Una primera hora respetada

LIBRO RECOMENDADO

Una primera hora respetada

La mayoría de las culturas alteran el primer contacto entre la madre y el bebé durante la primera hora. Y cada vez sabemos más sobre su influencia en la salud y personalidad del bebé.

Michel Odent

24 de julio de 2018, 12:11 | Actualizado a

Este artículo está formado por fragmentos del recomendable libro La vida fetal, el nacimiento y el futuro de la humanidad (Ed. Ob Stare).

Sin duda, la primera hora siguiente al nacimiento es una de las fases más críticas en la vida de los seres humanos. No es casualidad que todos los grupos humanos han molestado de forma rutinaria los procesos fisiológicos durante este corto período de tiempo a través de rituales y creencias. Nuestros entornos culturales están determinados en gran medida desde el principio de la interacción madre-recién nacido.

Esta primera hora que sigue al nacimiento puede ser vista desde multitud de perspectivas complementarias que demuestran la dimensión real de este tema tan complejo.

Efectos conductuales de las hormonas

La información disponible es tan reciente que necesitamos desarrollar este aspecto. Hoy en día estamos en disposición de explicar que todas las hormonas liberadas por la madre y el feto durante la primera y la segunda fase del parto aún no se eliminan en la hora siguiente al parto. Todas ellas juegan un papel específico en la interacción madre-recién nacido.

Hasta hace poco ni siquiera se sospechaban los efectos conductuales de estas hormonas. La hormona clave implicada en la fisiología del parto es sin duda la oxitocina. Sus efectos mecánicos son conocidos desde hace mucho tiempo: en las contracciones uterinas para el nacimiento del bebé y la expulsión de la placenta, en las contracciones de las células mio-epiteliales del pecho para el reflejo de expulsión de la leche...

Prange y Pedersen demostraron los efectos conductuales de la oxitocina por primera vez en 1979 a través de experimentos con ratones: una inyección de oxitocina en el cerebro de las hembras vírgenes inducía una conducta maternal.

Este experimento sentó la base para una nueva generación de estudios. Los resultados de cientos de ellos se pueden resumir en una o dos frases: la oxitocina es la hormona típica del altruismo y está presente en cualquiera de las facetas del amor que se quieran contemplar.

Esta información resulta muy importante cuando uno sabe que, según los estudios suecos, es justo después del nacimiento del bebé y antes de la expulsión de la placenta cuando las mujeres tienen la capacidad de llegar a los niveles máximos de oxitocina. Igual que en cualquier otra circunstancia –por ejemplo, relaciones sexuales o lactancia–, la liberación de la oxitocina es altamente dependiente de factores am- bientales.

Es más fácil si el sitio es caluroso, para que el nivel de hormonas de la familia de las adrenalinas quede lo más bajo posible.

También resulta más fácil si la madre puede mirar a los ojos del bebé y sentir el contacto con su piel sin ninguna distracción.

Nos queda un nuevo campo de investigación: el modo de la liberación de la oxitocina. Para hacer efecto, esta liberación tiene que ser pulsátil: cuanto más alta es la frecuencia, más eficiente es la hormona.

La oxitocina no se libera jamás de manera aislada; siempre forma parte de un equilibrio hormonal complejo. Éste es el motivo por el que el amor tiene tantas facetas. En el caso particular de la hora siguiente al parto, en condiciones fisiológicas, el nivel máximo de oxitocina está asociado con un nivel alto de prolactina, la cual también se conoce bajo el nombre de la hormona de la maternidad. Ésta es la situación más típica de expresar amor a los bebés.

La oxitocina y la prolactina se complementan la una a la otra. Además, los estrógenos activan los receptores de oxitocina y prolactina. Siempre tenemos que pensar en términos de equilibrio hormonal.

En el mismo año 1979 también se demostró la liberación maternal de hormonas parecidas a la morfina durante las contracciones y el parto. La liberación de estas endorfinas está ahora muy bien documentada.

