Prevenir la gripe

NIÑOS MÁS SANOS

Prevenir la gripe en los niños

A veces es difícil librarse del contagio, a pesar de que las medidas preventivas son muy sencillas. Por suerte, en la gran mayoría de los casos se trata de una enfermedad leve.

Juan C. Mimoso

15 de septiembre de 2017, 07:00 | Actualizado a

Con la llegada de la bajada de las temperaturas, llega poco a poco la época de las gripes y, evidentemente, nos preocupamos porque este virus tiene una gran capacidad de contagio y es fácil que acabe afectando a nuestro hijos.

Esta infección vírica aguda está causada por el virus influenza o de la gripe y produce mayoritariamente una inflamación del aparato respiratorio, con síntomas en la nariz, la garganta y los pulmones. Aunque también es verdad que, en algunas ocasiones, los médicos hablan de “gripe” ante cualquier cuadro catarral vírico de vías altas, especialmente si es en niños.

Los síntomas de la gripe varían desde leves a otros más graves (incluso pueden provocar la muerte en algunos casos), aunque con las medidas adecuadas, en la gran mayoría de los casos, la recuperación dura una o dos semanas (una de enfermedad y otra de convalecencia).

Epidemia o pandemia

El virus de la gripe se caracteriza por su gran contagiosidad y por presentarse cada año en invierno, en forma de epidemias. Esto quiere decir que la enfermedad se propaga rápidamente y afecta a mucha gente en una misma zona y al mismo tiempo. En nuestro entorno, la temporada comienza a partir de la segunda quincena de diciembre y aumenta durante las primeras semanas de enero, hasta marzo. Y afecta entre el 5 y el 20% de la población general.

Cuando una epidemia se extiende por todo el mundo, se la llama pandemia. Este nombre no indica una mayor gravedad, sino que tiene una extensión geográfica global. Durante el último siglo han ocurrido cinco pandemias, la última en 2009-2010 con la gripe H1N1 (“porcina”). Esta era una nueva variante de virus que no se había difundido antes entre seres humanos, aunque la mayor parte de los casos tuvieron un carácter leve y sin complicaciones. A partir de entonces, esa variante se ha comportado como cualquier otra de los virus estacionales que existen durante la epidemia anual.

Minimizar el contagio

Para reducir el impacto de la gripe sobre la población y reducir las complicaciones graves, es necesario seguir escrupulosamente las medidas para prevenir el contagio, aunque dichas medidas (que encontrarás más abajo) se complican cuando estamos hablando de niños...

El virus influenza generalmente se transmite de persona a persona a través de unas gotitas de secreciones respiratorias (nasal, bronquial o saliva), que contienen el virus y que se expulsan habitualmente al aire con la tos, los estornudos o simplemente al hablar.

Al inhalar estas gotitas procedentes de un infectado de gripe, la persona se contagia, y así sucesivamente.

También se puede transmitir al tocar objetos contaminados con virus de la gripe, como pañuelos, utensilios de comida, superficies de mesas, ordenadores, etc., y luego tocarse la boca, la nariz o los ojos.

Los adultos infectados pueden contagiar a otras personas a partir de 1 ó 2 días antes del inicio de los síntomas hasta 5-6 días después.

Curiosamente, los niños pequeños pueden infectar desde 6 días antes, y los lactantes desde 10 días antes del inicio de los síntomas.

Las personas con la inmunidad deprimida pueden seguir contagiando durante semanas o meses.

Por suerte, el virus de la gripe puede ser inactivado muy fácilmente mediante el uso de desinfectantes o detergentes comunes.

Existen varios tipos de virus de la gripe o influenza:

  • La gripe tipo A: ocurre en brotes epidémicos entre el inicio del invierno y comienzo de la primavera, y puede generar pandemias. El principal foco es el hombre, pero también puede estar en otros animales, como las aves o los cerdos.
  • La gripe tipo B: puede aparecer en cualquier momento del año y solamente afecta a humanos.

Los virus de la gripe también se caracterizan por una gran capacidad de mutación (varían sus antígenos, las estructuras superficiales que permite al cuerpo reconocerlo), cambiando de año en año los tipos de virus que circulan, además de existir simultáneamente varios subtipos o cepas distintas en cada temporada.

Para estudiar y conocer la variación de los diferentes virus de la gripe, y cuáles son los que predominan, existe toda una red de vigilancia epidemiológica mundial, con laboratorios de control que, coordinados con la Organización Mundial de la Salud (OMS), permiten a los investigadores tomar las medidas preventivas adecuadas ante el riesgo de epidemia o pandemia.

