Hipotiroidismo en el posparto

SALUD MATERNAL

Hipotiroidismo en el posparto

Algunos problemas atribuidos al cansancio o la depresión pueden tener un origen físico, hormonal. Un buen diagnóstico es esencial para vivir un posparto saludable.

Pilar de la Cueva

22 de febrero de 2018, 07:00 | Actualizado a

El hipotiroidismo es un problema mucho más frecuente de lo que se cree: una de cada cuatro mujeres mayores de 40 años va a padecerlo en algún momento de su vida. Es un mal funcionamiento de la glándula tiroides que da lugar a un desajuste de todos los sistemas del cuerpo. El embarazo y el posparto son momentos clave en los que puede precipitarse una falta de la hormona tiroidea, produciendo síntomas que a veces se confunden con el cansancio habitual de la maternidad, dificultades en la lactancia o un bajo estado de ánimo. Se calcula que más de un 17% de mujeres desarrollan algún déficit en la función de esta glándula, que puede ser transitorio, en el puerperio. La glándula tiroides está sitúada en la parte delantera del cuello, debajo de la garganta.

Otra glándula situada en el cerebro, la hipófisis, le envía impulsos de información para que funcione, mediante la hormona llamada TSH (por el inglés, hormona estimulante del tiroides). Cuando la glándula no responde bien a las señales normales, la hipófisis aumenta la cantidad de hormona TSH que lanza a la sangre para lograr que el tiroides produzca suficiente cantidad de su hormona tiroidea, la T3 y la T4. Si esta situación de funcionamiento bajo presión se alarga en el tiempo, es fre-cuente que la glándula aumente de tamaño, en un esfuerzo por tratar de producir mejor, y se note un bulto ancho y grueso en la zona del cuello: es el bocio, la tiroides aumentada de tamaño.

La frontera del diagnóstico

Es uno de los temas de debate en la ciencia actual: ¿hasta cuánto se ha de elevar la hormona TSH para que se catalogue como un déficit de la función del tiroides? Porque lo que sucede es que muchas personas experimentan síntomas muy intensos ante mínimas alteraciones de esta función, que las incapacita para llevar una vida normal; incluso sin llegar a tener las hormonas bajas, solo con una ligera elevación de TSH (sobre 2,5 o 3). Son síntomas que a menudo se catalogan y tratan como un problema de origen emocional o psiquiátrico, y de este modo todavía empeora más la situación. Por ello, especialistas en todo el mundo sugieren actualmente que se trate a las personas que tienen una elevación anormal de la THS, cuando tienen síntomas, sin esperar a que se produzca una descompensación mayor.

El papel del yodo

Lo más habitual es que el hipotiroidismo se deba a una falta de yodo en el ambiente y a una baja ingesta de alimentos con este mineral. En general, esta circunstancia se da en zonas alejadas del mar. También hay fármacos, contaminantes y alimentos que interfieren con el metabolismo del yodo y su incorporación a las hormonas en formación. Las radiaciones de la contaminación ambiental y la de los rayos X pueden igualmente alterar el tejido de la glándula y su producción endocrina.

Algunas enfermedades autoinmunes conllevan el ataque de las propias defensas a la tiroides, además de afectar a otros órganos o articulaciones. En algunas mujeres se alternan las fases de insuficiencia con las de exceso de producción de hormonas, como parte de una enfermedad llamada de Graves Bassedow, que es de origen inmune y desajusta la producción hormonal. Cada día se detectan casos en mujeres más jóvenes, por la influencia de los xenoestrógenos ambientales: pesticidas, plásticos que liberan sustancias en contacto con el calor y otros tóxicos del ambiente, que tienen en común esta acción similar a los estrógenos.

Síntomas múltiples

Los síntomas del hipotiroidismo son muy diversos, porque esta hormona regula muchos sistemas. Presentar varios de estos signos puede hacernos sospechar una deficiencia tiroidea, no es preciso sufrirlos todos.

El más frecuente es el cansancio o los dolores musculares. Muchas afectadas dicen que sienten como si les faltaran las pilas, pero no se quedan aquí, además hay:

  • Aumento de peso inexplicable, sensación de hinchazón y retención de líquidos, especialmente en las manos y los pies, también en la cara y los párpados. Hay bolsas bajo los ojos y se orina poco.
  • Intolerancia al frío y alteraciones en la regulación de la temperatura.
  • Caída del cabello, piel seca, palidez de piel (tono amarillento), lengua algo hinchada con los bordes dentales marcados.
  • En el sistema digestivo, tendencia al estreñimiento, digestiones lentas, falta de secreción de jugos gástricos, gases y sensación de saciarse muy pronto. Anemia que se acompaña de deficiencia de ácido fálico y vitamina B12.
  • Somnolencia durante el día y agotamiento nocturno.
  • Problemas en la conducta de alerta, lentitud en procesar las ideas y en la ejecución de los trabajos. Tropiezos, olvidos frecuentes y repetidos, pérdida de memoria reciente.
  • Dificultades en las relaciones psicosociales y, también, en la conducta emocional. Ansiedad y nerviosismo, dolor de cabeza, con sensación de cabeza espesa, dolor en las sienes o depresión.
  • Dolor muscular generalizado y al moverse. Calambres y parestesias (sensación de hormigueo y entumecimiento) en brazos y piernas.
  • Alteraciones del ciclo menstrual con hemorragias menstruales excesivas o ciclos cortos. Los abortos son otros de los efectos.

Descartar ante la duda

En una mujer puérpera no es fácil de diagnosticar, ya que muchos de estos síntomas se tienen de forma leve durante el embarazo y, además, el propio agotamiento dificulta que la mujer sea consciente de lo que le ocurre. Con frecuencia hay problemas con la lactancia, una sensación de falta de leche a pesar de tener una técnica correcta de lactancia y de haber recibido ayuda para solucionar posibles problemas en este sentido.

