La salud de tu boca afecta a tu embarazo

EMBARAZO SANO

La salud de tu boca afecta a tu embarazo

Para mantener una buena salud bucodental durante estos meses es fundamental visitar al odontólogo y ser escrupulosa en la higiene diaria. Los cambios hormonales hacen que dientes y encías sean un blanco más fácil.

Pilar de la Cueva

14 de abril de 2018, 07:20 | Actualizado a

Muchas mujeres embarazadas se resisten a ir al dentista por temor a que las pruebas o intervenciones que les vayan a hacer –radiografías, anestesia local, sacar una muela o realizar un empaste– puedan ser peligrosas para el bebé que está creciendo en su interior. Curiosamente, lo correcto es todo lo contrario: durante la gestación es realmente importante tratar cuanto antes cualquier problema de salud bucodental. Incluso si no hay ningún problema o síntoma anormal, se aconseja acudir al dentista para una revisión. El control rutinario de la salud bucodental se considera imprescindible en muchos países, más que otras pruebas que ya no se realizan a las gestantes sin complicaciones.

Cambios en las encías

Los cambios hormonales propios del embarazo, con altos niveles de estrógenos y progesterona, provocan una hipertrofia (engrosamiento) de la mucosa de las encías. Es una situación normal que no comporta ningún problema si la encía está sana, pero que puede exacerbar un problema existente. Al engrosarse, esa capa de tejido puede estar más sensible, molestar, producir más secreciones o, incluso, sangrar en algunos momentos.

Durante mucho tiempo se ha considerado casi normal tener la llamada “gingivitis de la embarazada”. Pero es importante diferenciar este engrosamiento normal de una infección. Lo primero es fisiológico; lo segundo, patológico.

Una época más sensible

Las infecciones más habituales son las periodontitis (inflamación en una pieza dentaria, diente o muela, y en el tejido que la rodea) y las gingivitis (inflamación de la encía). En muchas ocasiones, estas son leves y no dan síntomas, apenas ligeras molestias ocasionales en una persona no embarazada.

Sin embargo, en una mujer embarazada, cuando existe una mayor actividad de las células de la inflamación, aunque sea ligera, estas pueden pasar en pequeñas cantidades a la sangre, recorriendo el resto del cuerpo. Una de las sustancias inflamatorias, las prostaglandinas, intervienen en el desencadenamiento del parto. Por ello, un aumento anormal de las prostaglandinas puede tener consecuencias sobre la duración del embarazo.

Cuando todo se complica

Durante estos meses, la inmunidad está reducida por la especial situación hormonal. El objetivo de esta inmunosupresión, llamada “tolerancia inmunológica”, es que el organismo de la madre no expulse al bebé intrauterino, cuyos tejidos tienen material genético que le es, en parte, extraño –el que procede del cromosoma Y, el del padre–.

La mujer embarazada es, por lo tanto, más sensible a las infecciones. Si contrae una, esta puede prolongarse más de lo habitual o ser un poco más intensa, sin que ello suponga que la gestante no sea capaz de defenderse adecuadamente, ya que el cuerpo sabe autorregularse.

Cuando antes del embarazo ya existe una inflamación en las encías, provocada por algún germen, esta puede llegar a producir un estado de infección latente que implica a todo el organismo, y afectar al buen funcionamiento de órganos y sistemas. Por lo tanto, indirectamente podría dañar al bebé.

Por otra parte, si una infección latente llega al útero y pasa al líquido amniótico, el riesgo de parto prematuro aumenta, ya que la reacción natural del organismo para defender al bebé es sacarlo de ese ambiente hostil. La mayoría de investigaciones científicas así lo señalan, aunque algún artículo dice lo contrario. De todos modos, ante la posibilidad de un aumento de tres o más veces el riesgo de parto pretérmino, no hay que dudar y sí aconsejar prevenir y tratar esas pequeñas infecciones que pueden agravarse durante la gestación.

