Balanceo

BEBÉS FELICES

¿Por qué los bebés aman el balanceo?

Ese vaivén lo calma porque le recuerda a tu interior, y ¡hasta de mayor disfrutará con los juegos que reproducen ese movimiento!

Meritxell Blanco

17 de julio de 2017, 07:00 | Actualizado a

Todos sabemos qué es el balanceo, esos movimientos suaves y rítmicos de ir y venir sin moverse del sitio, pero pocos conocemos los beneficios que tiene para el bebé y para los niños pequeños.

Ya sea en brazos de otra persona, en objetos como columpios o sillas mecedoras, e incluso provocado por el mismo cuerpo, el balanceo los ayuda a relajarse, al mismo tiempo que les proporciona seguridad física y afectiva.

Ese vaivén delicado, muchas veces acompañado de palabras o canciones susurradas, está ligado al placer y también al miedo (si pensamos en el columpio, por ejemplo), a crear bienestar y a conectar consigo mismo.

Y en el vínculo madre-bebé, este acercarse y alejarse repetidamente de la mirada del adulto, un adulto que le da seguridad y lo protege, es lo que lo ayuda a construir su futura personalidad.

Les da seguridad

Las relaciones que los niños establecen con las personas que los rodean responden a dos necesidades complementarias y básicas: la necesidad de seguridad y la autonomía progresiva, y así lo apunta Pilar Arnaiz, catedrática en Pedagogía y un referente en cuanto a modelos de educación inclusiva y en lo que a la atención a la diversidad se refiere. Por esa razón, el balanceo, el desaparecer y aparecer, el alejarse y encontrarse de nuevo con el otro, es sumamente gratificante y placentero para el bebé.

Este desaparecer sin llegar a perderse se irá repitiendo en otros juegos propios de cada una de las distintas etapas del crecimiento: el mítico cucútras, el escondite, el esconder, tirar o alejar objetos, juegos que solo podrá realizar con placer si antes ha vivido del mismo modo el hecho de acercarse y alejarse del adulto.

Momentos irrepetibles

El balanceo es un buen modo de iniciar la evolución psicomotriz, porque hace que se creen nuevas conexiones y circuitos neuronales en el bebé. Lo único que hay que intentar es crear un ambiente apropiado que les permita explorarlo.

Al mecer a nuestros hijos también se estimula su sentido del equilibrio, que es fundamental a la hora de caminar y de crear la noción espacio-tiempo. Por lo tanto, no lo dudemos, cojámoslos siempre que lo deseemos o ellos nos lo pidan.

El tiempo pasa muy deprisa, y un día los miramos y con cierta melacolía nos damos cuenta de que ya no caben en nuestros brazos, pero debemos recordar que esos momentos quedan grabados en nuestros corazones y en los suyos también.

Con mucho mimo y cuidado

A la hora de balancearlos podemos tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Mecerlos es uno de los primeros juegos que favorece el vínculo entre madre e hijo. Si lo acompañamos con nuestra voz, le transmitiremos nuestro deseo de comunicarnos con él.
  • Se puede hacer en distintas posiciones: apoyado en el pecho, de espaldas a nosotros... Es preferible elegir una posición en la que haya un contacto visual entre el bebé y nosotros.
  • Los movimientos, sobre todo cuando son bebés, es mejor que sean suaves.
  • Cuando crecen, si lo hacemos más rápido, nos aseguraremos de cogerlos bien.
  • A partir del año, si jugamos a darles vueltas a nuestro alrededor, los agarraremos de los brazos o las muñecas, no de las manos.

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