Plantas que curan a nuestros hijos

NIÑOS MÁS SANOS

Plantas que curan a nuestros hijos

La naturaleza nos regala las medicinas necesarias para combatir la mayoría de las enfermedades más comunes. Aptas para niños y adultos, deben estar prescritas y pautadas por un profesional.

Joan Sabater

24 de agosto de 2017, 19:30 | Actualizado a

Si nuestros hijos tienen diarrea, les damos una infusión de saúco; si tienen tos, les hacemos una de tomillo; si les ha salido un eccema, les aplicamos una pomada a base de caléndula... Para nuestras abuelas, este uso medicinal de las plantas no es ninguna novedad, sino que forma parte de la sabiduría que se transmitía de padres a hijos, generación tras generación.

En cambio, ha tenido que convertirse en una ciencia convencional para que nuestra sociedad vuelva a confiar en el poder sanador de las plantas. Así pues, ante resfriados, fiebre, otitis, problemas estomacales, dermatitis..., tanto nuestros como de nuestros hijos, cada vez es más habitual que recurramos a los remedios naturales para tratar de combatirlos.

Este redescubrimiento de los conocimientos populares también se ha visto beneficiado por la labor que realizan cada vez más pediatras. Ya no es tan extraño que, después de explorar al niño y de hacer un diagnóstico que corresponda con los síntomas que presenta, el médico recurra a la fitoterapia (nombre que recibe la ciencia que estudia las plantas medicinales) para prescribir el tratamiento más adecuado. También ha podido influir en este incremento del uso de las plantas medicinales que hoy en día sus principios activos estén estandarizados científicamente.

Menos efectos adversos

Una de las ventajas que ofrecen este tipo de tratamientos es que son perfectamente compatibles con otros medicamentos, como los antibióticos. Además de ser seguros, muy efectivos a la hora de tratar dolencias comunes y contribuir a reducir la intensidad y la frecuencia de las molestias, también previenen complicaciones y recaídas estimulando las defensas naturales.

Muchas personas creen que al tratarse de remedios naturales son inocuos y que necesitan más tiempo que las medicinas convencionales para hacer efecto. Pero a pesar de que esta concepción sea errónea, sí que es cierto que los productos fitoterápicos suelen provocar menos efectos adversos que el resto de medicinas y resultan menos agresivos para el organismo.

Siempre que estén prescritos y pautados por un profesional especializado, serán realmente efectivos.

Reforzar el sistema

A veces nos olvidamos de ese refrán que dice: “Más vale prevenir que curar”, y que, en muchas ocasiones, nos resultaría tan beneficioso si lo pusiésemos en práctica. ¿A qué viene esto? Pues a que si protegemos suficientemente el organismo de nuestros hijos, los virus y bacterias lo tendrán bastante más difícil en el momento de actuar.

¿Y cómo conseguiremos reforzar su sistema inmunitario? El método es muy sencillo y no excesivamente costoso, basta con darles preparados de equinácea, ya sea en comprimidos o jarabes.

Tan solo es necesario que tomen una dosis diaria para comprobar que se muestran mucho más resistentes ante las enfermedades propias de determinadas estaciones del año. Y tampoco estaría de más que nosotros también siguiéramos estos mismos pasos.

Para las infecciones

La equinácea es de las plantas medicinales más conocidas y estudiadas. Su principal propiedad sanadora es la capacidad de favorecer la producción de células y de una proteína llamada interferón, que estimula el sistema inmunitario. De esta manera, las células verán incrementada su efectividad a la hora de acudir y actuar directamente en la parte del cuerpo infectada. Y, a diferencia de las vacunas, nos protege de todo tipo de infecciones.

Tanto es así, que en poco tiempo se ha convertido en el tratamiento más prescrito para combatir enfermedades infecciosas. En países como Alemania, donde el uso de la fitoterapia está más normalizado, se receta para atajar procesos gripales, afecciones respiratorias, procesos inflamatorios e infecciones virales.

