tiene amigos, socializa, tiene habilidades asombrosas que no tenemos los neurotípicos, y, sobre todo, busca el contacto, los abrazos, la mirada, el mimo. Es un niño feliz y que nos llena de felicidad a nosotros.

¿Qué hubiese pasado si yo no hubiese sabido todo esto y los consejos dañinos que tanto presionan a todas las familias me hubiesen hecho decantarme por no cogerle en brazos “porque se acostumbra”, le hubiese dejado durmiendo solo en su cuna o no hubiese atendido su llanto cuando me necesitaba?

¿Qué es lo que nos hacen en nuestros embarazos, partos, postpartos y crianzas? Porque si todo esto ya afecta gravemente a cualquier niño (y a sus madres, que por supuesto no son culpables de todo esto, sino víctimas), imaginemos las dimensiones que adquieren estas prácticas en niños como el mío o con otras alteraciones en el genoma.

En la actualidad sigo ayudando a familias, tanto de niños neurotípicos como de niños con cerebros diferentes. Y sigo disfrutando de mi hijo, de su ser único y maravilloso, de su potencial incesante, de su vida y su felicidad. Consciente de que él no es el que falla, sino la sociedad que nos rodea, y por eso, mamá y más personas, estamos luchando por cambiarla.

Para saber más

Laura Perales Bermejo es psicóloga y madre. Puedes encontrarla en su web www.crianzaautorregulada.com

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