Así que, ante la duda, siempre hay que descartar un problema de tiroides, ya que si no se resuelve afecta mucho a la calidad de vida de la mujer, impidiendo una vivencia satisfactoria de la maternidad.

Es algo sencillo de comprobar, se diagnostica con un sencillo análisis de sangre, que determina los niveles de las hormonas T3 y T4, así como el de la hormona TSH. Si están alterados, se suele acompañar de una determinación de sustancias que se alteran en las enfermedades autoinmunes.

Si hay un nódulo en el tiroides, se hace una ecografía y, si se precisan, otras pruebas de imagen o de isótopos.

Interferencias y prevención

Hay medicamentos y alimentos que pueden interferir en el correcto metabolismo de las hormonas tiroideas: en unos casos impidiendo el paso de T4 a T3, en otros dificultando el transporte adecuado de las hormonas tiroideas en la sangre y en otros frenando su captación por las células.

Por ello, antes de iniciar cualquier tratamiento, conviene descartar que el problema no esté causado o agravado por la toma de algún tipo de medicamento. Algunos alimentos se desaconsejan a las personas con bocio por impedir la absorción del yodo, como nabos, coles, rábanos y coles de Bruselas. También la soja sin fermentar (leche de soja, tofu) y el déficit de selenio porque dificultan el paso de las hormonas T4 a T3.

Conviene tratar de evitar alimentos y tóxicos con acción hormonal:

  • Grasas animales de carnes y lácteos
  • Plásticos calientes en contacto con alimentos o teflón de las sartenes desgastadas.
  • Los fertilizantes y pesticidas también pueden tener un efecto estrogénico.
  • Administrar yodo a las embarazadas ha sido la recomendación más generalizada en las últimas décadas, sobre todo en el tercer trimestre y en el posparto mientras dure la lactancia, aunque en algunos lugares se cuestiona si solo se debería administrar a las mujeres de zonas con déficit de yodo.
  • Tomar sal marina yodada permite obtener suficiente yodo en zonas con déficit y, de paso, otros micronutrientes del mar, útiles para un mejor estado de salud. También aportan yodo los pescados, los mariscos y las algas. La medición de la cantidad de yodo que una persona elimina por su orina pude dar idea de si falta en su alimentación, aunque no es una prueba que se haga habitualmente.

Ajustar las dosis

Incluso si el déficit de hormonas es muy ligero, conviene tratarlo, ya que con pequeñas alteraciones puede haber repercusiones importantes. Es frecuente en España (aunque no en otros países) que no se trate el hipotiroidismo hasta que ya está avanzado, cuando no acaba con antidepresivos o ansiolíticos por un error de diagnóstico.

En ocasiones, el hipotiroidismo es transitorio, aparece en el embarazo sobre todo hacia el final, se mantiene o aparece en el posparto y desaparece unos meses más tarde.

En otros casos, había ya una predisposición genética o ya existía y ahora se detecta, y se mantiene durante toda la vida, con variaciones.

El tratamiento habitual es muy sencillo, con hormonas tiroideas, que se pueden aportar en dosis fraccionadas para ajustar mucho la cantidad que cada mujer necesita en cada momento.

Reducir el estrés también es fundamental para evitar un mayor agotamiento.

Probar tratamientos no convencionales, como acupuntura u homeopatía, puede ser razonable, pero con un control muy frecuente y cercano, y si en un plazo corto no mejora o se encuentra mal, no posponer el reajuste con fármacos.

Antes y durante el embarazo

Uno de los efectos del déficit de hormonas tiroideas es la reducción de la fertilidad, ya que aumenta la hormona prolactina y eso puede dificultar la ovulación, causando esterilidad en mayor o menor grado.

Si una mujer embarazada ya tenía antes un problema de tiroides y toma medicación, es muy importante reajustar las dosis, ya que un déficit puede aumentar el riesgo de aborto.

La medicación con una hormona similar a la natural no afecta al bebé, ni está contraindicada durante la lactancia.

En el embarazo, los síntomas con frecuencia se confunden con el típico cansancio de las embarazadas, y no se suele hacer caso. Sobre todo en el tercer trimestre se debe hacer un análisis de sangre a toda mujer que presente síntomas.

Lactancia cuando hay hipotiroidismo

  • Cuando hay un hipotiroidismo en el posparto, la desrregulación hormonal a nivel de hipófisis puede interferir con la producción de leche materna.
  • En el caso del hipertiroidismo la situación es diferente, solo falla a veces el reflejo de eyección de la leche, pero se produce en suficiente cantidad.
  • Hay que pensar en una deficiencia de hormona tiroidea si una mujer tiene la sensación de tener poca leche o si se objetiva que el bebé no gana peso, o lo pierde cuando ya han pasado los primeros 15 días, y se han descartado otras causas como consejos inadecuados sobre la duración y la frecuencia de las tomas, y no hay grietas o algún otro tipo de problema en las mamas.
  • El tratamiento con hormonas tiroideas no está contraindicado; al contrario, suplementar con hormonas si hay un claro déficit restablece de inmediato la producción de leche.
  • Además, es importante que la mujer descanse lo suficiente, que se alimente bien, que ponga al bebé al pecho cada vez que lo pida, sin horario, sin esperar a que llore, sin usar chupetes que interfieran, dejándolo mamar todo el rato que necesite sin restricciones.
  • Si fuera necesario, recurrir a la ayuda experta de una madre o de un grupo de apoyo a la lactancia, o de una profesional de la lactancia, que revise si la postura al pecho es la óptima.

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