Los morados o hematomas en los niños

FICHA SALUD

Los "morados" o hematomas en los niños

Síntomas, causas y tratamiento de la rotura de vasos capilares de tu hijo.

Gerard Plaza

28 de junio de 2018, 19:29 | Actualizado a

Un hematoma es una acumulación de sangre, originada por lo general por la rotura de vasos capilares tras un golpe, una contusión o una magulladura. Según su localización pueden ser subcutáneos, intramusculares o periósticos (en el hueso)

¿Qué síntomas tiene?

Aunque los hematomas pueden durar desde días hasta semanas, lo normal es que los más frecuentes se resuelvan en pocos días.

En su evolución pasan del color morado al azulado, posteriormente al verde y al amarillo cuando son superficiales, hasta que la piel adquiere nuevamente su coloración normal con la reabsorción del hematoma. En los hematomas musculares o periósticos (alrededor de la membrana que cubre el hueso periostio) no se aprecian cambios de coloración de la piel.

Una característica de los hematomas es el poder migrar o desplazarse ocupando zonas contiguas no afectas.

Los principales síntomas son dolor, inflamación o tumefacción, calor en la zona y rubor de la piel. El hematoma puede ser muy sensible al tacto y hasta el punto de hacer perder temporalmente la función normal de la zona afectada.

Los hematomas óseos o periósticos son muy dolorosos y causan mucha incapacidad funcional.

¿Tengo que preocuparme?

Lo más habitual es que el hematoma se halla producido tras una contusión leve o accidente y que se resuelva sin mayor problema en una o dos semanas de forma espontánea.

Hay casos particulares en los que por la naturaleza del hematoma, su extensión y su localización será preciso un manejo específico por parte del médico.

Un hematoma o equimosis con fiebre y la aparición continuada de estos en la ausencia de golpes son motivo de asistencia inmediata por parte del médico.

¿Qué puedo hacer yo?

  • En primer lugar se debería tener la certeza de la aparición traumática del hematoma y valorar la aparición de nuevos hematomas. Prestar atención a la coexistencia de fiebre y otros síntomas que pudieran estar relacionados con una patología hemorrágica.
  • En un primer momento es muy útil la aplicación de hielo para reducir la extensión e inflamación. En ningún caso debe entrar en contacto directo con la piel sino interponiendo un paño o tela.
  • Un paño frío de agua con vinagre es un buen remedio para las contusiones.
  • Si el hematoma se presenta en la cabeza o extremidades, debemos mantenerlo por encima del plano del corazón para facilitar el drenaje de la sangre que se va a estancar.
  • Es importante mantener reposo relativo de la zona del cuerpo afecta para favorecer la curación del hematoma.
  • Si el dolor lo justifica se puede tomar paracetamol y cuando el médico lo crea oportuno, un antiinflamatorio. Hay que recordar que la inflamación es un proceso de regeneración o curación que no hay que impedir sino modular.

¿Cuándo ir al médico?

  • Si la presión que se percibe en la zona afectada por el hematoma es extrema, si es muy extensa o duele mucho.
  • La aparición de un hematoma sin previo traumatismo o causa que lo justifique precisa de una evaluación médica pues puede estar relacionado con determinadas enfermedades hematológicas y autoinmunes.
  • Si el hematoma cursa con fiebre, pus, secreciones o cualquier otro signo de infección.
  • Un hematoma interno tras accidentes de tráfico, por ejemplo, puede llegar a aumentar tanto la presión que sufren los tejidos que afecte al suministro de sangre y oxígeno de los mismos, dando lugar al denominado síndrome compartimental, que es poco frecuente pero que constituye una urgencia médica y precisa de tratamiento inmediato.

¿Qué hace el médico?

Habitualmente el paciente reconoce la situación que ha provocado el hematoma y una simple exploración física y anamnesis basta para establecer el mejor tratamiento. En algunos casos es necesaria la realización de una radiografía o una ecografía que permitan excluir daños internos más severos.

En pacientes con tratamiento anticoagulante puede ser necesaria la monitorización y ajuste de la dosis del mismo para ayudar a resolver el problema.

Cuando el hematoma aparece de forma espontánea puede ser precisa la realización de analíticas de sangre que incluyan hemograma, bioquímica y factores de coagulación. Los resultados posteriores marcarán la conducta a seguir.

Ante determinados hematomas o grupos de ellos no hay que extrañarse del interrogatorio que puede hacer el médico. No hay que olvidar que este es el signo más evidente de maltrato y que dentro de las atribuciones del médico está la de proteger al paciente. No hay que sentirse pues, ni ofendido ni acusado.

¿Cuál es el tratamiento?

  • Los hematomas simples se tratan con buenos resultados con pomadas tópicas como la que contiene Árnica. El árnica es un remedio importantísimo para el tratamiento del hematoma.

    La árnica homeopática a bajas diluciones (de D5 a D9) también es muy efectiva tanto para el dolor como a modo de antiinflamatorio, para el tratamiento de las contusiones y hematomas.

    Otro remedio homeopático, el Lymphomyosot, facilita el drenaje.

  • Muchas plantas tienen propiedades que justifican su uso en contusiones y hematomas: el hammamelis, el anís, la angélica, la caléndula, la melissa, la ortiga…Habitualmente se preparan en infusiones y decocciones aplicando cataplasmas sobre la zona afecta.

  • Al principio la aplicación de frío ayuda a limitar el hematoma.
  • Tras cuatro días, la aplicación de calor favorece su reabsorción.
  • Los hematomas internos precisan de una evaluación médico-quirúrgica y su tratamiento dependerá de la gravedad, localización, sintomatología y extensión de los mismos.
  • Nunca se debe tratar de evacuar el hematoma con una aguja o masajearlo y se recomienda no ignorarlo y estar pendiente de su evolución.

¿Por qué pasa?

Los hematomas a menudo son causados por accidentes de todo tipo, lesiones deportivas o golpes recibidos.

El tratamiento con anticoagulantes o antiagregantes plaquetarios, como ácido acetilsalicílico (aspirina) da lugar a hematomas más aparatosos, extensos y de mayor duración.

Determinadas enfermedades hematológicas y autoinmunes pueden cursar con la aparición de hematomas sin motivo aparente alguno.

¿Cómo evoluciona?

Habitualmente, los hematomas evolucionan espontáneamente hasta su total resolución en una o dos semanas, aunque pueden durar incluso meses.

En su evolución pasa del color morado al azulado, posteriormente al verde y al amarillo, hasta que la piel adquiere nuevamente su coloración normal con la reabsorción del hematoma.

El hematoma puede migrar por acción de la gravedad afectando zonas situadas en planos más bajos que la zona afecta, sin mayor complicación. Son típicos los golpes en la frente que cursan con hematomas en los párpados por acción de dicha gravedad.

¿Cómo se previene?

Teniendo en cuenta que la mayor parte de los hematomas son consecuencia de accidentes y contusiones, la prevención de los mismos pasa por la educación de los más pequeños en normas de seguridad, facilitándoles acceso a medidas de autoprotección en el deporte y actividades de riesgo, de los cinturones de seguridad en el coche, etc…

Los pacientes con una determinada fragilidad, cómo personas descoaguladas deben ser especialmente cuidadosos y seguir, si es el caso, el cumplimiento estricto de los controles médicos pertinentes.

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