Al principio de los 80 nos enteramos de que el bebé también libera sus propias endorfinas durante el proceso del nacimiento, y hoy no hay duda de que durante un cierto tiempo después del parto ambos, madre y bebé, están impregnados de opiá- ceos. La propiedad de los opiáceos de inducir estados de dependencia es de sobra conocida, así que resulta fácil prever cómo es el desarrollo del principio de una “dependencia” o vinculación.

Incluso hormonas de la familia de las adrenalinas –a menudo consideradas como las hormonas de la agresividad– tienen un papel obvio en la interacción madre y bebé inmediatamente después del parto.

Durante las últimas contracciones antes de nacer el bebé, estas hormonas alcanzan su nivel más alto en la madre.

Éste es el motivo por el cual, en condiciones fisiológicas, en cuanto empieza el reflejo de expulsión fetal, las mujeres tienden a estar erguidas, llenas de energía, con una necesidad repentina de agarrar algo o a alguien. A menudo necesitan beber un vaso de agua, exactamente como un orador lo necesita delante de una gran audiencia. Uno de los efectos de esta liberación de adrenalina es que la madre está alerta cuando el bebé ha nacido.

Hay que pensar en los mamíferos en su hábitat natural y se puede entender claramente cuán ventajoso es para la madre tener suficiente energía, y agresividad, para proteger a su bebé recién nacido si hace falta.

La agresividad es un aspecto del amor maternal.

También se sabe que el bebé cuenta con sus propios mecanismos para sobrevivir durante las fuertes contracciones finales del expulsivo y libera sus propias hormonas de la familia de la adrenalina.

Un torrente de noradrenalina permite al feto adaptarse a la falta fisiológica de oxígeno específica de esta fase. El efecto visible de esta liberación hormonal es que el bebé está alerta al nacer, con los ojos bien abiertos y las pupilas dilatadas. Las madres huma- nas se sienten fascinadas y encantadas con la mirada de sus recién nacidos. Es como si el bebé estuviera dando una señal, y ciertamente parece que este contacto visual humano es un aspecto importante en el comienzo de la relación madre-bebé.

Desde la perspectiva hormonal, parece claramente que la sexualidad vuelve a su punto de partida. En los distintos episodios de nuestra vida sexual se liberan las mismas hormonas y se reproducen guiones similares. Por ejemplo, durante el acto sexual macho y hembra liberan oxitocina y endorfinas.

Es el comienzo de un vínculo afectivo que sigue el mismo patrón que el apego madre-bebé durante la hora después del parto.

El comienzo de la lactancia

Hasta hace poco no se consideraba la importancia de la primera hora posterior al nacimiento como el momento en el que comienza la lactancia. Contaré una anécdota que nos ayude a darnos cuenta de lo reciente de esta perspectiva. En 1977, en Roma, en el Congreso sobre Psicosomática, Ginecología y Obstetricia, presenté un documento sobre la expresión temprana del reflejo de succión. Simplemente estaba describiendo las condiciones ideales que permiten al bebé encontrar el pecho durante la primera hora.

Ninguno de los obstetras y pediatras presentes podían creer que un bebé humano sería capaz de encontrar el pecho durante esa hora.

Hoy día la mayoría de las comadronas saben que el bebé humano está programado de forma natural para encontrar el pecho por sí mismo en su primera hora de vida. Es más, uno puede entender que en condiciones fisiológicas, cuando el bebé recién na- cido está listo para encontrar el pezón, la madre sigue en un equilibrio hormonal especial. Ella está todavía en otro planeta, muy instintiva. Sabe cómo coger a su bebé. En los humanos, la lactancia es básicamente instintiva durante la primera hora poste- rior al nacimiento. Después hay tiempo para la educación, imitación e incluso técnica.