Ciertas precauciones

Esta maravillosa planta es muy segura, pero aun así en el caso de las embarazadas y de las madres lactantes es imprescindible que sigan las indicaciones del médico.

También deben tener especial cuidado las personas alérgicas a las margaritas.

El secreto de que la equinácea sea una planta tan importante para tratar todo tipo de enfermedades reside es su cuádruple acción:

  1. Es inmunoestimulante, dotando a nuestro organismo de la posibilidad de rechazar el ataque de virus y bacterias de una manera más eficaz en casos de agotamiento, frío, estrés, mala o deficiente alimentación, o demás situaciones que provocan que nuestras defensas se encuentren de capa caída.
  2. Posee una acción antiinflamatoria y antiséptica. Como inhibe una enzima llamada hialuronidasa, aumenta la resistencia de nuestra piel ante la presencia de determinados microorganismos. Es muy efectiva en la curación de la artritis crónica, y tiene la gran ventaja de no producir problemas estomacales, como sí hacen otros antiinflamatorios.
  3. Dispone de un gran poder cicatrizante al favorecer la producción de fibroblastos, que son las células encargadas de completar la curación de las heridas hasta que se cierran. Es útil en problemas cutáneos y en la cura de los sabañones, ya que regenera el tejido lesionado.
  4. Tiene efecto antitumoral y está siendo estudiada para saber si podría utilizarse para combatir el cáncer, ya que no presenta toxicidad para el paciente y sí es efectiva al producir moléculas esenciales que estimulan a células inmunitarias que destruyen el tejido tumoral.

Medicación inadecuada

La medicina avanza en el conocimiento de nuevos y eficaces tratamientos pero, al mismo tiempo, cada vez encontramos más resistencias a aquellas bacterias que hace solo unos años desaparecían con la ingesta de amoxicilina o de cualquier otro tipo habitual de antibiótico. Esto es fruto de que con suma frecuencia se prescribían tratamientos excesivos ante cualquier sintomatología banal, y también a la automedicación que se practicaba en muchas ocasiones, ya fuera siguiendo el consejo de un amigo, de un familiar o por propia experiencia, si en alguna ocasión previa aquella medicina había funcionado.

Como resultado de esta frecuente y errónea práctica, encontramos resistencia bacteriana ante los antibióticos, que sirven para atacar y no para prevenir enfermedades. Y todo eso a pesar de que la naturaleza nos ofrece una amplia y efectiva variedad de antibióticos naturales.

Los fármacos convencionales están fabricados a base de compuestos químicos, mientras que los medicamentos a base de hierbas tienen constituyentes mucho más similares a los encontrados en el cuerpo humano, y por lo tanto son más fáciles de asimilar y tienen menos contraindicaciones.

Actualizando un saber

La fitoterapia fue durante mucho tiempo la única medicina conocida por los seres humanos, usada a la hora de tratar problemas de salud desde hace al menos unos 60.000 años, gracias primero a la observación de ciertos comportamientos animales y luego al ensayo del hombre. Es por esto que hoy en día contamos con una acumulación de miles de años de experiencia en el uso adecuado, y en el no tan recomendable, de las plantas medicinales, lo que se ha convertido en “la prueba clínica más larga del mundo”.

Pero, además del conocimiento popular, los medicamentos farmacéuticos a base de hierbas cuentan con una vasta investigación que ha llegado a determinar la seguridad de las plantas medicinales. Estos son a grandes rasgos, unos pequeños apuntes de las posibilidades de la fitoterapia.

Cada vez son más las familias que cuando se acercan a la consulta del pediatra solicitan y agradecen la prescripción de fitoterapia para tratar las dolencias comunes de los más pequeños de la familia. Pero sus aplicaciones son innumerables no solo en pediatría, sino en la medicina general y en gran medida en geriatría, por sus grandes beneficios a la hora de tratar los problemas crónicos de salud.

