Mamá tumbada con su bebé encima

Aceptar los cambios

Después del parto, piensa en ti

Con el bebé entre los brazos, todo cambia. El puerperio es una travesía mágica, sorprendente y misteriosa

Laura Gutman

25 de abril de 2016, 19:35 | Actualizado a

¿Cuarenta días? ¿A quién se le ocurrió esa cifra? Los famosos cuarenta días hacen referencia a un periodo durante el cual se permite a la mujer abstenerse de mantener relaciones sexuales. Básicamente, cuida la correcta cicatrización de las heridas y el fin del sangrado. Sin embargo, el puerperio es mucho más que el lapso de tiempo de abstinencia sexual; es un estado emocional ligado a la alteración de la conciencia.

Entonces, ¿cuánto tiempo dura el puerperio? Personalmente, creo que, como mínimo, dos años. Incluso me atrevo a afirmar que, si se vive con conciencia, no termina nunca. Es un viaje de ida. Es el inicio de un estilo de comunicación con el propio yo.

Ese vaivén de emociones es normal

En este periodo percibimos lo que es invisible para los demás. Sentimos lo que otros no sienten. Ahora bien, apenas ha nacido el bebé, debemos elegir: o nos mantenemos conectadas a los aspectos físicos –tal y como hemos hecho habitualmente–, o nos sumergimos en los vaivenes emocionales que la presencia del bebé hace aflorar en una dimensión que parece desproporcionada.

Pienso que ahí reside la riqueza de este tránsito. Los profesionales –médicos, terapeutas o guías– que asistimos a mujeres puérperas solemos equivocarnos creyendo que tenemos que “sacarlas de un pozo emocional”, cuando, si reciben la ayuda apropiada, tienen la opción de zambullirse por primera vez a navegar su propio mar.

El puerperio es mucho más que el lapso de tiempo de abstinencia sexual; es un estado emocional

Acostumbradas a funcionar en terrenos públicos, las mujeres encontraremos suficientes razones para no quedarnos con el bebé. El hábito de funcionar en una frecuencia masculina a través del trabajo instala innumerables obstáculos que impiden permanecer silenciosas en contacto con el bebé. Los lectores pensarán que todo esto está muy bien, pero las mamás reales estamos preocupadas por otros asuntos más acuciantes.

Necesitamos saber cuántos gramos aumentó el bebé, algunas estamos muy preocupadas porque nuestra pareja no tiene trabajo, otras tenemos dificultades con la lactancia... En fin, preocupaciones cotidianas que nos llevan a preguntarnos: “¿Por qué me pasa esto a mí ahora?”.

Tras el parto, ¿el tiempo avanza en sentidos distintos?

Olvídate del reloj

Durante el puerperio, hay otra batalla perdida de antemano, que es la guerra de los tiempos. Los tiempos fusionales mamá-bebé normalmente son prolongados, lentos, curvos, sin horarios. En cambio, los tiempos materiales son rápidos, cortos, puntuales, limitados.

Desconecta tu lado racional

En el mundo “externo” aparece el tiempo de descuento, o lo que es lo mismo, los días que nos quedan para volver al trabajo. Llega un momento en que las mamás calculamos, razonamos, echamos cuentas. Es a lo que Michel Odent se refiere cuando habla sobre la función del neocórtex: se activa la parte del cerebro que se ocupa de lo racional. Cuanto más nos instalamos en el mundo concreto, menos conectadas estamos con la parte más primitiva del cerebro.

No pienses en el qué dirán

Para la mujer puérpera, volver a trabajar significa iniciar una lucha desigual entre lo que ocurre en su interior, que es invisible a los ojos de los demás –lo sabemos todas las mujeres–, y lo que sucede fuera, que es visible y reconocido por todo el mundo. Es justo en ese momento cuando elaboramos la siguiente fórmula: “Si vuelvo al trabajo, me van a valorar y me sentiré mejor”.

Valora tu papel de madre

Más allá de las decisiones o las situaciones económicas o sociales específicas de cada mujer puérpera, es necesario validar la función específica de los tiempos fusionales desde el rol profesional. Es ese tiempo lento, tranquilo, pasivo, sin bordes, sin prisas, sin horarios, lo que realmente posibilita el maternaje.

Sabías que... el silencio es tu gran aliado

· El periodo posterior al nacimiento del bebé nos succiona hacia nuestro interior, y aparecen sensaciones corporales que nos retrotraen a una infancia anterior.

· Las emociones son intensas, insólitas, y la conciencia se ve modificada por sensaciones abrumadoras.

· Si agudizamos la mente intuitiva –a través del silencio, el reposo...–, podremos atravesar esta etapa.

Déjate llevar, no te resistas

· El verdadero oficio de asistir a una mujer puérpera se basa en la capacidad de mostrar amorosamente lo que emerge de su sombra, junto a recuerdos, vivencias, emociones. En el puerperio, es necesario permanecer por debajo de la línea del horizonte de la conciencia.

· Cada vez que luchamos por intentar escapar hacia la superficie, quedamos exiliadas de la energía intuitiva y de la energía racional.

· Por eso, la “depresión posparto” es tan frecuente, porque las mujeres no estamos dispuestas a aceptar que nos toca introducirnos en un mundo fuera del tiempo y del espacio.

· Definitivamente, dejaremos de estar “deprimidas” si admitimos que el puerperio es una travesía mágica, sorprendente y misteriosa.