El punto de vista obstétrico

Analizando la literatura médica, parece que en los círculos obstétricos la pregunta es: ¿Cómo controlas la tercera etapa? Periódicamente se publican estudios aleatorios comparando los distintos modos de “controlar” esta fase. El único objetivo es evaluar los riesgos de la hemorragia posparto.

Todos los protocolos de investigación utilizan una definición negativa del “control expectante” –por ejemplo, la no utilización de sustancias utero-tónicas y no pinzar el cordón umbilical–.

Los factores que pueden facilitar la liberación de la oxitocina no están incluidos en los protocolos médicos. Los resultados de tales pruebas han llevado a la práctica de inyectar rutinariamente sustancias oxitócicas a todas las madres justo en el momento del nacimiento, las cuales bloquean la liberación de las hormonas naturales sin presentar consecuencias.

El enfoque de las comadronas

Algunas comadronas pueden todavía practicar la auténtica partería, pueden desempeñar su papel de protectoras de los procesos fisiológicos. Tras el nacimiento, su preocupación principal es la liberación por parte de la madre de una gran cantidad de oxitocina, porque es necesaria para la expulsión segura de la placenta y porque es la hormona del amor.

  • Primero se aseguran de que la habitación esté caliente. Durante la tercera etapa, las mujeres nunca se quejan de tener demasiado calor. Si están temblando, eso significa que el sitio no tiene la temperatura adecuada.
  • Su otro objetivo es asegurarse de que la madre no se distraiga mientras está mirando los ojos del bebé y sintiendo el contacto con su piel. La madre se puede despistar porque se siente observada o controlada, porque alguien está hablando, porque quien atiende el parto quiere cortar el cordón antes de expulsar la placenta, porque el teléfono suena... La madre está todavía en un estado particular de consciencia, como en otro planeta. Su neocórtex está todavía más o menos descansando. La contraseña debería ser: ¡No despierten a la madre!

¿Por qué está mejor contigo?

Existen muchas razones por las que el bebé debe permanecer piel con piel junto a su madre en cuanto nace. Las más importantes son:

  • 􏰜Respiración inmediata. Durante la primera hora tras el nacimiento el bebé ha de utilizar sus pulmones de forma repentina. Esto implica que el corazón debe bombear urgentemente sangre para la circulación pulmonar. La condición es que las circulaciones pulmonar y sistémica se separen a través del cierre de las conexiones que existen entre ellas.
  • Adaptación metabólica. Mientras el bebé está creciendo en el útero, los nutrientes y, en particular, el combustible vital, la glucosa, son suministrados a través del cordón umbilical de forma continua. Inmediatamente tras del parto, el bebé se debe adaptar a un suministro discontinuo.
  • Libre de gérmenes. Así está al nacer. Una hora más tarde, millones de ellos cubren sus membranas mucosas. Nacer significa entrar en un mundo de microbios. ¿Qué gérmenes van a ser los primeros en colonizar el cuerpo del bebé? Los bacteriólogos saben que los ganadores de la carrera van a ser los gobernantes del territorio. El entorno de gérmenes de la madre ya es familiar y amistoso desde la perspectiva del neonato porque madre y bebé comparten los mismos anticuerpos (IgG). En otras palabras, desde un punto de vista bacteriológico, el recién nacido humano necesita urgentemente estar en contacto con sólo una persona, su madre.
  • Temperatura corporal. Mientras que en el útero el bebé nunca tuvo la oportunidad de experimentar diferencias de temperatura (exceptuando posibles episodios de fiebre materna), una vez más, los primeros minutos posteriores al parto aparecen como una interrupción de la continuidad. Como los mecanismos de termorregulación no están todavía maduros al nacer, hay razones teóricas para estar preocupados por los casos de hipertermia materna durante el trabajo de parto inducido por anestesia epidural o baño demasiado caliente.
  • La gravedad. Durante la primera hora se establece una nueva relación con la gravedad. De repente, el nervio vestibular que sirve al equilibrio lleva al cerebro un torrente sin precedentes de impulsos.

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