Soluciones para sus problemas respiratorios

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Soluciones para sus problemas respiratorios

Resfriados, gripes, otitis, laringitis, rinitis, bronquitis y neumonías, además de otras "itis" en nuestros hijos nos preocupan... ¿Qué necesitamos saber como padres?

Luis Ruiz

4 de julio de 2018, 18:13 | Actualizado a

En los cambios estacionales, los trastornos que afectan el sistema respiratorio son una constante. Resfriados, gripes, otitis, laringitis, rinitis, bronquitis y neumonías, además de otras “itis”, se convierten en un tema de preocupación habitual. Pueden afectarnos a todos y son con mucho las causas más frecuentes de consulta médica. Afortunadamente, la mayoría de afecciones son banales y, en muchas ocasiones, se trata “solo” de mocos.

La mucosa –una membrana húmeda que reviste la nariz y otras cavidades– produce esa secreción, que acaba siendo la causante de la mayoría de patologías relacionadas con el sistema respiratorio, convirtiéndose, además, en su imagen más visible. Mocos hay siempre, pero cuando una mucosa está inflamada, los produce en mayor cantidad. Al no poder ser evacuados de manera natural, se acumulan sobre estas superficies, creando un caldo de cultivo.

Para protegerse de esta situación, el organismo tiene mecanismos, como la tos o el estornudo, que intentan expulsar estos mocos en peligro de sobreinfectarse.

Las afecciones de las vías respiratorias en niños significan entre el 30 y el 60% de los casos atendidos por personal sanitario, y son responsables de entre el 20 y el 40% de las hospitalizaciones. Las vías respiratorias pueden verse afectadas en todo su trayecto, por lo que es importante conocerlas un poco mejor.

Médicamente se dividen en dos grupos: vías altas y vías bajas.

Los procesos respiratorios afectan a todo el sistema, pero una de las dos porciones siempre resultará más perjudicada.

Las vías respiratorias altas incluyen: la nariz, la cavidad nasal, los senos paranasales, la laringe y la tráquea. Las vías respiratorias bajas las forman: los pulmones, las vías respiratorias (bronquios o bronquiolos) y los sacos de aire (alvéolos).

Las vías respiratorias altas

Estas son las características más importantes de los trastornos que afectan las vías altas:

Catarro común

Es la infección más frecuente en la especie humana. Se caracteriza por síntomas nasales (rinitis, obstrucción nasal) y, en ocasiones, también faringo-amigdalares que cursan con malestar general y a veces fiebre. Es una enfermedad autolimitada –se cura sola–, generalmente debida a un virus. Ocurre más frecuentemente en invierno, aunque no se ha visto que el frío sea un desencadenante. En algunos raros casos se complica con otitis media o sinusitis, no sabemos si por sobreinfección bacteriana o a causa del mismo virus.

La única acción posible es aliviar los síntomas: lavado nasal frecuente para descongestionar la nariz y antitérmicos y analgésicos si hay fiebre alta o malestar general. Los antibióticos no están indicados –el origen del resfriado es casi siempre vírico, no bacteriano– y es importante estar pendientes de las reacciones del niño para reconocer si hay una complicación.

Tanto si se va al pediatra como si no, dura, más o menos, una semana.

Amigdalitis y faringitis

La infección faringoamigdalar por antonomasia es la amigdalitis causada por el germen llamado estreptococo. En los niños mayores es la infección bacteriana más frecuente. Puede causar, además de faringitis, escarlatina, fiebre reumática y otras infecciones fuera de las vías respiratorias. El síntoma típico es dificultad al tragar y la presencia de placas de pus en la superficie de la faringe y amígdalas. La fiebre suele ser muy alta y los ganglios en la región del cuello, muy prominentes.

En estos momentos, en muchos centros de salud y en urgencias se dispone de un sistema de diagnóstico rápido y eficaz: el faringotest. Consiste en tomar una muestra de secreción faringea con un bastoncillo, al que luego se aplica un reactivo. Es una herramienta muy útil para decidir la administración de antibiótico –en general, amoxicilina–, ya que en pocos minutos se determina si hay bacterias o no.

