El botiquín verde

SALUD NATURAL

La naturaleza le curará

El campo, la playa, el sol... Tu hijo necesita tocar y sentir la naturaleza en estado puro, y no solo porque es una fuente de aprendizajes esenciales, sino porque también lo reequilibra.

Gema Baulies

30 de mayo de 2017, 12:03 | Actualizado a

Los seres humanos necesitamos la naturaleza. Formamos parte de ella, y de ella nos nutrimos y obtenemos equilibrio físico y emocional. Esta unión es vital para los niños porque les proporciona grandes beneficios. El contacto con la naturaleza en la primera infancia es una huella imborrable, que se guarda como una semilla que germinará en el futuro transformada en recuerdos felices y aprendizajes importantes y útiles para su vida.

Nadie da más a cambio de tan poco

Ese aire puro que respiramos, esos rayos de sol sin partículas químicas, esos bosques repletos de energía... La lista de los regalos que la naturaleza nos brinda de forma desinteresada es interminable, así que ¿por qué no mostrársela a nuestros hijos? O incluso algo mejor, ¿por qué no lo disfrutamos todos juntos? ¡Siempre habrá algo nuevo que descubrir!

¡Vamos de excursión!

Ir al encuentro de la naturaleza es el inicio de una aventura que durará toda la vida. Poco a poco los niños irán amándola más intensamente y podrán beneficiarse de todo eso que la Madre Tierra pone a su alcance, y al nuestro también.

A lo mejor cuando eras pequeña tú no tuviste el privilegio o la oportunidad de disfrutar de la naturaleza, pero gracias a la llegada de tu hijo se te abre una puerta hacia la felicidad que puedes aprovechar. Una manera muy sencilla de acercar a los niños a este entorno saludable es dando paseos por la playa, por el bosque, por el parque... Con este ejercicio al aire libre, al alcance de todos, ofreceremos a nuestros hijos:

  • Vínculos más fuertes. Los niños son felices correteando entre los árboles, oliendo las flores, persiguiendo las mariposas, jugando con la arena... Salir a pasear en un entorno natural contribuye a establecer vínculos con los demás. Después de un día de campo o playa estamos cansados, pero lo más importante es que somos mucho más felices.
  • Una salud de hierro. La naturaleza también ayuda a los bebés a desarrollar sus cinco sentidos. Observar los rayos de luz en un río o contemplar las diferentes tonalidades de las estaciones activa el sentido de la vista. Mirar a lo lejos, la inmensidad del mar, la grandiosidad del cielo, las montañas lejanas..., en lugar de un agujerito entre los edificios de la ciudad, cambiará la percepción del mundo y de la vida que puedan tener nuestros hijos.
  • Estas experiencias son vitales para el desarrollo integral de los niños, porque un gesto tan simple como el de oler la tierra húmeda, las plantas y las flores también los ayuda a activar su sistema inmunológico; al fin y al cabo, no deja de ser aromaterapia en estado natural.
  • Bienestar en estado puro. Otra de las ventajas que tiene para los niños estar en contacto con el medio ambiente es que les facilita el hecho de relajarse y los ayuda a disfrutar de una paz física y espiritual única. En Japón, hace siglos que lo saben, y por ello practican el Shinrin-yoku o “baño de bosque”, que consiste en pasear por frondosos bosques, disminuyendo así el estrés y fortaleciendo el sistema inmunitario. Perderse por el campo o a la orilla del mar sin prisas, oliendo, viendo, oyendo y tocando todo lo que nos rodea es una actividad preventiva y curativa al mismo tiempo. El cantar de los pájaros o el crujido de la hojarasca seca nos conecta en familia con nuestro ser más profundo y el recuerdo de nuestros orígenes ancestrales.

Necesitamos que nos dé el sol. ¡Todos fuera!

Pasear por la naturaleza también nos permite estar en contacto con el sol, un elemento imprescindible para gozar de una buena salud porque sus rayos inciden sobre el organismo en diferentes intensidades, según la estación. Para segregar algunas hormonas, el organismo se rige por la luz o la oscuridad, como en el caso de la melatonina, una hormona que funciona como regulador neuroendocrino-fisiológico y que se produce al dormir.

Más vitamina D

El sol es una fuente de vitamina D que ayuda al desarrollo del bebé, fortaleciendo sus huesos, sus dientes y su sistema inmune. Y el contacto con la naturaleza le brindará la oportunidad, con una protección adecuada, de disfrutar de esa fuente de salud necesaria en su crecimiento, porque no hay que olvidar que la vitamina D, una vez activada, se almacena, de forma que en las épocas de más sol fabricamos más y la guardamos para los periodos nublados.