Hábitos en el día a día

Además de realizar una higiene escrupulosa de la boca, la alimentación también juega un papel importante en el mantenimiento de la salud bucodental. Como medida general, conviene evitar azúcares, golosinas, especialmente aquellas que se pegan a los dientes, o cepillarlos inmediatamente después.

Eso sí, no hay que amargarse la vida con la obsesión por no comer alimentos prohibidos.

Los alimentos ricos en fibra, como las frutas y los vegetales crudos, aportan minerales y ayudan a limpiar los dientes, además de aportar otros azúcares naturales menos perjudiciales (fructosa).

En manos del especialista

Para tratar a una mujer embarazada, el dentista puede optar sin problemas por varias técnicas que van a prevenir, mejorar, o solucionar los problemas más típicos: raspados, pulidos, alisados radiculares...

Si tuviera que realizar un empaste, puede utilizar anestesia local, salvo en el caso que la mujer sea alérgica al fármaco. Hay que tener en cuenta que la dosis que se inyecta es muy pequeña, y no llega a la sangre de la madre en una cantidad que pueda dañar al bebé intrauterino. De todos modos, el material que se usa en los empastes no debería tener mercurio ni sustancias tóxicas para el organismo.

En definitiva, ante el mínimo síntoma, hay que consultar al especialista. La opción ideal sería que todas las mujeres se hicieran una revisión de la salud bucal durante el embarazo o, mejor aún, antes de quedarse embarazadas. Si sabes que padeces de alguna enfermedad bucodental crónica, como la enfermedad periodontal, y planeas quedarte embarazada, acude a tu dentista para planificar los tratamientos y seguimientos que necesitas para abordar los meses de embarazo en el mejor estado posible.

En el sillón del dentista

Si estás embarazada, es importante que adoptes algunas precauciones:

  • Advierte al especialista de tu estado para que adapte los cuidados y tratamientos a tu situación particular.
  • Si puedes elegir el momento en el que te tienen que realizar cualquier maniobra odontológica, procura que no sea en el primer trimestre o en el último.
  • No está claro que sea bueno dar flúor a la gestante: actualmente no se recomienda.
  • Evita permanecer espacios de tiempo excesivamente largos echada en el sillón odontológico. Una mujer embarazada puede marearse si está mucho rato tumbada boca arriba, por la compresión de los vasos sanguíneos de detrás del útero. Si te ocurre, colócate de lado, mejor del izquierdo.
  • Durante el embarazo conviene evitar las radiografías dentales, o hacerlas solo si es muy necesario. En este caso, pide que te coloquen un delantal de plomo en el abdomen.

Boca sana: parto a tiempo

Salud bucal y prematuridad

  • Algunos estudios están comenzando a poner de manifiesto la relación existente entre la salud de la boca y la prematuridad. Concretamente, la detección y tratamiento de la enfermedad periodontal contribuye a reducir el índice de partos prematuros.

Una relación desvelada

  • La Escuela de Medicina Dental de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) realizó un estudio con 322 mujeres que padecían enfermedades periodontales y que estaban entre la sexta y la vigésima semana de embarazo. A todas ellas se les realizó un tratamiento para tratar la enfermedad. Una de las conclusiones fue que las que no consiguieron curarse completamente de la infección tenían un riesgo tres veces mayor de dar a luz un bebé prematuro.

Tratar sin miedo

  • El estudio, publicado en el British Journal of Obstetrics and Gynecology, en septiembre de 2010, constató que el tratamiento dental durante el embarazo es suficientemente seguro. Los autores advierten a los obstetras que “deberían derivar a sus pacientes al dentista si detectan que tienen problemas”.

Una limpieza a fondo

El cepillado de los dientes, encías y lengua después de cada comida es obligado. Tampoco hay que olvidar cepillar los espacios entre los dientes con un cepillo interdental, si la retracción de la encía y el hueso ha dejado espacios a los que el cepillo normal no puede llegar. Otra opción es usar un irrigador que elimina los restos con agua a presión. Si se usan enjuagues, que sean sin alcohol.