Aprovechémonos, pues, del gran regalo que nos ofrece la madre naturaleza que, con su generosidad, nos entrega día a día las soluciones a nuestros problemas de salud y, de este modo, no dependeremos tanto de los antibióticos.

Un remedio para cada una de las dolencias

Ante los primeros síntomas de estas dolencias podemos recurrir a las siguientes plantas medicinales:

  • Resfriados. Al inicio de este episodio es muy eficaz la equinácea, pero si la afección está muy avanzada es preferible usar la hiedra porque posee propiedades expectorantes. Ambas pueden tomarse en cápsulas, gotas o infusiones.
  • Tos. La malva y el tomillo son excelentes para tratar problemas respiratorios. A los bebés lactantes se les puede administrar unos supositorios de tomillo y drosera que tienen un gran efecto expectorante.
  • Fiebre. Una infusión de saúco, o tomarlo en forma de jarabe o gotas, hace que el cuerpo sude, ayudando a reequilibrar la temperatura corporal. Asimismo, con una infusión de tila también se obtienen buenos resultados.
  • Cólico del lactante. Una mezcla de melisa, hinojo y manzanilla en infusión ayudará a aliviar los molestos síntomas de este trastorno típico de los bebés. En las farmacias venden preparados de esta mezcla.
  • Insomnio. Tomar una infusión de lúpulo o de flor de azahar antes de ir a dormir permitirá tener un sueño muy reparador y tranquilo.
  • Nerviosismo. Incluso en tratamientos largos, las infusiones, gotas o jarabes de pasiflora, melisa y flor de lavanda son muy seguros y efectivos. En el caso de los bebés, también se pueden utilizar las hojas de melisa o la esencia de flor de lavanda a la hora del baño.
  • Vómitos. Para combatirlos se puede tomar una infusión a base de manzanilla, hinojo y anís, con la que se notarán excelentes resultados.
  • Diarreas. Una decocción de corteza de roble o extracto de manzanilla corta radicalmente esta sintomatología.
  • Estreñimiento. Las infusiones de malva, malvalisco y plantago son el remedio perfecto para remediar esta alteración del tránsito intestinal, aunque también puede administrarse en cápsulas o jarabes. Otra opción es recurrir a las semillas de lino, que disueltas en un vaso de agua llegan a producir el mismo efecto.
  • Pieles secas (atópicas). El aceite de onagra es muy valioso en estas circunstancias. Se puede tomar en cápsulas, pero como son grandes también es posible sacar el aceite de su interior y mezclarlo con la comida. La borraja también es muy efectiva.
  • Dermatitis y eccemas. Aplicando pomada de caléndula y de áloe vera se atajarán las molestias, que pueden llegar a ser graves.

Partes activas de las hierbas

Hay plantas que son susceptibles de ser recogidas por sus brotes, sus hojas, sus partes leñosas, sus flores, sus frutos, sus raíces, sus semillas... Cada planta medicinal tiene su propio modo de sanarnos.

Las hojas se recolectan al comienzo de la floración, momento en el que contienen mayor cantidad de sustancias activas. Siempre se deben elegir las jóvenes, sin manchas –si las tienen es posible que tengan alguna enfermedad viral–, enteras, sin daños ni insectos.

Cada planta medicinal posee unos principios activos localizados en alguna de sus partes, o bien en su totalidad.

Pero, en cualquier caso, es preferible no quitarle a la planta todas las hojas, ya que solo de esta manera podrá mantenerse viva.

Las flores se deben recoger con tiempo seco y cuando se encuentren totalmente abiertas, preferentemente cerca del mediodía. En algunas plantas solamente se recolectan determinadas partes de la flor, como los pétalos de la malva.

Las flores son en su mayoría muy sensibles a requemarse, por ello deberán evitarse las envolturas plásticas para su transporte porque impiden la transpiración. Su color y su perfume debe permanecer tras el secado y durante el almacenamiento; en caso contrario, será necesario sustituirlas.

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