Otitis

Es una inflamación del oído medio, con o sin salida del líquido al exterior por rotura del tímpano, y de tipo mucoso o purulento en función de la secreción. Es muy común entre los seis meses y los tres años, bajando la frecuencia a partir de esa edad: más del 70% de los niños han sufrido por lo menos un episodio de otitis media antes de los 36 meses. Se ha comprobado una mayor incidencia en varones y en niños y niñas con atopia. En un 30% de los casos no se identifica germen; cuando sí se ha encontrado, los más frecuentes son el neumococo y el haemophilus influenzae.

Sinusitis

Los casos de infección de los senos paranasales representan un 1-5 % de los procesos respiratorios. La tos y un catarro nasal persistente –más de 10 días– con dolor de cabeza nos hacen sospechar de su existencia, sobre todo si la tos es importante durante el día y muy intensa por la noche. Los gérmenes que causan la sinusitis son con frecuencia resistentes a la penicilina, por lo que usamos antibióticos de amplio espectro, ya que si el tratamiento no es el adecuado, puede cronificarse. Intentar despejar la nariz, respirar aire húmedo o incrementar la ingestión de líquidos puede aliviar los síntomas.

Pseudo crup y otras obstruciones

El pseudo crup o laringitis estridulosa es muy frecuente. Se caracteriza por crisis de tos con sensación de ahogo muy aparatosa que, a veces, mejora al salir a la calle y respirar el aire frío de la noche. Entre un 3 y un 5% de las personas padecen esta enfermedad en la infancia.

La afectación de la laringe y la tráquea suelen ser de origen viral, y aunque la visita al médico es inevitable, no suele presentar complicaciones. Una sensación de ahogo del pequeño nos indica la necesidad de acudir a urgencias, donde con humedad y antiinflamatorios específicos se logra una mejoría en los síntomas. Si es la epiglotis (estructura que cubre la entrada de la laringe) la que está afectada, la tos es muy aparatosa y ruidosa (perruna) y existe dificultad respiratoria con estridor (ruido muy marcado cuando se respira): hay que acudir a urgencias para aplicar oxígeno y la terapia más adecuada.

Las vías respiratorias bajas

Son los trastornos que suelen asustar más a los padres y madres que acuden a la consulta:

Neumonía

Se trata de una infección del pulmón que afecta a su funcionamiento, por lo que, dependiendo del grado, puede ser muy grave. En general, antes de la existencia de los antibióticos la mortalidad por neumonía era muy elevada. Con las técnicas médicas actuales y la administración adecuada de antibióticos, la situación es ligeramente diferente.

Los virus y las bacterias que provocan neumonía están en el ambiente y para elegir el mejor tratamiento es importante identificar si es viral o bacteriana, y conocer la severidad de la infección. El neumococo es el germen que se identifica más frecuentemente.

Los gérmenes actúan en el pulmón en diferentes etapas:

  • Se adhieren al epitelio (la capa que lo recubre)
  • y eliminan sustancias tóxicas que lo lesionan
  • Invaden el parénquima (tejido esponjoso del pulmón)
  • y se distribuyen en él

En el caso de los virus, lo hacen dentro de los leucocitos (o glóbulos blancos, células que combaten las infecciones), causando un descenso de su actividad.

En la mayoría de las ocasiones, con una buena exploración y comprobando la historia clínica del paciente se puede hacer el diagnóstico y elegir el tratamiento más adecuado. Por ejemplo, la aparición de respiración rápida es un factor clínico a tener en cuenta.

El tratamiento es antibiótico y la hospitalización no siempre es necesaria. Algunos factores de gravedad que la hacen imprescindible son, entre otros: signos de dificultad respiratoria severa (retracción de las costillas, aleteo nasal y cianosis), que el bebé tenga menos de tres meses, síntomas neurológicos acompañantes (irritabilidad, convulsiones...), incapacidad de alimentarse, neumonía que se repite o falta de respuesta al tratamiento.

Bronquiolitis

Es la inflamación de las vías respiratorias pequeñas: los bronquiolos. Se inicia como un catarro de vías altas con mocos y acaba “bajando” al pecho. Es de origen viral; uno de los que actúan con mayor frecuencia es el virus respiratorio sincitial (VRS). Estadísticamente se ha comprobado que los niños son más susceptibles a la bronquiolitis que las niñas. En general, los que tienen hermanos mayores o van a la guardería y los que acuden a centros sanitarios a menudo tienen más posibilidades de contagiarse. En cuanto a la prevención, no fumar –ni en su presencia ni en los espacios compartidos– y amamantarlos es la mejor medida para protegerlos de esta dolencia.