Esta gran capacidad de cambio que poseen los virus explica que vacunarse o haber pasado la gripe solamente protege frente al virus específico que causó la infección o frente a las cepas que contiene la vacuna, por lo que algunas personas pueden sufrir la enfermedad más de una vez en la misma temporada a pesar de haberse vacunado.

Cómo aparece

La gripe se propaga muy fácilmente, y los niños se suelen enfermar al cabo de 2 ó 3 semanas de la llegada de la gripe a una comunidad determinada como la escuela. Los síntomas surgen de manera brusca, normalmente pasados 2 días del contagio, en forma de:

  • Fiebre alta (39-40 °C) y con escalofríos. Generalmente dura 3 días, pero puede durar hasta 7 días, y volver a subir al cuarto día tras haber bajado previamente. Este hecho no nos indica mayor gravedad.
  • Dolor muscular y de articulaciones (artromialgias), es el “trancazo”, cuando la gente se siente como si hubiera recibido una paliza.
  • Tos seca y sin mucosidad.
  • Dolor de cabeza (cefalea) y de garganta.
  • Malestar general. Cansancio y debilidad.
  • Mareos y pérdida de apetito.
  • Diarreas, náuseas o vómitos: especialmente en niños, lo que lleva a algunas personas a llamarla gripe intestinal o estomacal porque parece una gastroenteritis.
  • Estornudos. Mucosidad nasal transparente y acuosa (rinorrea).
  • Sensación de nariz tapada.
  • Enrojecimiento de ojos y molestias al moverlos.
  • Los lactantes con gripe también pueden dar la sensación de estar muy inquietos de repente o simplemente tener mal aspecto, letargo, rechazo de tomas...
  • En los niños pueden aparecer convulsiones.

Los síntomas evolucionan y se hacen día a día más evidentes los de tipo respiratorios, reduciéndose la intensidad de la fiebre y de los otros síntomas. Todos desaparecen generalmente al cabo de 4 ó 7 días, aunque a veces la fiebre regresa. En cambio, la tos y el cansancio pueden prolongarse hasta tres semanas.

¿Y si le han contagiado?

Es necesario tranquilizarse, ya que la gripe es una infección estacional, y aunque es sumamente contagiosa, la mayoría de casos se resuelven simplemente con reposo y analgésicos. Tampoco hace falte que el niño deje ningún tratamiento que esté tomando habitualmente.

En caso de tener síntomas intensos o pensar que está en riesgo de presentar complicaciones, consulte telefónicamente con su centro de salud o acuda al pediatra.

Es importante seguir las recomendaciones para evitar el contagio a otras personas, especialmente las de mayor riesgo de complicaciones. Así pues el niño ha de permanecer en casa, sin acudir al colegio, hasta al menos 24 horas tras la desaparición de la fiebre y sin haber necesitado ningún antitérmico para ello, o incluso más tiempo si no se ha notado mejoría.

En general, el pronóstico es bueno, porque la mayoría de los niños logran una recuperación parcial a la semana y total a los 15 días, sin secuelas.

Con más riesgo

Sin embargo, algunas personas desarrollan complicaciones graves que en casos extremos pueden poner en peligro su vida. Estas son las que es importante tener en cuenta:

  • Neumonía. Esta infección de los pulmones es la complicación más grave. Puede ser de origen bacteriano (es la que tiene mejor pronóstico y se cura con antibióticos) o puede ser vírica (en este caso es muy grave y de difícil tratamiento).
  • Síndrome de Reye. Es un cuadro grave, con vómitos y afectación brusca del hígado y del cerebro, que es más frecuente en niños.

Se produce especialmente con el uso de ácido acetilsalicílico (aspirina), por este motivo está contraindicado en niños y adolescentes.

  • Sinusitis y otitis media. Es muy frecuente en niños pero no reviste mayor gravedad.
  • Bronquitis aguda. Es otra complicación que se da a menudo.
  • Encefalitis (infección del cerebro) y meningitis (de las meninges) son menos frecuentes.

A veces puede desencadenarse un empeoramiento de enfermedades crónicas, como la insuficiencia cardiaca, el asma o la diabetes, pero cualquier persona a cualquier edad puede sufrir complicaciones por la gripe.

Aunque los grupos con un riesgo más alto son:

  • los mayores de 65 años
  • los menores de 2
  • las embarazadas que están en su 2º o 3º trimestre en la temporada gripal
  • los enfermos crónicos o con el sistema inmunitario alterado.

¿Cómo diagnosticar y valorar los síntomas?

