¿Podemos potenciar sus defensas?

SALUD NIÑOS

¿Podemos potenciar sus defensas?

Sí, se trata de decir no al exceso de azúcares, grasa o proteínas. Su organismo tendrá recursos más que suficientes para hacer frente a las infecciones si su dieta es sana y equilibrada.

Julio Basulto

6 de octubre de 2018, 05:41 | Actualizado a

Que nuestros hijos se recuperen rápidamente de las enfermedades es un deseo que tenemos todos los padres.

Esa capacidad depende de su sistema inmunitario, aún en construcción, y para hablar de él resulta imprescindible mencionar el intestino y los linfocitos.

Del intestino hay que destacar el “tejido linfoide asociado al intestino”, conocido por sus siglas en inglés GALT (Gut-Associated Lymphoid Tissue), capaz de discriminar de forma eficaz las miles de sustancias invasivas que entran a diario en nuestro cuerpo de las inofensivas. Pero lo más importante es que el GALT constituye la parte más extensa y compleja de nuestro sistema inmunitario.

Los linfocitos, por su parte, son un tipo de glóbulos blancos (células que están principalmente en la sangre) de alta jerarquía en la inmunidad.

Pues bien, según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA en sus siglas en inglés), el hierro, el zinc, el selenio, o las vitaminas B6 o C, entre otros muchos, nutren a esas dos piezas clave de nuestro sistema inmunitario.

¿De dónde saca tu bebé todos estos nutrientes?

La respuesta también nos la da la EFSA: las cantidades que necesita para que sus defensas funcionen correctamente “pueden ser cubiertas fácilmente con una dieta equilibrada”.

De hecho, los déficits serios de nutrientes –algo que sucede muy raramente– perjudican al sistema inmunitario, pero dar suplementos cuando ese déficit no existe no sólo es ineficaz, sino que, además, podría perjudicar la respuesta inmune.

Un enfoque correcto

Podemos encarar la salud de las defensas de nuestros bebés de dos maneras.

  1. Una es obsesionarnos con que tome alimentos sanos.
  2. La otra consiste en evitar que su alimentación sea desequilibrada y perjudique así a su sistema inmunitario.

Sabemos, por ejemplo, que tomar comida grasienta podría afectar negativamente a la habilidad para combatir las infecciones causadas por las bacterias.

A mí me gusta más este segundo enfoque; no creo que haga falta ofuscarse en intentar alcanzar la perfección nutricional.

Si las transgresiones son pocas, todo irá bien.

Toma nota de lo que puedes hacer para sortear errores “inmunonutritivos” con estas 6 claves:

  1. Evita que tome un exceso de azúcar o alimentos azucarados.
  2. Cuanta menos bollería, mejor. Esto incluye, además del típico croissant, las galletas, que tienen 20 veces más grasa que el pan.
  3. Limita las proteínas. Carne para comer y pescado para cenar es demasiada proteína para un bebé. Con una vez al día tiene de sobra.
  4. No lo obligues a comer verdura o fruta. Aumentarás las posibilidades de que las odie. Limítate a tenerlas en casa, a mano, y a predicar con el ejemplo.
  5. No lo sobrealimentes.
  6. No priorices la leche de vaca frente a la leche materna.

Un error aparte es ignorar la anemia ferropénica o tratarla mal. La anemia por déficit de hierro puede afectar negativamente al sistema inmunitario; no dejes su tratamiento en manos de alguien que no sea pediatra. Jarabes, pastillas o hierbas naturales no sólo no han demostrado eficacia en humanos, sino que pueden tener efectos secundarios indeseables. Según el Ministerio de Salud de Estados Unidos, numerosos productos a base de hierbas pueden causar problemas de salud, muchos no son efectivos y algunos pueden interaccionar con fármacos que se estén tomando en ese momento.

Suplementos y otras ayudas

Que levante la mano quien no haya tomado miel para mejorar la tos u otros síntomas de una infección respiratoria. Pero una cosa es suavizar momentáneamente una garganta irritada y otra potenciar el sistema inmunitario. ¿Estás segura al 100% de que una cucharadita de miel, con sus azúcares simples, mejora tu inmunidad o la de tu hijo?

Fíjate en la siguiente lista.

Ninguno de los productos que la forman ha demostrado “mejorar las defensas” o “disminuir la susceptibilidad a padecer infecciones”:

  • miel
  • própolis
  • té
  • equinácea
  • yogur u otras leches fermentadas con bacterias vivas
  • zumo o extracto de la semilla o de la piel de la uva
  • setas shiitake
  • Omega-3
  • alimentos enriquecidos con fosfolípidos
  • zanahorias u otros alimentos ricos en beta-caroteno, beta-galacto-oligosacáridos
  • fermentación de frutas, frutos secos o especias
  • bicarbonato...

Sí, has leído bien: hasta al bicarbonato se le atribuyen, incorrectamente, propiedades “inmunonutritivas”. Puedes comprobar que no me he inventado el listado anterior accediendo a la página web de Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y escribiendo en la casilla search las palabras immune o immunity.

En resumen, si te preocupa el estado de las defensas de tu hijo:

  • prioriza la leche materna
  • elimina los alimentos insanos de tu despensa o de tu nevera
  • no sobrealimentes a tu bebé
  • evita el sedentarismo
  • no fumes delante de él...

Y su inmunidad irá de maravilla.

¿Frutas poderosas?

El noni o mora de la India (Morinda citrifolia) es una fruta tropical que tiene fama de tener propiedades “inmuno-modulantes”. El Comité Científico de Alimentos de la Comisión Europea de Salud y Protección del Consumidor afirmó en 2002 que: «No ofrece mayor ni menor ventaja para la salud que cualquier otro zumo de frutas».

Y lo mismo sucede con las bayas de Goji. Nos dicen que son alimentos con mucha vitamina C (la frase “toma zumo de naranja para los resfriados” es todo un clásico). Pero dicha vitamina sólo es “inmu-nomoduladora” cuando hay una carencia seria de ella, algo muy infrecuente.

Guiarnos por el sentido común

Estamos preocupados por las infecciones de nuestros hijos. Pero esta preocupación no tiene por qué ofuscarnos y lanzarnos a “prescribirle” sustancias tan difíciles de pronunciar como: microminerales, vitaminas liposolubles, aminoácidos esenciales, proteínas del lacto-suero, fitoquímicos o lo-que-sea.

Por varias razones, pero la principal es que tienes dichas sustancias al alcance de tu mano y a un buen precio. Abundan en la leche materna, en tus frutas y hortalizas preferidas, en esas legumbres que tan bien cocina tu abuela, en la pasta integral o en los frutos secos (chafados para los menores de tres años).