El diagnóstico es clínico y el tratamiento sintomático. En algunas ocasiones puede ser necesaria la hospitalización. Se justifica sobre todo si se dan alguno de estos factores: el bebé ha sido prematuro, ha tenido bajo peso o está afectado su estado general. La mayoría de las veces el tratamiento consiste en dar apoyo respiratorio y humidificar el ambiente. Los broncodilatadores usados para el asma no son igual de eficaces en esta patología y pueden, incluso, ser perjudiciales. Finalmente, existe una vacuna contra el VRS, pero se administra a niños de muy alto riesgo (prematuros, inmunodeprimidos).

Asma

Es la inflamación crónica de las vías respiratorias, que provoca su obstrucción y la consecuente dificultad para respirar. De origen viral en muchas ocasiones, puede deberse a la presencia de sustancias en la mucosa respiratoria, produce una respuesta excesiva de los bronquios. Hay factores que indican la posibilidad de este diagnóstico: antecedentes en la familia de asma o alergias, eccemas o rinitis.

La manifestación externa de la bronquitis es la dificultad respiratoria. Es posible que no exista fiebre y que el desencadenante de la crisis sea un cuadro catarral o la presencia de sustancias en el ambiente. Su severidad se determina mediante las pruebas de esfuerzo.

El tratamiento agudo de esta afección puede ser domiciliario, pero, en cualquier caso, su aplicación requiere siempre de la supervisión del especialista.


Valorar los síntomas

Conocer bien los signos externos relacionados con un proceso respiratorio puede servir de ayuda para identificar cuándo es necesario acudir a urgencias.

  • Frecuencia respiratoria: Su aumento puede indicar problemas para respirar u oxígeno insuficiente. En los recién nacidos, es preocupante si es mayor de 60 respiraciones por minuto. De los 2 meses a los 2 años, si es mayor de 50.
  • Coloración: Cuando no se tiene el oxígeno necesario, la piel puede tener un color azulado alrededor de la boca, en los labios o en las uñas, un tono gris o palidez excesiva.
  • Ruidos respiratorios: Al inspirar o espirar se escucha un sonido ronco.
  • Aleteo nasal: Si los orificios nasales se abren de manera considerable al respirar, pueden indicar dificultad respiratoria. Es un signo muy útil en lactantes y niños pequeños.
  • Retracciones: Con cada respiración, el pecho parece hundirse justo por debajo del cuello o bajo el esternón. Así, lleva más aire a los pulmones.
  • Sudoración: Puede aumentar en la cabeza, pero la piel está fría o húmeda. Esto puede suceder cuando se respira muy rápido.
  • Sibilancias: Los también llamados “pitos”; un sonido agudo que aparece con cada respiración y que nos indica que las vías por donde pasa el aire se han estrechado.


La función de los mocos

  • Los mocos son una secreción de las mucosas –la piel que tenemos por dentro de los órganos huecos tanto digestivos como respiratorios–, que nos protegen de las agresiones y que se incrementan cuando están inflamadas. Los segrega la nariz, pero también la mucosa del intestino y la de otras partes del cuerpo.
  • Por ejemplo, cuando hay una inflamación intestinal con diarrea, el moco que vemos en las heces no ha sido tragado por el niño, sino que se ha generado en el intestino.
  • Sus funciones son múltiples: evita la deshidratación (en el pulmón), protege del ataque químico (en el estómago) y bacteriológico (en el aparato respiratorio) o, simplemente, “trabaja” como lubricante (en el esófago y el colon).
  • Una de sus tareas más importantes es mantener húmedo el epitelio (en particular el de las vías aéreas).

Ayúdale a respirar

  • Tener la nariz despejada es fundamental para el bienestar de los niños pequeños, sobre todo para que duerman y coman bien. Para lograrlo, es importante que la mucosidad, habitualmente espesa y pegajosa, se diluya para poder ser expulsada.
  • El primer paso es conseguir que ingiera líquidos más a menudo: leche materna si mama, agua si su dieta ya está diversificada.
  • Como lo más seguro es que todavía no sepa sonarse, se puede usar suero fisiológico para hacer lavados nasales. Para que la mucosidad se reblandezca, hay que introducir el suero muy despacio, así se desprenderán solos. No hay que aspirarlos.

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