Básicamente, el diagnóstico de la gripe se hace valorando los síntomas acompañantes y realizando una exploración física. Si existe:

  • un cuadro de fiebre
  • malestar general
  • dolor de cabeza
  • tos con secreción nasal

En temporada gripal, suelen ser síntomas suficientes para poder diagnosticarla, sin hacer más pruebas.

En caso de existir complicaciones, el médico puede indicar la realización de exploraciones complementarias, como análisis de sangre, radiografía de tórax o cultivos.

¿Cuál es el tratamiento?

En la mayoría de casos, la gripe no necesita ningún tratamiento específico, puesto que es un proceso autolimitado. Existen unas medidas básicas para tratar la gripe, que son:

  • Reposo en cama.
  • Beber abundante líquido, especialmente infusiones y zumos naturales, para evitar la deshidratación.
  • Descansar y dormir bien.
  • No fumar ni tomar alcohol.

Fármacos que alivian

Para el tratamiento de los síntomas se suele usar:

  • Analgésicos: mejoran el dolor de cabeza y de articulaciones, y bajan la fiebre. Se puede usar paracetamol o ibuprofeno. No deben tomar aspirinas (acido acetilsalicílico) los niños ni los adolescentes para evitar la aparición de complicaciones. No es necesario bajar la fiebre hasta los límites normales, solo con disminuirla un grado ya se nota mejoría.
  • Antitusígenos: se usan en casos de tos importante, pero solamente bajo criterio médico y si no existen abundantes secreciones, ya que pueden causar la retención de las mucosidades y una infección posterior.
  • Expectorantes: pueden ayudar a fluidificar el moco y facilitan su eliminación, pero sin duda el mejor y más barato es el agua.

No son útiles los antibióticos, excepto en casos de complicarse con alguna infección bacteriana, como en caso de neumonía.

Los casos especiales

Raras veces se requiere hospitalización para el tratamiento y seguimiento de la evolución.

En estos casos y ante personas con riesgo de complicaciones (niños menores de 2 años que padecen enfermedades crónicas, como asma, diabetes, SIDA...), el médico puede indicar algún tratamiento antiviral. No cura la gripe, pero reducen la duración de la enfermedad en 1 ó 2 días, y ayudan a prevenir futuras complicaciones. Solamente es eficaz si se utiliza durante las primeras 48 horas después del inicio de la gripe.

No se utiliza de manera generalizada porque su eficacia es limitada y no están libres de efectos secundarios.

Medidas preventivas

A continuación presentamos una serie de medidas de higiene sencillas y efectivas para evitar contraer o contagiar la gripe:

  • Lavarse las manos frecuentemente, con agua y jabón, entre 10 y 20 segundos, también entre los dedos y las muñecas. Especialmente después de toser, estornudar o usar el baño, y siempre antes de comer.
  • Evitar el contacto directo con personas enfermas de gripe o con síntomas.
  • No toser ni estornudar al aire, sino cubriéndose la nariz y la boca con un pañuelo desechable y luego tirarlo a la basura..
  • Evitar tocarse la nariz, la boca o los ojos, pues son vías de entrada frecuente.
  • El niño debe permanecer en casa y no acudir al colegio para evitar contagios.
  • Ventilar y permitir la entrada de sol en casas, colegios y lugares cerrados durante 15 minutos al día.
  • No compartir nunca utensilios que hayan podido estar en contacto con saliva o secreciones.
  • Evitar los besos o dar la mano al saludar.
  • Mantener limpios y desinfectados picaportes, barandillas, baños, mesas, ordenadores, teléfonos y objetos de uso común.
  • Desinfectar especialmente juguetes, instrumentos musicales, lápices y material escolar compartido.

¿Es necesario consultar con el pediatra?

En la mayoría de los casos no es necesario acudir al médico cuando aparecen estos síntomas de la gripe, porque seguramente no habrá ningún riesgo de presentar un cuadro gripal grave y se sentirán mejor pasados 3 ó 4 días.

En cambio, sí que es conveniente consultar con el pediatra cuando se da alguna de estas circunstancias:

  • Fiebre muy alta o la presencia de lesiones en la piel.
  • Dificultad para respirar (disnea) o un ritmo respiratorio muy rápido (taquipnea).
  • Coloración azulada de la piel o de los labios (cianosis).
  • Deshidratación.
  • Somnolencia excesiva o disminución de conciencia.
  • Empeoramiento tras haber mejorado inicialmente.
  • Falta de mejoría a partir del 4º día de enfermedad.
  • Pertenecer a algún grupo de riesgo (enfermos crónicos, embarazo, niños pequeños...).

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