No más pesadas mochilas

SALUD INFANTIL

No más pesadas mochilas a escuela

Está demostrado que un uso incorrecto tiene efectos en la salud lumbar, por eso hay que llevarla sobre los dos hombros y evitar cargar demasiado peso.

Ma Jesús Esparza

27 de octubre de 2017, 07:00 | Actualizado a

Cada curso escolar parece asociado a comprar libros, cuadernos... ¡Y la mochila! Entonces surge la duda de siempre: qué modelo es más saludable, ¿el que se cuelga en la espalda o el que se arrastra, tipo carrito?

Pues no existe un consenso. Pero en lo que sí están de acuerdo los especialistas es que el peso de la mochila no debe superar el 10% –o como mucho el 15%– del peso del niño, aunque esta cifra se supera con creces habitualmente. Según esta recomendación, la mochila de un niño de 30 kg debería pesar 3 y la de uno de 40, entre 4 y 6 kg.

Las consecuencias

Este exceso de peso afecta a la salud lumbar de los niños. Hay estudios que concluyen que, tanto el peso como el tiempo que la cargan, están relacionados con el dolor de espalda, es decir, a mayor tiempo y/o a mayor peso, más dolor. Y también se ha observado, mediante resonancias magnéticas, que el peso de la mochila comprime los discos intervertebrales a nivel lumbar siguiendo la misma proporción.

Otra consecuencia es el cambio en la curvatura de la columna: aumenta el redondeamiento dorsal (cifosis) y disminuye la curva lumbar normal (lordosis), porque la fuerza no es vertical y el niño ha de modificar su postura para mantener el centro de gravedad equilibrado. Todos estos problemas aumentan si se carga la mochila en un solo hombro, porque lo obliga a levantarlo para soportar el peso y a girar el tórax para mantener el equilibrio. Sin embargo, no se ha demostrado que usar mochilas produzca desviaciones permanentes de la columna (escoliosis o cifosis), ni está claro que predisponga al dolor lumbar a largo plazo.

Qué se puede hacer

Las instituciones, las escuelas y los editores de libros escolares deberían concienciarse de este problema y facilitar la posibilidad de poder adquirir libros en fascículos, de poner taquillas para dejar el material que no es necesario llevar a casa y por supuesto, entender que con las horas que pasan en la escuela ya son tiempo suficiente que les restamos de jugar, vivir y descansar, así que no tiene sentido seguir alargando la jornada con deberes...

Por nuestra parte, los padres debemos adquirir el material escolar más ligero posible y una mochila de un tamaño adecuado para el niño (no debe ser más grande que su espalda y tiene que apoyarse en la zona lumbar), con asas acolchadas, anchas y extensibles. Además, debemos asegurarnos de que la llevan sobre los dos hombros y que el material más pesado está colocado lo más cerca posible de la espalda.

En cuanto a las correas de sujeción, es muy importante que estén tensadas (por esto deben ser extensibles), para que la mochila no descuelgue y se separe de la parte superior de la espalda. Esta moda extendida entre los jóvenes es muy poco recomendable para la salud.

Carrito, ¿sí o no?

Los especialistas no llegan a ningún acuerdo acerca del uso de este tipo de mochilas, aunque parece ser que las muñecas del niño se ven sometidas a tirones y esfuerzos para las que no están preparadas, especialmente al subir y bajar escaleras. De todos modos, para aquellos niños que las utilicen, los expertos recomiendan empujarla hacia delante y no llevarla detrás tirando de ella.

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