¿Nos vamos a perder todas estas ventajas?

Las ciudades, el estilo de vida, las nueva tecnologías... Son muchos los factores que hacen que cada vez tengamos menos contacto con la naturaleza, e incluso con otras personas. Pero esto tiene efectos negativos, sobre todo en los niños, que han dejado de ensuciarse con la tierra o de observar los árboles por mirar una pantalla o jugar en un parque con suelo de goma. Existen investigaciones que confirman que los bebés que no han tenido este contacto con la naturaleza han visto afectado su desarrollo intelectual, cognitivo, emocional y social, así como su capacidad de explorar y su creatividad.

Al alcance de todos

En general, los niños y sus familias disfrutan de pocos momentos al aire libre conectados con el medio ambiente. El periodista Richard Louv llamó a este fenómeno “trastorno por déficit de naturaleza” en su libro El último niño en los bosques, con el que nos dejó ver las múltiples ventajas que algo tan sencillo como dar un paseo por el campo tiene para el correcto desarrollo de los bebés, y lo que es más importante aún, para su salud.

Entre estos beneficios se podrían destacar los 6 siguientes:

  1. Capacidad cognitiva. La exposición a un entorno natural aumenta la capacidad de concentración y mejora la capacidad cognitiva en los niños, favoreciendo su desarrollo intelectual.
  2. Salud más fuerte. Los espacios cerrados y masificados acumulan iones positivos –partículas cargadas eléctricamente– que producen malestar, mientras que en los espacios naturales con las corrientes de agua (ríos, mar), los bosques o la lluvia se generan iones negativos tranquilizadores que fortalecen la salud.
  3. Mejora la visión. Un mayor tiempo al aire libre se relaciona con tasas reducidas de miopía y una mayor agudeza visual.
  4. Defensas. El contacto con la naturaleza reduce el estrés y, por lo tanto, refuerza el sistema inmune. Así el bebé gozará de una buena salud.
  5. Autonomía. Si los niños disfrutan de un entorno natural desde edades bien tempranas, tanto el desarrollo de sus sentidos como su autonomía e independencia se verán muy beneficiados.
  6. Imaginación. Estudios recientes confirman que la naturaleza potencia la imaginación y la creatividad de los más pequeños.

Al preparar la salida al bosque, al mar, al aire libre en general...

  • Evita las horas de más calor, cuando el sol brilla con toda su intensidad, es decir, cuando está en lo más alto del cielo. Obviamente, también influirá el entorno donde estemos: nieve, playa, alta montaña... Y cuidado, porque en los días nublados también estamos expuestos a las radiaciones ultravioletas. En verano, en nuestra latitud, las horas de calor más intenso van de las 11 de la mañana hasta las cuatro de la tarde, aproximadamente. En invierno, las horas centrales del día también son las que más radiaciones envían, pero no son de tanta intensidad como en el periodo estival.
  • Usa fotoprotectores solares que os resguarden de los rayos UVA y UVB. Existen dos tipos de fotoprotectores: los químicos u orgánicos incoloros y los físicos o inorgánicos. Los químicos, como los absorbe la piel, tienen más riesgo de causar alergia, por lo que su uso está desaconsejado en los bebés. Mientras que los físicos contienen sustancias inertes que impiden que la piel absorba las radiaciones porque actúan como un espejo y reflejan la luz solar. También es cierto que son mucho menos estéticos porque dejan una capa blanquecina sobre la piel, pero es precisamente ahí donde reside su eficacia, ya que protegen de todo el espectro solar y tienen menos riesgo de alergia. La Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) no recomienda los fotoprotectores en bebés menores de seis meses, y de la misma manera también se aconseja limitar las exposiciones solares de los niños que tengan menos de tres años.
  • Los ojos de tu bebé también necesitan ciertos cuidados, y para eso están las gafas de sol que garantizan una protección 100% frente a los rayos UVA. Se recomienda que las empiece a usar a partir de los 12 meses, pero si antes de esta edad las tolera, no le molestan, no se las quita o tiene los ojos claros, sería genial que ya se las pusieras. El ojo del bebé se está formando y deja penetrar tanto los rayos UVA como los UVB, que inciden directamente en la retina aún inmadura. Hasta los 25 años el cristalino no funciona a pleno rendimiento impidiendo el paso de las radiaciones. Igual que en la piel, las radiaciones ultravioletas se acumulan y pueden causar problemas en los ojos en un futuro. Tampoco te olvides de los gorros y de una ropa adecuada. La lana, la seda y el poliéster protegen más que el algodón, el lino y la viscosa.
  • Agua. Los niños se deshidratan con rapidez. Ten a mano suficiente líquido para que esto no ocurra.
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